El Camp Nou dictará sentencia. El primer acto de las semifinales de Copa entre el Valencia y el Barça dejó anoche todo pendiente para el partido de vuelta, aunque el gol anotado por los azulgrana en campo contrario les concede una pequeña ventaja pensando. En cualquier caso, los azulgrana pudieron haber dejado la eliminatoria mucho más encaminada si Messi llega a acertar una pena máxima que le paró Diego Alves en la segunda parte.
Como en todos los Valencia-Barça, hubo goles, presión ambiental, buen fútbol, juego subterráneo y polémica arbitral para dar de comer a los que creen en la teoría de la conspiración. Después de una semana marcada por la salida de pata de Sandro Rosell, que se cargó de un plumazo lo que hasta la fecha era una manera de actuar ejemplar del Barça, ya que sus miembros siempre evitaban hablar del colegiado, Pinto salió a por todas, tocó el balón con la mano fuera del área y debió ser expulsado en el minuto 18. El árbitro no lo vio así.
Guardiola, consciente de que su equipo sufrió en el partido de Liga en Mestalla por colocar solo tres defensas, se corrigió a sí mismo y apostó por una alineación en la que la zaga tenía cuatro hombres, aunque uno de ellos no era Alves. La otra sorpresa fue la suplencia de Xavi. Y es que el Barça viajó a Mestalla con seis bajas, de ahí que el de Santpedor se viera obligado a dosificar efectivos de cara a los partidos venideros.
El Valencia saltó con cuatro atrás, cinco en el centro y un único delantero (Soldado) tuvo una puesta en escena algo más contemporizadora. Unai Emery planteó un choque más físico y como en Liga, volvió a confiar en la pareja zurda Mathieu-Alba como estilete por la banda.
Esa banda era la mejor arma de los valencianistas y por ahí consiguieron adelantarse en el 26. Mathieu sorprendió en su primera aparición por la izquierda y puso un balón medido a Jonas, que batió a Pinto por bajo.
El gol dio alas a los valencianistas que como en Liga descubrieron que eran peligrosos por las bandas. Pero si algo caracteriza a este Barça es que no desfallece. Tiene un plan y lo sigue a pies juntillas. Merecía empatar y lo consiguió. No de jugada, sino a balón parado. Fue Puyol, una vez más, el que apareció en el segundo palo para firmar un testarazo a la vieja usanza. Era el minuto 34.
La segunda parte fue otra historia. El Barça se sacudió algo más la presión che y pudo sentenciar la eliminatoria. Incluso tuvo momentos en los que bordó el fútbol, pero le faltó acierto. Le pasó a Alexis, al que anularon un gol por estar en fuera de juego, le ocurrió a Messi, que marró un penalti (Alves le engañó de forma magistral), y le sucedió a Dani Alves, que estrelló un balón en la madera. El Barça fue mejor y gozó de más ocasiones frente a un Valencia muy competitivo. El Camp Nou decidirá dentro de una semana.