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«Hay que vestir como se pueda, sepa y quiera»

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«Hay que vestir como se pueda, sepa y quiera»

16.01.12 - 02:39 -
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Dice que el polvo del camino de Loewe aún empapa sus sotanas, pese a que ya solo es presidente honorífico de una compañía que es sinónimo de calidad y lujo y que forma parte del grupo Louis Vuitton. Pero sigue muy activo. Al frente de la Fundación Loewe, que ayuda a artistas, diseñadores y poetas a echar a andar. Hoy estará en Oviedo. A las 19.30 horas participa en el cuarto encuentro de 'La Cultura en el siglo XXI', organizado por Gona y Cajastur en Oviedo. Junto a él, Purificación García y Miguel Ángel Recio.
-Lujo: «Demasía en el adorno, en la pompa y en el regalo. Abundancia de cosas no necesarias». ¿Le encaja la definición de la RAE?
-Es una desgracia que la Real Academia en este concepto tenga una visión tan pequeñita y limitada. El lujo a lo largo de la historia ha sido una vocación de búsqueda de la perfección, de la calidad, del diseño en todas las manifestaciones artesanales y no artesanales con las que se ha relacionado.
-¿Qué es para usted?
-El refinamiento, el conocimiento, la cultura, el saber cómo las cosas están hechas, de dónde vienen, intentar cambiar un sistema de valores que hoy tenemos que está más anclado en el pasado que esa definición tan desafortunada de la Academia.
-En su definición no caben, pues, coletillas para lujo como «asiático» u «hortera».
-No, no hay nada más lejos del refinamiento que la horterada de turno. El lujo está más cerca de las raíces de la historia, en el ansia por embellecer y dignificar los objetos de la vida cotidiana, el concepto de la calidad y el respeto a las personas. Yo tengo un concepto del lujo que supone un esquema de valores y una visión de las cosas bastante alejada del lujo asiático. Eso seguirá existiendo y seguirán cubriendo bañeras y grifos de oro, pero aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Mucho oro no hace el lujo, hace oro.
-Sin embargo, estos de los que hablamos son los que sostienen hoy el día el mercado del lujo.
-Hoy en día en la economía globalizada todo sostiene todo. Todos somos una parte de la sociedad que hemos hecho. Pero deberíamos ser más comedidos a la hora de hablar del refinamiento, porque el lujo no es la demasía, sino la aspiración a la perfección.
-¿Tiene precio?
-El precio que uno se ponga a sí mismo para ser alguien culto, capaz de elegir, capaz de apreciar el esfuerzo que se hace en un diseño, en una obra artesanal bien hecha. El precio es nuestra propia personalidad y no nuestro atontamiento y amodorramiento en justificar que todo lo que tiene un coste alto vale. Las cosas tienen un valor y ese valor significa esfuerzo y también precio, pero, ya le digo, se habla mucho de un nuevo lujo, de una búsqueda de otros paradigmas, de otros esquemas de valores, de la influencia que puede tener la ecología en nuestras vidas... Estamos buscando el lujo en otras cosas, como el tiempo y la forma de administrarlo, en ser conscientes del 'carpe diem' y de la velocidad a la que pasan las cosas. Repito, los grifos de las bañeras de oro no dejan de ser un atajo bastante vulgar y nada lujoso.
-¿Qué me dice de la elegancia?
-Las personas realmente elegantes probablemente empiezan a serlo por dentro. Son una especie de capas de cebolla. Al final, lo que aparece por fuera da una buena impresión, pero procede de una buena educación, de un deseo de expresar aspectos íntimos sobre su eventual buen gusto. No es una cuestión de lo que te pones encima, sino de cómo llevas lo que te pones encima. La verdadera elegancia no está en las cosas, está en nosotros.
-Entonces, ¿qué sentido tiene el mercado del lujo del que Loewe forma parte?
-Nosotros somos unos artesanos que llevamos 165 años intentando hacer las cosas bien. Esa es nuestra bandera, la fidelidad a una historia. Yo me he sentido siempre mal representado por el concepto empresa del lujo. Somos una empresa española artesanal que es capaz de hacer belleza a través de un enorme esfuerzo relacionado con la calidad y el diseño y si eso ahora se llama lujo, bienvenido sea.
-¿Reniega de ese concepto?
-No. Lo que digo es que ese concepto no tiene grifos de oro ni lujos innecesarios, tiene amor al trabajo, esfuerzo por la búsqueda de la belleza, por que la calidad no sea efímera y pasajera sino que tenga cierta perdurabilidad. Y el hecho de que pertenezcamos a ese club de gente selecta que piensa así nos pone la etiqueta de lujo.
-Por cierto, siempre se dicen que aquí no hay crisis que valga. ¿Confirma?
-La crisis se vive de distinta manera en muchos lugares del mundo. Mientras nosotros estamos decreciendo, hay otros que están creciendo y como Loewe ya es una pequeñita multinacional, pues se distribuyen los menos y los mases, pero sí que se nota la crisis.
-¿Alguna receta?
-Paciencia.
-Y si estamos guapos mejor que si estamos feos...
-También. Pero lo de estar guapos una parte es regalada por la naturaleza, de modo que lo importante es estar guapos por dentro.
-Ya que hablamos de estar guapos. ¿Cambiaría usted el estilismo del nuevo Gobierno?
-No he tenido tiempo de fijarme cuál es.
-¿No le echado un vistazo a Soraya?
-Sí, pero la pobrecita viene de actividades propias de ser madre y hay que darle un poco de tiempo para que se centre. No, todavía no tengo un punto de vista sobre el estilismo del nuevo Gobierno, pero tampoco estaba emocionado con el del anterior.
-Pero si le pusieran a Rajoy delante, ¿qué le diría?
-Pues que siga siendo él.
-Pero, así, en términos generales, ¿cómo hay que ir vestido para gobernar?
-Hay que vestir como uno pueda, sepa y quiera.
-Volvamos al diccionario. Bolso: «Bolsa de mano generalmente pequeña (...) usada especialmente por las mujeres (...)». ¿Qué más es un bolso?
-Pienso que un bolso representa cosas mucho más profundas e interesantes de lo que es la intimidad y el mundo de una mujer, y de un hombre también. Nosotros hicimos una exposición, al 160 aniversario de Loewe, cuyo tema era el interior del bolso de una mujer y convocamos a 30 artistas jóvenes para que describieran esas sensaciones, ese arcano, esa caverna de Platón. Es algo misterioso lleno de formas de vida peculariares. Es mucho más. Es un trozo de la vida de una mujer.
-Y es también objeto de copia e imitación constante. ¿Qué sensación le provoca ir por la calle y ver un bolso de Loewe que no es de Loewe?
-Hay mezcla de dos sensaciones. Una es un criterio resignado: si te copian será por algo. No se copia lo que no vale, lo que no tiene interés. Esa es la consoladora. La otra es una sensación de pena e impotencia porque es enormemente fácil copiar y muy difícil crear. Así son las cosas, hay que vivir con ello. Es una grave factura que se paga en las ventas.
-¿La copia da vida al original?
-Es posible que de alguna manera sea así, pero es que es tan bonito una cosa bien hecha... Nosotros hacemos arte para la vida cotidiana.
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Enrique Loewe, durante una reciente visita a Oviedo. :: JESÚS DÍAZ



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