Por la razón que fuere, no he tenido la fortuna de ser convocado con mi equipo a la 'final de la Champion' que se celebra este fin de semana en Sevilla, cosas y razones del míster. Tal vez una lealtad mal entendida o la reivindicación de una renovación y un relevo generacional sin tutelas ni tu tías o una petición de profundizar en nuestros hábitos democráticos internos para recuperar la sintonía con nuestras bases (que estos momentos podrían ser los 216.000 militantes / cotizantes, más otros 400.000 simpatizantes censados, más siete millones de votos en las últimas generales, más los cuatro millones de confianzas rotas tras dos años de gestión de la crisis muy difícil de comprender y compartir) me hayan dejado momentáneamente fuera de juego. No obstante, confío plenamente en los ocho gijoneses/as que me van a representar en Hispalis, mucho más veteranos y expertos que yo en estas lides, así como confío en los 42 asturianos/as y los 956 delegados/as que, llegados de todo el país, afrontarán a orillas del Guadalquivir uno de los cónclaves más importantes en la vida e historia del PSOE contemporáneo.
Tres son, a mi juicio, los asuntos más relevantes que allí se van a debatir y decidir. A saber: la sucesión en el liderazgo que durante una década ejerció el leonés Rodríguez Zapatero, el modelo de sociedad y de partido que queremos para el socialismo del siglo XXI y las relaciones internas de poder, entendido como poder para cambiar las cosas que dentro o fuera son mejorables. Hay una buena parte del debate programático que está hecho con anterioridad en la conferencia política del pasado septiembre, especialmente en lo referente a los estragos de la crisis económica mundial y sobre todo a la brutal destrucción de empleo de un modelo económico que necesita adaptarse a los cambios de una globalización desbocada y sin control que requiere recuperar el papel de la política como garante de una cohesión social que tiene que adquirir dimensión internacional, especialmente europea.
No sin dificultad, ahora casi todo el mundo acepta que la dieta de austeridad económica impuesta por los mercados y los gobiernos más conservadores y miopes de Europa no es suficiente, que hacen falta de nuevo estímulos a través de la inversión y el gasto públicos para recuperar el crecimiento, exactamente igual que sucedió en los años 30 bajo el liderazgo de Roosevelt y el apoyo intelectual de Keynes. Pero, además, es necesaria una armonización fiscal entre los países que comparten una moneda única en términos de IRPF, IVA, sociedades, cotizaciones sociales... Asimismo, una tasa Tobin sobre los movimientos especulativos de capital, especialmente a través de las inversiones en Bolsa, cuya duración media es inferior a seis meses, diez veces menos que hace quince años, además de perseguir el fraude fiscal, que en España podría llegar a una de cada cuatro pesetas: insostenible.
Pero los socialistas debemos reivindicar también esa armonización fiscal acompañada de una homologación de los distintos sistemas de protección y bienestar social para que no existan diferencias tan brutales en los salarios mínimos interprofesionales, para que no haya 'dumping' social, para que no se dé tal disparidad en la edad de jubilación, los tiempos de cotización, las prestaciones por desempleo, las ayudas a la dependencia, los sistemas de formación y las políticas activas de empleo, hoy más necesarias que nunca en toda Europa. Y todo ello envuelto en un proyecto global de política económica común que, además de compartir una moneda y tiendan a esa armonización fiscal justa y necesaria, tenga instrumentos eficaces y democráticos para combatir las desigualdades que un sistema económico no domesticado inevitablemente tiende a generar gracias a la mano invisible de los mercados, y que se preocupe por las personas y por el crecimiento y desarrollo económico más allá de los balances y las cuentas públicas o privadas.
En todos esos debates, muchos militantes hemos sumado y añadido enmiendas sobre los asuntos más variados que afectan a la vida cotidiana de nuestros conciudadanos. Entre ellas, quiero hoy llamar la atención respecto a una que fue aprobada por unanimidad en el pasado precongreso regional, relativa a la necesidad de desarrollar una política integral de familia a través de una nueva ley a tramitar en el Congreso, que tenga en cuenta los cambios sociales tan sustanciales que se han producido en nuestro país en los últimos 30 años. Una ley de carácter civil necesaria y aglutinadora de los principales preceptos jurídicos dispersos en esta materia, que, amén de reconocer la pluralidad de modelos de familia existentes en la actualidad, parta de cuatro principios básicos: establecimiento de un 'pacto de familia' previo entre las parejas que inician una relación, contemplando la creación, desarrollo y posible extinción del vínculo matrimonial; preferencia del régimen económico de separación de bienes durante la vida de pareja; desarrollo de la custodia compartida de los menores fruto del matrimonio a petición de cualquiera de los cónyuges, previo informe del equipo psicosocial de los juzgados de Familia y acuerdo de la Magistratura, y despenalización de los contenciosos de divorcio, limitación temporal de los trámites de separación y creación de un servicio ágil, eficaz y gratuito de Justicia en este ámbito en beneficio especialmente de los menores.
Esta nueva política integral sobre las familias debería tener en cuenta multitud de medidas específicas que fomenten la natalidad, la conciliación de la vida laboral y familiar, la extensión y universalización y gratuidad de los servicios públicos educativos y sanitarios de los menores como garantía de la igualdad de oportunidades. Todo ello con el fin de desarrollar la convivencia y los buenos tratos entre parejas, exparejas y, especialmente, jóvenes y menores.
En fin, estoy seguro de que el desarrollo del 38 Congreso de mi partido será un punto de inflexión y partida para la reconstrucción de un nuevo proyecto de progreso que necesita nuestro país, Asturias y España, incardinado en una corriente socialdemócrata internacional y europeísta, hoy más necesario que nunca. Así que a los 956 compañeros y compañeras convocados en Andalucía, mi otra tierrina, ánimo y suerte.