Se toma su tiempo para afrontar cada pregunta, mientras analiza, con su voz rasgada, todo lo que ha rodeado al Sporting en los últimos días. José Luis Mendilibar (Zaldívar, Vizcaya, 1961), gran amigo de Manuel Preciado y de Iñaki Tejada, dejó un vacío similar al del cántabro en Valladolid. Ahora, al frente de Osasuna, viaja a Gijón con la intención de abrir más la herida de los rojiblancos.
-¿Ha hablado ya con Preciado?
-No, no. Es una semana mala para Manolo. No le he querido molestar.
-Usted vivió algo similar en Valladolid. ¿Es más desagradable cuando se lleva tanto tiempo?
-Es un momento malo porque, cuando te sientes tan a gusto, no te marchas. Estás cómodo, llevas tiempo y, por tu cuenta, no te irás nunca. Lo malo de esto es que normalmente esperamos hasta que nos echen. No debería de ser así (risas). Es verdad que igual que nos fichan nos pueden echar, pero o te marchas o te echan.
-El año pasado, en el final de la primera vuelta, su nombre salió a relucir entre los candidatos a sustituir a Preciado y usted dijo que no había nada que hablar mientras él siguiera en el equipo.
-Hablar con un club o con alguien habiendo un entrenador no me parece muy ético. Otra cosa es que le hayan destituido. También entiendo la postura de los clubes; no quieren relevar a alguien hasta tener recambio. Ahora, el Sporting ha optado por mantener a Iñaki, un hombre de la casa. Creo que es una decisión acertada.
-Dice que no es ético, pero lo raro en el fútbol es que se actúe como lo hizo usted en aquel momento...
-Hay que ver la necesidad de cada uno: de poder entrenar, económica... Estamos en el paro y llega un momento en el que tienes unas ganas enormes de entrenar. No digo que lo otro esté mal, porque, repito, la necesidad de cada uno la sabe él mismo.
-A Iñaki le conoce personalmente.
-Sí. Como jugadores no coincidimos en el Athletic porque es más joven que yo, pero tenemos muy buena relación. Es un gran tipo.
-Coincidieron como jugadores en una pretemporada con el Sestao...
-Puede ser. Déjeme pensar... Igual sí. Pero, independientemente de eso, la relación es muy buena. Va a ser un entrenador cuerdo en las ideas que va a tomar y no creo que se vuelva loco.
-Serán dos hombres de Vizcaya en los banquillos de El Molinón y con el sello de Lezama. ¿Eso marca?
-De jugadores cogemos cosas de los entrenadores y, como técnicos, seguimos aprendiendo, mejorando y cambiando. Partimos casi de una misma base y podemos tener parecidos.
-¿Quién fue su influencia?
-Me marcó mucho Irureta. Le cogí en los primeros años suyos, en el Sestao, cuando yo jugaba allí. De ahí pasó al Logroñés en Primera y tuvo la carrera que ha tenido. Me marcó un poco.
-¿Cómo ve al Sporting? Percibe debilidad por lo que ha oído.
-Estoy convencido de que se hace lo mismo cuando las cosas van bien que cuando van mal. Lo que pasa es que no se dan a conocer. Si se ha salido en un momento malo, como se dice, no está bien, pero debilidades tenemos todo el mundo. Estoy convencido de que la afición va a estar con el Sporting durante el partido.
-Resulta curiosa la exposición a la que están sometidos los jugadores...
-Sólo hay que fijarse en nuestros hijos: son chavales jóvenes y, si vivieran lo mismo que un futbolista, vete a saber lo que sería de ellos. No es fácil. La gente ve la profesión de futbolista como algo con lo que sueñan todos, pero no es fácil manejarse en esa situación y verse en boca de todos. Es lo que hay. Si lo haces cuando vas quinto o sexto eres un macho y te pagan hasta las rondas.
-¿Qué Sporting espera?
-No sé qué hará Iñaki, pero el tipo de fútbol del Sporting es dinámico, de tirar para arriba. Tienen compromiso unos con otros, se ayudan y lo van a seguir haciendo. Creo que va a ser un partido muy dinámico. Si somos capaces de hacer que el Sporting no juegue bien y aprovechamos alguna ocasión, eso puede provocar que la gente se canse, pero es difícil porque esa afición está volcada con su equipo.