Ayer fue un día duro para Izquierda Unida de Xixón. En especial, para los comunistas que, con otros muchos, formamos parte de este proyecto ilusionante de la izquierda del mañana. En el transcurso de una tensa reunión en nuestro local, esa sala que tantas veces escuchó tu grave y sabia voz, nos enterábamos de tu muerte. Y el frío helador de la madrugada se nos hizo aún más cortante. Camarada Otones, hoy más que nunca tienes que saber que tus ojos no se han cerrado para siempre. Porque tú -como todos los históricos comunistas españoles- tienes los ojos abiertos a los sueños. León Felipe aseguró que «en vuestra muerte os lleváis la canción del futuro en los labios secos y fruncidos, callados y tristes». Sin embargo, pienso que lo que os lleváis -lo que te llevas tú- es la ley que hace al hombre vivir en común, la ley de la vida solidaria, hermosa verdad transitoria. Y os la lleváis sin saberlo, prendida en el traje final, en los hombros, entre los dedos de las manos. Porque tú (como tantos otros comunistas de bronce) eras un hombre obediente a otra ley y a otra justicia que nada tiene que ver con la que hoy existe y se enseñorea de nuestro solar, de nuestros montes, de nuestra tierra, de nuestra ciudades. privatizándonos hasta el aliento. Tú, querido Manolo, eres lo que otros humildemente algún día queremos llegar a ser. Representas la aurora que algún día llegaremos a encontrar. Y ese paraíso está hecho sobre la base de muchos golpes. Tú, compañero en primera persona, recibiste muchos: clandestinidades, persecuciones, destierros, torturas y condenas (14 años en prisión, que se dice pronto. por pensar distinto de los carceleros). Y de todos ellos, soplando sobre las heridas, supiste salir hacia adelante. Pero también conociste la luz y la alegría: el amor de Alvarina, el cariño de toda tu familia (en primer lugar, de tus sobrinos, que son casi como hijos), la admiración de tus camaradas y el respeto de todos (incluso desde posiciones ideológicas distantes ) los que ven en ti a un ejemplo de paisano y de comunista.
Así, llena de contraste, es la vida, y también la lucha. Pero lo que nos quedará siempre será el recuerdo de tu entereza , de tu coraje, de tu valentía y de tu honestidad. Cuando presentaste tu libro, allá por el año 2003, que no por casualidad se llama 'Lucha y libertad', me escribiste una palabras que hoy me gustaría, con dolor, recordar: «Querido Jorge: En el fragor de la lucha, y jugándose todo, nos forjamos los comunistas durante la Dictadura franquista. A las nuevas generaciones de jóvenes comunistas os corresponde (a ti especialmente, que sabes lo que te quiero) defender las cotas de libertad conseguidas y seguir la lucha que otros emprendimos, en la senda hacia el socialismo en libertad. (Gijón, 5 de marzo de 2003).
Hoy, que te despedimos con un 'hasta siempre' ahora que has decidido descansar (que no morir, porque solo mueren aquellos que no dejan huella y tú la dejas en todos los que te conocimos), sólo te puedo decir que intentaremos cumplir con ese mandato tuyo. Porque nuestro compromiso es seguir luchando cada día, en cada instante, sin desmayar, hasta que todo se desvanezca o se ilumine.