Los vecinos del concejo de Peñamellera Alta no terminan de dar su apoyo absoluto a la ampliación del Parque Nacional de los Picos de Europa, lo que supondría su inclusión definitiva tras varios años de lucha por parte del Ayuntamiento. Una lucha que comenzaba en 2008, cuando el Consistorio local aceptaba, por unanimidad, solicitar su entrada en este espacio. La zona que el Valle Alto, de salir adelante finalmente el proceso, aportaría al Parque sería de 1.844 hectáreas, correspondientes casi en su totalidad a varios Montes de Utilidad Pública, aunque también eran numerosos los particulares que daban su conformidad a que terrenos de su propiedad pasen a estar dentro del régimen de protección. Pero la realidad en las calles del concejo es otra bien distinta. No parece que la unión y la conformidad una a los vecinos en un viaje hacia la protección de esta marca internacional.
Trescares, Mier y Oceño son los tres pueblos que podrían cerrar este año dentro del Parque Nacional. Allí los vecinos dudan a la hora de replantearse cuanto habrá de positivo en este cambio. La presencia del lobo por los montes colindantes hace ponerse en lo peor a los ganaderos que quedan en activo. Este es el caso de Ángel Torre y Begoña Cuétara. Ambos poseen una ganadería de 40 vacas en Mier y cuentan a diario los meses que pasarán hasta que se vean obligados a vender los animales y cerrar su propiedad. «Para los ganaderos no va a ser tan positivo como lo pintan este cambio, ni mucho menos», adelantaron, «lo que van a conseguir es acabar con los pocos que somos ya dedicados al oficio en estos pueblos».
Y es que esta pareja asegura que «nosotros tenemos el ganado para vivir, no para que nos lo maten los lobos en cualquier descuido». Aseguran que las indemnizaciones ya no llegan ahora, «mucho menos lo van a hacer cuando este área sea protegida». De la misma opinión es Ramón Sánchez, otro ganadero de Mier. Él se posiciona claramente en contra de que se lleva a cabo la ampliación, «a mi no me gustan las pautas por las que se rige el Parque de Picos», asegura. El eterno dilema con los lobos vuelve a ser una razón de peso para Ramón. «Yo no digo que no haya alguno, pero deberían reducirse en número si no queremos que nos terminen con el ganado», opina. Este peñamellerano asistió a una reunión vecinal en la que sintió que no se escuchaba a todas las voces «a los que planteábamos dudas y cuestiones no nos daban la palabra, solo se escuchaba a los que estaban de acuerdo con las condiciones iniciales».
La alcaldesa del concejo, Rosa Domínguez, declaraba hace unos días, tras hacerse público el proceso de exposición pública del expediente que, entre otras ganancias «el sector ganadero se verá beneficiado de una serie de ayudas de las que ahora mismo carece». Tales subvenciones no son tampoco altamente valoradas por el sector. Varios ganaderos de la zona, como Sindo Cuétara, piensan que esa inyección extra de dinero no va a merecer la pena «lo único que hacen con estos anuncios es conseguir que mordamos el anzuelo. Una vez dentro del Parque a saber si llegan esas ayudas».
Aunque son los que menos, también hay vecinos que ven con esperanza la situación venidera. «No perdemos nada por ver cómo funcionan las cosas dentro de los Picos de Europa, ya sabemos que estando fuera de la protección lo que hacemos es perder dinero y ganado», comenta Alfredo Barrero, un ganadero jubilado de Oceño.
La visión turística
Por otro lado, también hay quien ve la entrada en el Parque Nacional por el lado turístico y la percepción cambia. Aunque el número de visitantes ya es bastante elevado, y los vecinos no creen que vaya a aumentar demasiado, si consideran que esta marca dará otra categoría al concejo y sus productos. Este es el caso de Mari Carmen Pérez, de la quesería La Cueva de Llonín que confía en que «ese paso servirá para relanzar nuestros productos». Desde el bar de Alles también se manifiesta Mari Carmen Bada, que fríamente opina que «habrá que esperar para saber cuales son los beneficios de este cambio».
Ante todas estas opiniones, el proceso de inclusión sigue adelante. Para bien o para mal, los vecinos podrán comprobar antes de que termine el año si este paso hacia la protección que otorga el hecho de vivir dentro de un Parque ha sido buena elección.