A Javier Moro (Madrid, 1955) le gusta contar historias reales, le gusta dramatizar las vidas de hombres y mujeres de carne y hueso. Con la de Pedro I, el primer emperador de Brasil y forjador de su independencia, ha entrado por la puerta grande en otra historia, la del Premio Planeta. El martes (19 horas) presentará en la Librería Cervantes de Oviedo 'El imperio eres tú'.
-¿Cómo se lleva eso de ser el superventas de los Reyes Magos?
-¡Yo no soy el más vende, que tengo a Ruiz Zafón! (risas). No me quejo. Yo como autor quiero tener lectores. El objetivo de mis tres años de trabajo en solitario es que por fin lo lea gente y cuanto más mejor.
-¿Impone mucho el Planeta?
-Yo creo que si me hubiera llegado a los 25 años me hubiera impuesto más. Ahora, a mi edad, se agradece, sienta muy bien. A nadie le amarga un dulce de estas características.
-Tres años de trabajo en solitario y de pronto el libro se entrega a los lectores. ¿Cómo cambia su visión del trabajo en ese momento?
-El libro deja de ser tuyo el día que lo entregas al editor. Generalmente es un periodo un poco de depresión, porque has estado viviendo tres años con esos personajes, has estado peleando con ellos mentalmente, bregando con las situaciones... Porque es un proceso mental, pero el agotamiento es mucho más físico. Es como si tienes un hijo y te das cuenta de que ya vuela solo y es independiente.
-Y uno quiere que se vaya de casa, pero también le da pena...
-Sí, echas de menos pensar en esos personajes. Yo todavía hoy de vez en cuando me despierto pensando en ellos.
-Creo que para usted el proceso de creación es muy absorbente. ¿Qué tiene de tortura y qué de placer escribir un libro?
-Es a partes iguales. Tortura es quizá una palabra demasiado fuerte, pero sí hay mucha angustia porque cada día es un reto nuevo. Yo nunca había escrito un personaje masculino tan detallado y tan donjuanesco, una cosa tan histórica y en la que además lo que estaba en juego era tan importante como la independencia de un país y la libertad... Al ser un reto nuevo es como si fuera la primera vez. En realidad, cada vez es como la primera vez y al principio la angustia es enorme. Tienes la duda de si vas a poder con ello, si has elegido el tema bien, si vas a poder lidiar con los personajes...
-Y luego la cosa cambia.
-Sí, luego está la gran satisfacción de ver que te va saliendo y tanto es así que al final da pena que se acabe. Igual que la angustia al principio es inenarrable, el placer también es grande, es el placer creativo de hacer algo que funciona, que sale bien, que es entretenido, que es interesante, que los personajes evolucionan bien, que la dramatización está conseguida...
-¿Y qué tiene de adicción esto de escribir?
-Yo no diría que es adictivo. Es que un libro así no te sale si no te obsesionas. Es un tema común a todos los novelistas, una novela te exige mucho porque no te da tregua. Vuelves a casa después de un día agotador y sigues pensando en la escena del día anterior, sigues soñando con los personajes, tienes que tomar un montón de decisiones... La escritura es un proceso de obsesión.
-¿Por qué siempre tiene como inspiración la realidad y no recurre a la ficción?
-Porque uno escribe un poco para el lector que es. Yo como lector necesito creerme mis historias, por eso leo mucha no ficción. Y me gustan las novelas, pero hay muchas que no me las creo, que pueden ser un juego más o menos hábil, pero que no me llenan. A mí me gustaría leer este tipo de historias y saber que son verdad o que al menos están muy cerca de la verdad.
-No sé si en ese posicionamiento también tiene que ver la figura de su tío, Dominique Lapierre, y el hecho de haber conocido tantísimas culturas en su vida.
-Dominique me ha influenciado, sin duda, pero hacemos cosas distintas. Yo hago algo más literario que periodístico, novelo más que él... Eso fue lo que me reprocharon con 'El sari rojo', aunque yo creo que uno derecho a novelar si está basado en documentación. Este tipo de libros son una manera de aprender cosas, de entrar en ese mundo por dentro. Creo, al menos eso me dicen los lectores, que con 'El imperio eres tú' se aprenden cosas, como que Portugal es un gran país. Eso me lo escribió una señora ayer, me decía que no sabía que Portugal tenía una historia tan enorme, tan fantástica.
-Se ha referido 'El sari rojo', el libro anterior a éste, que le ocasionó algunos problemillas...
-Tuvo problemas grandes en la India... Bueno, en realidad no pasó nada, pero hubo mucho follón, organizaron manifestaciones en en Bombay y Delhi, quemaron mi foto, hicieron monigotes de paja...
-Vaya, que después de novelar la vida de la saga Nehru-Gandhi necesitaba cambiar de mundo.
-Sí, yo no me quería tampoco encasillar en el escritor de la India, porque me interesan otras muchas culturas y otros muchos países. Quería un cambio, creo que es bueno. Ya le decía antes: cada libro es un reto nuevo... Igual haga algo actual ahora en España.
-¿Sí? ¿En qué está pensando?
-No tengo nada en concreto.
-Volvemos con los viajes. Ha escrito mucho sobre la India, pero también sobre otras naciones. ¿Hay países más literarios que otros?
-No... No sé. Eso depende del escritor. Hombre, para mí la India es el súmmum de la inspiración y también lo ha sido Brasil en dos libros. Para Dostoievski era Rusia y a mí en cambio no me inspira nada... No sé, hay una cosa muy misteriosa en el proceso creativo y es precisamente de dónde sacas las fuentes de inspiración. A veces pienso que las historias me eligen a mí, lo cual es un tópico, pero puede ser cierto. Por ejemplo, en 'El imperio eres tú' vinieron dos viejos y muy buenos amigos a decirme «esta historia la tienes que escribir porque no está escrita como tú la podrías escribir, como una gran epopeya humana...». Me insistieron tanto que al final del proceso de documentación entendí lo que me querían decir, porque había carnaza, personajes muy buenos, en un momento de la historia clave...
-¿Cuántas historias se quedan en nada?
-Muchas... Es que hay mucho por contar. La historia es tan rica y sabemos tan poco. Es una lección para el presente.
-Seguro que tiene algo en la cabeza y no lo quiere decir.
-No tengo nada concreto, ahora estoy metido en la promoción y tan de lleno que ni siquiera puedo pensar. Para eso necesitas estar más reposado.
-¿Y hay algún país que le apetezca?
-Me apetece hacer algo sobre España. A ver si encuentro la historia.