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Medio siglo de historia en pantalla grande

Cultura

Medio siglo de historia en pantalla grande

15.01.12 - 02:37 -
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Era domingo y era julio. Un julio de plena dictadura. Corría el año 1963 cuando el subdirector de Cine y Teatro de aquel entonces, Florentino Soria, inauguraba oficialmente, en una Universidad Laboral aún por reformar, el Festival Internacional de Cine de Gijón. Pero entonces no se llamaba así. Lo que veía la luz, tras meses de desvelos de su creador, el dibujante Isaac del Rivero, fue el Certamen de Cine y Televisión para Niños.
Dos millones de presupuesto, pero de las desaparecidas pesetas. Es decir, lo que hoy son 12.000 euros, aportados por la Dirección General de Cinematografía y Teatro y por el Ayuntamiento de Gijón. Con esos recursos, todo el peso de la censura sobre sus espaldas y la encomiable ayuda de Eduardo Ruiz Butrón, de la revista 'Cine en siete días', emprendía andadura Del Rivero aquel 21 de julio de 1963. Hoy lo recuerda como un sueño hecho realidad «con muchisísimo esfuerzo y sin dinero». No olvida que eran tiempos de una España convulsa en la que viajar de un lado para otro buscando películas no era tan sencillo como ahora.
Y pese a las dificultades, pese «a tener pegado a los talones a un cura o un militar», según el antojo de quien enviara a su emisario censor desde el Ministerio de Cultura, logró Del Rivero contar con la participación de Alemania, Bulgaria, Canadá, Checoslovaquia, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Hungría, Inglaterra, Italia, Japón, México, Países Bajos, Rumanía y Suiza. Entre todos esos países dibujaron un primer concurso con 14 largometrajes y otros tantos cortos. También se exhibirían aquel primer año 13 títulos más fuera de competición.
Para la causa el creador y alma mater de aquel incipiente certamen, que se debatía entre el cine y la televisión (lo hizo hasta 1969), había invadido su propia oficina de la calle del Marqués de San Esteban. En la segunda edición, ya no hizo falta poner local propio. Se le permitió ocupar una parte del, «entonces casi en ruinas», Antiguo Instituto Jovellanos. «Estaba lleno de goteras. Tantas que no pudimos resistir más que una edición». En 1965, a punto de cumplir la tercera convocatoria se les hizo un hueco junto al Ateneo Jovellanos, en el viejo edificio de la Cátedra de Extensión Universitaria.
En aquellos primeros años, el festival ni siquiera rozaba la grandeza del Teatro Jovellanos. Los pases tenían lugar en Universidad Laboral y el desaparecido cine María Cristina, de la calle Corrida. Pero ya entonces se había creado un programa de debates paralelos, que para muchos fueron la principal aportación del certamen. Comenzaron ya en 1964 y se dieron en llamar Conversaciones Internacionales de Cine Infantil. En ellas se trataron todo tipo de temas. Siempre relacionados con el mundo de los niños, con los problemas de la infancia y la capacidad del cine de ser espejo, ejemplo y fuerza motora de los adultos del mañana.
También en aquella tercera edición, que saltaba del verano de julio al otoño de septiembre, se estrenaba el jurado infantil. Un total de 25 niños, cuyo cometido era buscar al mejor candidato para el Premio Platero de Plata. En 1968 el número de jurados se acrecentaría hasta llegar a 74. Otra novedad de entonces es que las sesiones nocturnas, que las había, se descuelgan del programa. Del Rivero considera que no son propias para un certamen dedicado a la infancia.
A partir de ahí transcurren los años, con invitados españoles de renombre, como Marisol o Rocío Durcal, Gloria Fuertes, sin demasiados cambios. Cuentan que Isaac del Rivero, al término de cada edición decía que se iba. Hoy él lo desmiente. Asegura que vivió esa etapa de su vida, que culminó en 1981, como una gran aventura de la que tiene grandes recuerdos.
Eso sí una gran aventura que no acabó para él de la mejor manera. En 1980 desde el Ayuntamiento de Gijón tratan de convencerle de que deje parte de las riendas. «Quieren crear una dirección colegiada. Dicen que es mucho trabajo para una sola persona». Tanto insisten y tantas veces Del Rivero dice no, que el diálogo se rompe y en 1981, dirige su último festival. Un festival, por cierto, que había vuelto al verano. Lo hizo en 1972.
Sin el creador del festival en la cabecera, el que para entonces era ya Certamen Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud, que se conocía como Cerinterfilm, se queda en manos de una dirección conjunta integrada por Victoria Fernández, Ángel Alonso y Eusebio Tuya. Solo dura dos convocatorias. En 1984, se contrata a Aladino Cordero, que estará en el cargo hasta 1987, un corto periodo de tiempo en el que no hubo demasiadas variantes respecto a la primera etapa. Eso sí, la cita ahora se llama Festival Internacional de Cine para la Juventud. Ya no hay niños en la cabecera, Aladino dice «que han crecido todos». Con él vienen a Gijón Sancho Gracia, Lola Forner y María Kosti, Oscar Ladoire o el cantante Caco Senante y también bajo su mandato se rinde homenaje a Christopher Lee, el Drácula por antonomasia.
También la sede ya no son locales en precario. De hecho, los últimos de los 19 años de Del Rivero, ya transcurrieron en las oficinas del pasadizo de Begoña. Hasta la fecha la sede más duradera. De ahí el festival se trasladó a un piso en Álvarez Garaya y, finalmente, a la actual Casa de la Palmera.
En las últimas tres estuvo como director José Luis Cienfuegos, que lo fue desde 1995 hasta el miércoles. Pero antes de que su personalidad impregnara el festival y le dotara de nuevas marcas, Aladino Cordero dio paso a Juan José Plans, que ocupó la cúpula de la semana de cine desde 1988 hasta 1994.
Con Plans el Festival se hace mayor. Ya es el Festival Internacional de Cine de Gijón, que dependía de la Sociedad Mixta de Turismo y Festejos de Gijón, S.A., hoy desaparecida, motivo por el que la tutela del certamen pasa al Teatro Jovellanos. Es así desde su renovación en 1996.
Pero volvamos de nuevo a 1988. En la inauguración la última película de Ridley Scott, 'La sombra del testigo' anunciaba los primeros cambios, que donde más se notaron fue en la alfombra roja. Jack Palance, Jacqueline Bisset, Daniel J. Travanti, Tony Franciosa, Pedro Almodóvar, además de un nutrido grupo de viejas glorias repartido por los diferentes jurados, definen una etapa que si bien fue de esplendor por las estrellas no consiguió llevar a las salas de cine más de diez mil espectadores a lo largo de toda la semana. Cabe recordar que en la última edición, la de 2011, se alcanzaron los 75.000.
Cuenta Plans, que «eran exigencias del guión. En el Ayuntamiento se nos pedía celebridades y daba igual que yo me volviera loco explicándoles que el cine estaba en la pantalla y no en la fama de los invitados», recuerda, poco después de reconocer que Cienfuegos, por fin, consiguió hacer llegar ese mensaje, igual que «logró lo que yo tantos años llevaba pidiendo, que el Festival volviera a celebrarse en otoño».
El escritor, colaborador de EL COMERCIO y, en los primeros años de historia del certamen, redactor de sus aconteceres precisamente en estas páginas, ayer se dolía de la marcha del que ha sido director desde 1995 hasta hace dos días, asegurando «que ha hecho una estupenda labor». Pero también se alegraba Plans de que, «una vez dejado las riendas quien debía seguir con ellas, el sucesor sea Carballo, un hombre de cine con el que he trabajado en más de una ocasión». Y dicho lo cual recordó que «si a José Luis le avisaron cinco minutos antes de presentar a su sucesor, a mí, en 1994 me lo dijeron dos horas después de anunciar al nuevo director».
Buenos recuerdos
No fue una marcha gratificante. Pero sí lo son los recuerdos que quedan, como haber creado unos cursos de cine que tuvieron gran éxito o haber compartido con el malo de los malos del cine (Palance) mesa y mantel o haber tenido cerca los ojos de Bisset, «a la que siempre he admirado». Y entre lo mejor de ese tiempo un logro. «Gracias a que yo me negué no se fusionaron la Semana Negra y el Festival de Cine. Ahora bien, tras esa negación todo se acabó, pues la defendió meses antes de dejar la dirección. Él cree que también pesó el hecho de que no dejara que los políticos acapararan la atención. Nunca permití que se subieran al escenario», recuerda.
En 1995 llega por fin el cuarto director del certamen, ya clarísimamente Festival Internacional de Cine de Gijón. A diferencia de los anteriores, Cienfuegos, quien en 1991 había entrado en el equipo de Plans, para participar en la elaboración del periódico, trabaja sin presiones. Presenta un proyecto para que Gijón tenga su propio sello a nivel nacional. Nadie le exige alfombras rojas y deja claro desde el primer momento que lo único que le preocupa es el contenido del certamen y la calidad de las proyecciones.
Sus orígenes como festival para la infancia y la juventud mantienen un interés especial en este sector del público y de ahí nace el ciclo que desde hace años patrocina EL COMERCIO, Enfants Terribles. También se mantiene un jurado juvenil como única conexión con los viejos tiempos.
En los 16 años que Cienfuegos se mantuvo en el cargo el número de espectadores fue creciendo hasta lograr un número (75.000) que sólo superan San Sebastián y Sitges. Ni siquiera Valladolid con toda su parafernalia y su larga historia se acerca (55.000) aunque triplica el presupuesto. No digamos ya el festival vasco que lo multiplica más de siete veces.
Pero que iba a haber un cambio se notó el primer día de esos 16 años, con la película ' The brothers McMullen', de Edward Burns, que acababa de lanzar al mundo el Festival de Robert Redford, Sundance, con su máximo premio, y en Gijón se convertía en la película inaugural, la primera de las 150 programadas aquel año. Esa primera cita lo dijo todo. Gijón estaba llamada a ser el espejo español del festival de cine independiente más prestigioso del mundo y así fue. En poco tiempo se llevó los sobrenombres del Sundance español, o el Festival indi español. En los últimos años dio un paso más, adquiriendo un sello aún más propio con la nueva denominación, FICXixón.
En el balance también hay nombres propios. No solo grandes películas imposibles de ver en otras pantallas. Títulos que la ciudad esperaba como agua de mayo cada otoño y que acudía a ver para sentirse parte del festival. Y entre esos nombres propios no hay estrellas de Hollywood, pero sí del cine. Han pasado por el Festival en esta última etapa Abbas Kiarostami, Aki Kaurismäki, Todd Haynes, Pedro Costa, Paul Schrader, Joao Cesar Monteiro, Seijun Suzuki, Jem Cohen, Kenneth Anger, Ulrich Seidl, Hal Hartley, Lukas Moodysson, Tsai Ming-liang, Claire Denis , Todd Solondz, John Cale, Maria Schneider, Monte Hellman o Paprika Steen, Julio Medem, Fele Martínez, por decir unos pocos.
EL FICX ha sido también, además de un cúmulo de títulos de cine, un lugar de encuentro al que ahora sí acudían los directores para defender sus películas. Algo impensable en las etapas anteriores, donde había que conformarse con alguno de los actores de algunas de las películas o con sus productores y distribuidores. Y con ellos en el Festival se ha hablado de cine, pero también del mundo. Conociendo de primera mano otras realidades lejanas. La música ha sido otro aliado, con conciertos diarios, además de fiestas con música en directo. Siempre multitudinarias.
Quienes han formado su historia desean, todos, que en el futuro se siga pensando en el cine, en las realidades que se nos escapan y en los gustos de las 75.000 personas que acudieron a la última edición y aplaudieron y criticaron, pero participaron.
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Medio siglo de historia en pantalla grande

El director iraní Kiarostami, en el certamen de 2002 con motivo de 40 aniversario. :: SEVILLA

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El austriaco Michael Glawogger acudió el pasado año al Festival y también presentó película en 2006. :: ÁLEX PIÑA

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La actriz Maria Schneider y el cantante John Cale, miembros de jurado de la 38 edición. :: EFE

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Acto inaugural de la edición de 1978, con Isaac del Rivero a la izquierda. :: E. C.

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Tony Franciosa conversa con Arturo Fernández, ante la mirada de Juan José Plans. :: EFE

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Jacqueline Bisset firma autógrafos. Fue la estrella invitada en 1991. :: E. C.

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Martín Landau y Jack Palance, en 1988. :: E. C.



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