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Un avilesino de cine en Madrid

EL PERFIL. PELAYO GUTIÉRREZ ÁLVAREZ

Un avilesino de cine en Madrid

05.02.12 - 02:42 -
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Ver una película es algo más que sentarse delante de una pantalla con los ojos abiertos. Los sentidos se agudizan cuando la sala de cine se queda a oscuras, y puede que de entre todos ellos el que juegue un papel más poderoso sea el oído. Por él no entran sólo los diálogos y la música de la banda sonora, sino todo un universo que incluye el sonido de ambiente, ruidos de la escena, el efecto de lejanía o cercanía de la voz de los actores y, sobre todo, cualquier cosa que se mueva y que dé verosimilitud y realismo a la historia capturada en el celuloide. Aunque no se vea.
Esto, lejos de ser una lección de acústica novedosa, es lo primero que tienen claro los técnicos de los estudios de grabación cuando hay que dotar de sonido a una película. Y que Pelayo Gutiérrez (Avilés, 1970) tiene clarísimo para dotar de naturalidad a lo que se oye (y se ve) en cintas como 'Te doy mis ojos', 'Acción mutante', 'Tesis', 'Pagafantas', 'Torremolinos 73', 'Que se mueran los feos', 'Días de fútbol' y así hasta los casi 130 largometrajes que tiene en su currículum. Una labor que es difícil de catalogar para el neófito. ¿Técnico de sonido? ¿Sonorizador? ¿Productor de audio? ¿Diseñador del espacio sonoro? «Yo prefiero que se me llame 'Editor de sonido', porque eso es lo que soy, sin petulancias de tipo artístico», explica. «Mi trabajo consiste en que todo lo que se oiga en la película suene convincente y que fluya con naturalidad, que no chirríe, que el espectador piense que lo que oye es todo uno con lo que se ve y lo que se cuenta», responde para definir un trabajo «que nació como un hobby» y al que se dedica desde hace 20 años.
Pelayo pertenece a la generación 'ochentera' que encontró una forma de divertirse en la mal llamada 'cultura basura'. Cómics, discos de rock, 'fanzines' y por supuesto cine «a espuertas» fueron parte de su formación, como cualquier chico inquieto de entonces. Más en un sitio como Salinas, y por extensión Avilés, donde los más avezados pasaban a la acción y no se quedaban en el papel de meros espectadores. No es de extrañar que fuese batería de Los Vagos, un grupo absolutamente amateur que se reúne una vez al año «para dar un concierto con los colegas y armar ruido», explica divertido.
Así, desde el día en que se preguntó qué cosas hacían que un disco sonase distinto de otro, notas musicales al margen, arrancó una carrera que le ha llevado a, entre otras cosas, poseer un estudio en Madrid puntero en España; atesorar tres Premios Goya por su labor sonora en otras tantas películas; trabajar con el 'quién es quién' de la industria audiovisual española y, sobre todo, poder vivir «del cine y de la televisión, aunque haya mucho ignorante que nos llame 'titiriteros' y diga que no damos un palo al agua», recalca con no poca sorna.
Porque, aunque se trate de una labor destinada a divertir al público, tratar el sonido de una película en un estudio como La Bocina, en el madrileño barrio de Chamberí, «es como cualquier otro trabajo: madrugar, echar todas las horas que sean necesarias delante del ordenador o la mesa de mezclas, coordinar un equipo técnico y atender al cliente, escuchando todas sus ideas y proyectos». Y por supuesto «pagar los aparatos, equipos de producción, plantilla de trabajadores, facturas e impuestos», aclara Pelayo. Algo que no quita para que él se considere «un absoluto privilegiado, por dedicarme a una profesión creativa, que además es lo que me gusta hacer».
Pero estábamos en que a pesar del 'glamour' de conocer y tratar cada día a casi todo el mundillo del cine español (y a un buen puñado de personajes mediáticos extranjeros), «la crisis golpea fuerte y los productores están tan atados de pies y manos como cualquiera a la hora de soltar la pasta». Por esa razón «en La Bocina todos curramos a tope para comer todos los días y poder encarar futuros proyectos; en fin, es lo que tiene ser un 'titiritero'», señala con una nueva y estentórea carcajada.
Respecto a esos 'todos' a los que hace alusión, Pelayo tiene especial interés en incluir a Nacho Royo-Vilanova, «somos compañeros, socios y amigos, y ahora acabamos de completar nuestro 'historial' porque también somos contrincantes». Una liga que se completa con los amigos comunes Daniel Fontrodona y Marc Orts y que se batirá en duelo incruento 19 de febrero en la cita anual del cine español.
Mucho cine en 20 años
En la edición de 2012, Pelayo Gutiérrez compite con 'La piel que habito' de Pedro Almodóvar y se enfrenta «en lucha fratricida» a Royo, que ha sonorizado 'No habrá paz para los malvados' de Enrique Urbizu. Los otros dos aludidos hicieron 'Blackthorn' y 'Eva', pero en todo caso «sería bonito que ganasen, porque yo ya tengo tres Goyas -algo que no quiere decir que mi trabajo sea mejor- pero Nacho no tiene ninguno», razona. «Pero si gano, la fiesta es segura, y si no, también porque hay cariño y amistad entre nosotros, así que ¡marchando una juerga!», exclama efusivo.
La prolongada carrera de Pelayo, iniciada en 1991, le ha permitido trabajar con figuras consagradas como Montxo Armendáriz, Alejandro Amenábar, Icíar Bollaín, Álex de la Iglesia o Álvarez Armero. «Cada uno tiene su forma de ser y de trabajar, y a mí me encanta tanto lo meticuloso de Montxo, como la dulzura y amabilidad de Icíar, o lo bien estructurado que tiene todo Amenábar». ¿Y Almodóvar? «Tiene un oído privilegiado, le da cien mil vueltas a todo y es perfeccionista hasta el límite, además de ser una persona amable con la que da gusto trabajar», relata con admiración.
En cuanto al cine asturiano, no quiere dejar pasar la ocasión para opinar sobre la polémica del Festival de Gijón. «En Asturias somos expertos en cargarnos todo lo que funciona, y la labor de José Luis Cienfuegos al frente ha sido ejemplar y modélica». Pero también es consciente de que a Nacho Carballo «se le está cuestionando en términos muy crueles y demasiado injustos; en todo caso, y sin quitar la culpa al asqueroso juego político que hay detrás, ojalá todo esto no afecte al prestigio del FICX y en la 50 edición no haya que echar de menos a Cienfuegos», zanja entre la rabia y la concordia.
Mientras eso ocurre Pelayo aprovecha para acometer nuevos proyectos, continuar aprendiendo y escapándose cuando puede a su querida Salinas. «Veo difícil poder volver definitivamente, pero mis raíces están aquí». Las mismas a las que volverá si tras 'El otro lado de la cama' 'Te doy mis ojos' y 'Obaba' celebra ese esperado cuarto Goya con la familia y amigos en una tierra que asegura «no poder olvidar de ningún modo».
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Gutiérrez, en su estudio de sonorización en Madrid. :: NEWSPHOTOPRESS



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