Desde el día uno de la legislatura toda acción fue imposible. El apoyo del PSOE al candidato del PP para presidir la Junta General preludió lo que se avecinaba: una alianza estratégica PP-PSOE encaminada a destruir a Foro y su Gobierno, que les había restado espacio político. El retrato de estos poco más de siete meses es el de continuos votos conjuntos entre la derecha y la izquierda, precedidos de reflexiones y actitudes compartidas. Valga como ejemplo el discurso común acerca de organismos públicos deficitarios como el Niemeyer y la RTPA o la iniciativa conjunta para maniatar la acción del Gobierno reformando el texto refundido de Régimen Presupuestario del Principado de Asturias para que fuera al Parlamento quien gobernara. Las recientes palabras del señor Lastra indicando al Gobierno lo que tiene que hacer: llevar a la Junta leyes de créditos extraordinarios, que el PSOE va a registrar determinas iniciativas parlamentarias (imagino que consensuadas con el PP) son la prueba del nueve: «Ya diremos nosotros lo que se hace y no se hace, votándolo o no, en el Parlamento». Añade Lastra, en un absoluto ejercicio de prepotencia: «Si a ellos no se les ocurre nada, a nosotros sí». A este Gobierno se le han ocurrido muchas cosas, hasta un gran presupuesto para llevar a cabo su programa electoral. Pero lo que nunca se le ocurrió fue que PP y PSOE se iban a aliar para elegir presidente de la Cámara y alcaldes en los ayuntamientos, reordenar el sector público y rechazar unos buenos presupuestos. Creo que no se le ocurrió a ningún asturiano.
No busquen razones fundadas a lo que pasa en Asturias. Son de lo más prosaico. El sociólogo Richard Senté, en 'El declive del hombre público', que acaba de reeditarse, advierte de la decantación individualista, de la prevalencia de lo privado sobre lo público, de la penetración en esta esfera de los sentimientos, inseguridades y caprichos. Yo añadiría la esencia del debate: la propia supervivencia.
Álvarez-Cascos volvió a la política conocedor de este estado de cosas, de anomalía, de castas esquilmadoras que han puesto un muro infranqueable al futuro de Asturias. Volvió exclusivamente por vocación de servicio y con un compromiso firme de cambiar las cosas, enfrentándose a las resistencias gigantes de los que quieren que todo siga igual, sobre todo sus ingresos. Rubalcaba, tras hundir al PSOE, anda por España presentándose como el futuro del partido. En Asturias, Álvarez-Cascos, antes de condenar a los asturianos a un presupuesto dañino para su calidad de vida, prefiere que sean los asturianos quienes decidan. Esas actitudes dan la credibilidad y la fortalecen cada día.