Hartos de que, cada lunes, las paredes del colegio público de La Fresneda aparecieran llenas de pintadas, las papeleras rotas y de ver un sinfín de estropicios en los exteriores, los padres y profesores del centro decidieron buscar un remedio. Y la solución ha pasado por un 'graffito'. Eso sí, profesional.
De ver pintadas feas y desordenadas, en el muro de protección de la cancha cubierta, ahora los niños han pasado a disfrutar de toda una obra de arte, un llamativo alfabeto dibujado a spray por Daniel Méndez-Bonito, un 'graffitero' que firma como Lavida y que es, a su vez, profesor de dibujo en el Instituto Río Trubia de Oviedo. El trabajo en La Fresneda lo realizó en su tiempo libre y de manera altruista. Para él, la mayor gratificación es «ver las caras de los niños mirando el mural».
Ha tratado, además, de que resulte educativo, de que el 'graffito' se ajuste al lugar en el que se encuentra y llene a quienes lo van a ver cada día: «Están en fase de aprendizaje y les puede venir muy bien», comenta el artista.
La propuesta del graffito partió de la Asociación de Padres de Alumnos, ya que uno de sus miembros conocía el trabajo de Daniel, quien ha intervenido en varios centros escolares en Quirós, Navia e Ibias. «Nos pareció una buena idea y le pedimos un proyecto», recuerda la directora del centro, María Rosario Álvarez, que se ha quedado encantada con el resultado. «El aspecto exterior del colegio era absolutamente contrario a los valores de respeto al medio que tratamos de inculcar a los niños», confiesa.
Después de unas 50 o 60 horas de trabajo, y más de cien sprays de pintura invertidos en el proyecto, el patio ha cambiado completamente de apariencia, y todos, padres, niños y profesores, se felicitan por el resultado. La esperanza es que el trabajo de Méndez-Bonito se respete y se conserve. El propio autor está convencido de que así será. «Nadie ha pintado nunca encima de mis obras», reconoce, «el trabajo ajeno suele respetarse».
De momento no ha habido problemas. En todo el tiempo que Daniel ha estado trabajando en el colegio, no ha habido ningún incidente. Ahora sólo resta que el Ayuntamiento elimine las pintadas que quedan en otras paredes del colegio para que todo vuelva a quedar reluciente.
La tarea es complicada por el alto nivel de vandalismo que el colegio ha venido sufriendo en los últimos dos años, desde que se cubrió la cancha que ahora se ha convertido en refugio de gamberros, que se reúnen allí para hacer botellón durante los fines de semana. La vigilancia policial no parece bastar para combatir los destrozos que causan en las instalaciones, y el colegio se está incluso planteando la instalación de cámaras de seguridad en el recinto. «Tenemos que ponerle fin a esto», dice la directora, «nosotros educamos a los niños para que traten el colegio como si fuera su casa, y este tipo de cosas no se pueden permitir».