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«Sólo he perdido un ojo»

JUAN JOSÉ PADILLA QUIERE VOLVER AL RUEDO

«Sólo he perdido un ojo»

04.02.12 - 02:40 -
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Por entre las copas de los pinos y el espesor de un manchón de eucaliptos, llega una infusión de sal y menta que sube desde el Golfo de Cádiz. El atardecer en el escenario mismo del sosiego. Nada hace presagiar que más allá de la tapia albero y sangre de la casa, en el salón cuajado de cabezas de toros y de espectros, un hombre libra una monumental batalla contra el destino, el miedo y las circunstancias. Y que la está ganando. Está usted en Sanlúcar de Barrameda, pero podría ser Esparta. Ese tipo enjuto, fibroso, flexible y decido como una caña de bambú es Juan José Padilla. La suya es la imagen del compromiso y la superación, el héroe al que en octubre un toro le arrancó la cara contra el albero de Zaragoza y que dentro de un mes se pondrá la lógica por montera para reaparecer ante la vida y el público, vestido de verde esperanza y con un parche, en Olivenza con Morante y Manzanares. Antes volverá a Oviedo, donde se trata en la Clínica Fernández- Vega para tratar de recuperar la vista.
-¿Qué es eso que vale más que la vida?
-No lo sé, es todo más natural. He tomado la decisión de volver porque tengo dos piernas, dos brazos y la capacidad de hacer lo que hacía. Sólo he perdido un ojo de momento y tengo una parálisis facial. Esta profesión me ha dado mucho y yo le debo mucho a ella. Tengo que ponerme el vestido y poderle a las circunstancias, que es lo que me motiva. No volver sería egoísta.
-¿De verdad cree que si ahora dijese que se retira defraudaría a alguien?
-A todos los que saben de mi capacidad. Mi mujer, mis hermanos, mi cuadrilla... me hace feliz vestirme de torero y no tengo motivos para no hacerlo. Es el momento de perfeccionar mi toreo, torear más despacio, a cámara lenta. Es el momento de empezar de cero, imagínate lo ilusionado que estoy.
-¿Teme más la cornada o la decepción?
-Lo que sé es que no quiero dar pena. Me tienen que juzgar como a los demás.
El torero responde sobre un sofá en el que ni siquiera se hunde. Ha perdido mucho peso. Pese a que en los últimos días ha recuperado nueve kilos, es un cuchillo con un parche en el ojo que ahora pronuncia más las eses, aunque la parálisis facial y la lengua dormida hacen que las efes y las tes sean un infierno para él. Con todo, el discurso es intachable y ante el fuego desgrana un compromiso con el deber que podrían estudiar perfectamente los alumnos de 'management' en cualquier 'harvard'.
La factura se la pasaron en otoño.
-¿Cómo pasó?
-Me di cuenta de todo, no perdí el conocimiento. Sabía el camino a la enfermería. Sentí un impacto, la explosión. Fue como si te estallara una granada de mano dentro de la garganta. Estalló todo. Cogí la mandíbula y el ojo con la mano y corrí al doctor. Le dije 'Doctor, mis hijos'. Me quedaba sin aire, me quitaban la ropa, pensaba en mis hijos y mi mujer. Me entregué a Dios y dije 'Aquí estoy'. Después vinieron las operaciones en el Miguel Servet, su mujer Lidia cruzando España deshecha en un coche y el fantasma de la incertidumbre. Su despertar fue agradable.
En las recuperaciones en las camas de hospital y en las consultas en la Clínica Fernández-Vega de Oviedo, donde se trata, se consumía un hombre extremadamente delgado y derrotado al que jaleaban decenas de miles de mensajes en Twitter bajo la etiqueta de #fuerzapadilla. «Eso fue lo más duro... Me dolía mucho darme cuenta del daño que yo le había hecho a la gente».
Un buen día se levantó y decidió volver. Los médicos le dijeron que por qué no y él se dijo que porque sí. En Nochevieja se puso delante de la primera vaca en lo de Ricardo Gallardo, en la ganadería de Fuente Ymbro, delante de su mujer, su familia y sus amigos.
Lidia no quiere hablar en los medios -«me emociono», se excusa-, pero su estado en el Whatsapp lo dice todo: «La fuerza no proviene de la capacidad física, sino de una voluntad indomable».
-¿Qué le han dicho los niños?
-Dios los ha bendecido con una coraza. Ellos me ven seguro, por eso están contentos.
-¿Cómo se puede torear con un solo ojo?
-Es algo normal.
-Será normal para usted.
-Me he sorprendido de cómo me he adaptado a esa visión, a la profundidad y la velocidad. Yo hago de todo con un ojo: juego al pádel, conduzco, monto en bicicleta... Y también toreo. En la faena hay momentos en los que le pierdes la cara del toro, que no hay que verlo, y si se te cuela y te va a agarrar, da igual que tengas un ojo o cuatro. Falta un mes para el gran día.
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Padilla posa junto a su mujer, Lidia, y su hijo pequeño, Martín, en el salón de su chalé en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). ::JUAN A. CASTILLA



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