Emilio Ontiveros (Ciudad Real, 1948) es catedrático de Economía de la Empresa de la Universidad Complutense y presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI). Agudo analista y observador de la realidad económica, asegura que la situación actual con España al borde de la recesión requiere grandes dosis de realismo y adaptar las exigencias y objetivos de reducción de déficit al nuevo entorno macroeconómico, con flexibilización de los plazos. Y afirma que sin crecimiento y políticas de estímulo de la economía no sólo no se reducirá el déficit sino que se situará a la economía española al borde del abismo y no se creará empleo.
-El Gobierno parece que ya admite que será difícil cumplir con un déficit del 4,4% para 2012. ¿Hay que flexibilizar los plazos?
-Es altísimamente probable que no se pueda cumplir con el déficit porque una economía en recesión y con una alta tasa de paro no puede reducir el déficit público a la mitad. Es razonable que España y todos los países de la Eurozona traten de lograr del resto de sus socios una flexibilidad para que el saneamiento financiero se distribuya temporalmente. El objetivo del Gobierno llevaría no solo a no crecer sino a incumplir a medio plazo el saneamiento de las finanzas públicas.
-¿Aceptará Alemania y la canciller Merkel que se amplíen los plazos para el saneamiento?
-El Gobierno alemán es consciente de que el 70% de su electorado es contrario a ayudar a las economías periféricas. Pero es verdad que propósitos incumplibles pueden deteriorar la credibilidad no sólo del gobierno que los incumple sino también la de las instituciones europeas o gobiernos que los imponen. España no es Grecia y no ha incumplido más veces que Alemania sus compromisos comunitarios y está asumiendo a pies juntillas las sugerencias de Merkel y de las instituciones comunitarias como la reforma de la Constitución para incorporar un límite al déficit. Lo que el FMI ha criticado es que con una economía en recesión no se pueden sanear las finanzas públicas, aún cuando las consecuencias de ese concentradísimo ajuste fiscal fueran una recesión todavía mayor.
-¿Coincide plenamente con los planteamientos del FMI?
-Sin duda. La directora gerente, Christine Lagarde, subrayó algo que veníamos diciendo desde hace mucho tiempo: sin crecimiento económico no se pueden pagar las deudas. Cuando una economía no crece uno puede pagar sus deudas vendiendo los muebles o las joyas de la abuela, pero si las deudas son elevadas no queda más remedio que crecer. Además, en el caso de España no me preocupa tanto el término rescate o intervención como la deuda privada, que es la que está condicionando el saneamiento de las finanzas públicas. Y si la economía no crece, corremos el riesgo de que la deuda privada se transforme en deuda pública. Por tanto, la precondición para ser virtuosos fiscalmente es crecer.
-¿Y para crecer qué se debe hacer?
-Internamente poco porque el margen de maniobra de las autoridades españolas es limitado. Quizás no ponerle freno a los motores de la nave como cuando el avión está en la maniobra de despegue -que necesita la potencia de todas las turbinas-, es decir, no elevar los impuestos directos cuando el proceso de recuperación no está garantizado. Europa debería procurar que aquellas economías que no están en el ojo de los mercados de bonos (Alemania, Finlandia, Austria, u Holanda) no restrinjan tanto sus gastos públicos como lo tienen presupuestado.
-Pero el Gobierno insiste en los ajustes y el presidente Rajoy ha dicho que los planes de recorte serán similares a los de Portugal.
-Que vea la experiencia de Portugal... Mire, hay que ser muy pragmáticos y guiarse por el principio de observación de los resultados. Es bueno que las autoridades españolas convenzan al resto de que van a sanear las finanzas públicas, algo que por otro lado se viene haciendo desde mayo de 2010. Pero la credibilidad de los propósitos de saneamiento depende fundamentalmente de que sea factible cumplirlos. Yo puedo decir que puedo sobrevolar Madrid como si fuera Batman, pero nadie me creería. El equilibrio entre objetivos creíbles, plazos y crecimiento es lo que reclama el FMI y lo que indica el sentido común.
-¿Sin crecimiento puede España reducir los elevados niveles de desempleo, que ya superan los cinco millones de personas?
-Es una cifra intimidatoria. Pero más allá de las consecuencias humanas y sociales que conlleva el desempleo, me preocupa especialmente que una parte cada vez mayor es paro estructural o de larga duración y eso supone una erosión del potencial de crecimiento a medio plazo de la economía. Me preocupa desde el punto de vista económico que el 40% de los jóvenes esté parado y eso es pérdida de habilidades y de potencial de crecimiento. Y con ese volumen de paro tan elevado no hay consumo y sin consumo la economía no crece, no se renueva ni se moderniza.
-Estamos a las puertas de otra reforma laboral, pero parece que incluso si es acertada tampoco logrará resultados a corto plazo.
-Claro... Es importante mantener la tensión reformista de la economía y no acordarse solo de Santa Bárbara cuando truena. Lo ideal hubiera sido que la reforma laboral se hubiera hecho hace tiempo, de manera continua y no bruscamente. Una cuestión importante es que el día después de la reforma el empleo no va a aumentar de forma significativa. Sí considero importante avanzar en la reforma de la flexibilidad en la negociación colectiva y que el método de trabajo debe ser la concertación, que en la historia de nuestro país ha sido muy rentable. Pero dicho esto, los efectos positivos de la reforma laboral se pondrán de manifiesto cuando la demanda de la economía sea suficiente para empezar a contratar.
-¿Cree que el Gobierno aprobará la reforma por decreto tras el reciente acuerdo salarial?
-Debería aprovechar ese clima de concertación y esperar unos días o semanas para que la reforma sea por acuerdo.
-¿Entiende la bicefalia económica que existe en el Gobierno?
-Me parece de complicada gestión e independientemente de la valía o el entendimiento entre los dos ministros parece complejo e incluso arriesgado que sea el propio presidente del Gobierno quien actúe de vicepresidente económico cuando se requiere una atención diaria de la situación.
-El Gobierno ultima la reforma del sistema financiero. ¿Cómo cree debería afrontarse?
-Habría que seleccionar a los operadores bancarios con mayor nivel de recursos propios para que se fusionen con aquellos que tienen más necesidades de capitalizarse. Eso, en mi opinión, debería hacerse con un criterio alejado de influencias políticas.
-¿Cómo ve al grupo de Cajastur?
-Ahora mismo no tiene necesidad de integrarse con otros operadores, más allá de que pudiera venirle bien ganar tamaño absorbiendo alguna otra entidad o adquiriendo activos. Lo que sí está claro es que Cajastur no necesita ser absorbida por nadie y sí es una candidata a seguir liderando procesos de integración con una hegemonía asturiana.
-¿Y se podrá acometer la reforma del sistema sin ayudas públicas?
-El problema de las ayudas no es tanto el anticipo como el cobro. EE UU dio muchas ayudas a bancos y aseguradoras y lo importante es llevar bien las cuentas y cobrar rápido lo que el contribuyente anticipa. Lo importante es que quienes reciban las ayudas tengan un comportamiento riguroso y que se cobren, a poder ser con intereses.
-¿Se imagina a algún político en la cárcel por gestionar mal?
-Yo soy más partidario de la pedagogía democrática que de la represión y son los ciudadanos a través de los parlamentos los que deben pedir explicaciones a los gestores.
-¿Cree que alguna autonomía puede llegar a ser rescatada?
-El Estado tiene que asumir en última instancia sus obligaciones como ocurrió en EE UU con California, que está peor que cualquier autonomía española. Si el Gobierno central tiene que ayudar transitoriamente a alguna comunidad autónoma no hay que rasgarse las vestiduras, a cambio, eso sí, de mayor rigor y disciplina.