En una época en la que la palabra solidaridad se ha devaluado enormemente, el compromiso de la gente de Proyecto Hombre nos devuelve a todos la confianza en el futuro, en que se pueden cambiar las cosas, en que con convicción en lo que se hace la sociedad puede avanzar.
Todos los que trabajamos en el ámbito de la Administración de Justicia, y desde el primer día en que lo hacemos, tomamos contacto directo con los problemas que ocasiona la droga. Hace años la percepción era mucho mayor por los efectos evidentes de la heroína y en aquella época, en los años 90, tuve conocimiento de los estragos que produce. En el Juzgado de Guardia de Bilbao, trabajando como fiscal, noche tras noche veíamos pasar casi siempre a las mismas personas, que robaban lo que fuera para conseguir su dosis de «caballo». Les veíamos con el «mono», temblando, y con la desesperanza de pensar que al salir por la puerta del Juzgado volverían a su mundo que giraba alrededor de la próxima dosis.
Años después, en Asturias, y ya como fiscal antidroga, he recordado a aquellas personas y la impotencia que sentíamos al no poder poner fin a esa cadena, para que esas personas salieran de ese mundo oscuro y sin futuro. Afortunadamente los tiempos han cambiado, y las leyes también, pero en muchas ocasiones ha sido gracias a personas que han ido por delante, adoptando posturas arriesgadas. Personas poco comprendidas en ocasiones, que a pesar de las reticencias de muchos sectores, han apostado por el ser humano y por ayudar a los demás.
Entre estas personas, comprometidas con todos aquellos que sufren a causa de las drogas, no solo quienes las consumen, sino también sus familias, están todos los que participan en Proyecto Hombre. En una época en la que la palabra solidaridad se ha devaluado enormemente, el compromiso de la gente de Proyecto Hombre nos devuelve a todos la confianza en el futuro, en que se pueden cambiar las cosas, en que con convicción en lo que se hace la sociedad puede avanzar.
Pretender ignorar el problema que la droga genera en numerosas personas es vivir ajeno a la realidad y desconocer la sociedad en la que vivimos. Las drogas, legales o ilegales, siempre han existido y siempre existirán y si una sociedad se quiere calificar como avanzada, civilizada y solidaria no puede ignorar que todos debemos ayudar a aquellas personas que por el motivo que sea han caído en ese mundo. Y debemos darles todo lo necesario para que tengan la oportunidad real de abandonar ese camino sin esperanza. Por eso no podemos sino celebrar que Proyecto Hombre en Asturias haya cumplido 25 años, y que siga con más fuerza y empuje que nunca con la idea de ayudar a todas las personas que lo necesiten.
Desde el ámbito judicial y desde el momento en que, desgraciadamente el contacto con las drogas conduce a muchas personas ante los tribunales de Justicia penal, Proyecto Hombre les proporciona una vía para disfrutar de una segunda oportunidad, y una tercera o cuarta si hace falta, y teniendo siempre como meta final la rehabilitación y el abandono del mundo de las drogas de una manera real. De cara al futuro. Proyecto Hombre tiene que seguir desempeñando su labor respecto a aquellas personas que pueden ver suspendidas sus condenas de prisión si se someten a un tratamiento de deshabituación y si lo hacen con convicción y con deseo de abandonar la droga y el mundo de la delincuencia. La finalidad última de las penas privativas de libertad es, según la Constitución de 1978, la reinserción social y esa finalidad última se consigue mucho mejor si no se llega a pisar la prisión, sí las personas que se han visto abocadas a cometer un delito por culpa de las drogas asumen ese hecho y la necesidad que tienen de abandonar la droga. En ese ámbito, la existencia de Proyecto Hombre es esencial y por ello debemos alegrarnos de que esté ahí y desde estas líneas animarles a que continúen con su labor. Por eso como ciudadano, y como fiscal especial antidroga, les felicito por los éxitos logrados y les animo a seguir el camino emprendido.