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Culpables y salvadores

CETERIS PARIBUS

Culpables y salvadores

05.02.12 - 02:45 -
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Cuando baja nuestro nivel de vida -me refiero al económico, claro está; otros aspectos menos trascendentales, están convenientemente regulados por la televisión, en la que, de vez en cuando, gracias a los dioses del Olimpo, vemos alguna que otra obra de arte ejecutada con humildad por ese artista de masas llamado Iniesta, con la que se rompe la mediocridad de lo que ofrece a diario ese prodigioso invento que ha revolucionado la vida en el siglo XX- decía, perdón por la digresión, que cuando nuestro nivel de vida baja y la prosperidad de fechas recientes no es la que era, presentando preocupantes signos de flaqueza, empiezan los líos. En esos momentos, los humanos, sacando a relucir los instintos más básicos, nos enzarzamos en una singular caza de brujas buscando entre nosotros a los culpables de la adversa situación, eso sí, excluyendo de posibles causantes a mí y a los míos, que los de mi ralea no tenemos culpa de nada, somos puros y castos en cuestiones de estancamiento y crisis económica; los malos, no lo duden, búsquenlos en otros entornos.
En ese elenco de culpables, a elegir según las preferencias, se podría incluir la, inconcreta, avaricia humana, ese pecado capital que nos hace descarrilar cuando se desboca sin control o el comportamiento reprobable de esas sanguijuelas insaciables dedicadas a la especulación financiera; sin olvidarnos de las administraciones despilfarradoras, incapaces de mantener el ineficiente estado del bienestar, con sus déficits imposibles, a cuyo frente están los políticos más torpes y los más ineficaces funcionarios; a la burbuja del ladrillo; al dinero barato; a la pereza -parece ser que demostrada científicamente- de los habitantes de los estados del sur y su falta de productividad; a los codiciosos chinos comunistas -cómo cambia el mundo, ¿quién lo diría?- que acaparan el ahorro del orbe sin tener la condescendencia de devaluar su moneda; a las materias primas que suben sin permiso de los países desarrollados cercenando su, deseable para todos, crecimiento sin fin; a la falta de oportunidades de los autóctonos; a los inmigrantes que nos quitan los puestos de trabajo; a los paraísos fiscales; a los confiscatorios sistemas tributarios,., y así hasta el más acusador de los infinitos.
Pero lo mismo que se pone precio a la cabeza de los culpables, se busca, con el ahínco de los desesperados, a los salvadores de tanta debacle. Los ciudadanos, ese especial estatus de la condición humana, piden a sus gobernantes, sin dilación, soluciones para la recuperación económica. Pero las medidas de política económica, ya se sabe, no son 'la purga de benito', y todo lleva su tiempo, y ahí está la historia de las crisis para corroborarlo, lo que implica que, en el corto plazo, encontrar salvadores de garantía no es fácil, ya sea en España, Italia, Francia, Irlanda, o Estados Unidos. En el caso español, la presión ejercida en un principio sobre el Gobierno para que tomase medidas drásticas que ayudasen a reconducir la crisis, fue brutal; la culpa de todos los males recaía sobre él. Pero a medida que la recesión fue afectando a todos los países de la Unión Europea, constatándose que la crisis es más del sistema que de un país en concreto, y con la singularidad de que las naciones que forman esta Unión tienen limitadas sus acciones de política económica, en este caso la política monetaria, las críticas se trasladaron a instancias superiores. Y henos ahora lanzando puyazos contra la falta de decisión en asuntos económicos por parte de la Comunidad Económica Europea, olvidándonos, por momentos, de los gobiernos nacionales. Visto el panorama, se empieza a plantear que la superación de la crisis -y del futuro de la Unión- pasa por un Gobierno económico europeo, con una política fiscal y presupuestaria común y la consiguiente pérdida de soberanía político-económica de los países integrantes de la CEE, por una revisión del papel del Banco Central Europeo, replanteando sus funciones y su filosofía antiinflacionista, la creación de un Eurotesoro, la emisión de eurobonos,. La economía se ha vuelto tan compleja que los curanderos de nuestros males, los salvadores de la crisis, ya no van a usar remedios caseros, utilizarán pócimas de alto voltaje supranacional. Vayan, pues, buscando enchufe donde enganchar, pero recuerden habrá corriente alterna y continua. Así pues, cuidado con los cortocircuitos, y sálvese quién pueda, que Robin Hood se ha decantado por las pilas alcalinas. ¿Habrá acertado?
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