Vuelve a exponer su obra Cuco Suárez después de dos años dedicado en exclusiva a su Fundación Arte Ladines. Vuelve con un sinfín de ideas y reflexiones, con diferentes formatos, soportes y disciplinas de las que servirse para hablar del mundo que habita. Está muy anclado en el hoy el 'Proyecto Hamlet' que ayer levantó el telón en la sala 1 del Centro de Cultura Antiguo Instituto para quedarse hasta el 21 de febrero. Y lo está porque busca encontrar la mirada cómplice del espectador para denunciar el consumismo, la extorsión de los bancos, la crisis, la paranoia por la seguridad instaurada tras el 11-S... Para hablar del drama. De la tragedia. De ahí tan shakespeariano título.
En la sala hay videoinstalación, hay escultura, hay pintura... Por haber hay hasta un arco de seguridad convertido en una de las piezas estrella y que viajará a la Bienal de La Habana. Ese arco es pura denuncia. Al espectador que lo atraviesa le advierte: «Sabemos quién es, le tenemos controlado». Cuco Suárez advierte así que vivimos en un mundo en el que todos somos 'Sospechosos', como se titula su instalación. No es esa la única pieza que apunta a un mundo de miedos, de control extremo. También se cuelga de la pared un brazo acusador que, al paso del visitante, igualmente le increpa.
Suárez tiene muchos más discursos en su nueva exposición. Tres pantallas proyectan su imagen: en una bebe de un botijo sin cesar; en otra, come espaguetis; en la última, orina. Es una metáfora del consumismo. Muy cerca, un Manneken pis, una rana y un botijo se convierten en una crítica a la Iglesia católica y a ese espíritu de perdón que, a su juicio, le da a los ciudadanos «derecho a putear».
Más de una veintena de bustos realizados en diferentes materiales se exponen en la sala. Hay de hielo, de barro, de cemento, de poliespán, de cera... Y con ellos se anuncia de nuevo el drama. Esos bustos irán cayendo al suelo a medida que avance la muestra. En el suelo se quedarán hasta el final.
A todo lo dicho se unen tres esculturas en silicona que retratan al artista Miguel Galano. Éstas se ubican en el arranque del recorrido expositivo, nada más acceder a la sala. Oír, ver y callar son las palabras que acompañan cada uno de ellos. Un terciopelo negro sirve para tapar oídos, ojos y boca. La denuncia que Cuco Suárez quiere transmitir es más que evidente.
Explicaba ayer el polifacético artista que su objetivo con esta exposición es dar un paso al frente y gritar alto y claro que el arte no puede adocenarse ni acomodarse, que tiene una misión que cumplir. Todo empezó en un viaje de regreso de Arco, la feria de arte contemporáneo de Madrid. Pensó entonces que de la misma manera que ya no hay punkis ni músicos que dejen griten su mensaje y su crítica, en el mundo del arte la situación es idéntica. Y se puso manos a la obra: «Yo soy un catalizador de todo lo que veo», confiesa.