Desde que en junio de 2011 Manolo Díaz, empresario del sector musical, accedió al cargo de presidente de la Fundación del Centro Niemeyer, no ha vivido más que sinsabores. Lo que parecía una aventura ilusionante, se ha convertido en la pesadilla de un hombre que vive a caballo entre España y Estados Unidos. Ayer hizo un paréntesis en su visita a Luanco para atender a LA VOZ y hablar de la situación en la que se encuentra el conflicto, después de anunciar el pasado viernes que «volverá a ser el motor económico y cultural de Avilés».
-¿Cree que la Fundación puede recuperar la gestión del Centro Niemeyer?
-Creo que dependerá de quien gobierne. Yo espero que sí. La única razón de ser de la Fundación es la gestión del centro y ha demostrado que sabe hacerlo. Lo lógico sería que quien gane las elecciones, si es un gobierno con sentido común e interés por defender a los avilesinos y los asturianos, ceda las instalaciones a la Fundación.
-¿Quiere decir que con otro Gobierno de Foro no habrá cesión?
-No sé si Foro habrá aprendido la lección. No entiendo en qué basó su obsesión para destruir lo que ya funcionaba. Lo que diferencia a las personas inteligentes de quienes no lo son, es que aprenden de sus errores.
-¿Están dispuestos a aceptar un cambio de modelo en el patronato?
-La Fundación es una entidad viva, con la potestad de adaptarse a las realidades a las que se enfrente. Los estatutos son modificables y, si ese es el deseo y es conveniente, se puede hacer. Es una cuestión a discutir en el patronato. Las instituciones deben estar representadas, pero tampoco tiene porqué ser mayoría. Yo soy apolítico y hago esto porque amo Asturias y Avilés, como una forma de poner la guinda a una carrera internacional en la que no ayudé suficientemente a Asturias. Yo me pago los billetes de avión desde Estados Unidos para trabajar en la Fundación.
-No me pronuncio. Veo posible enderezar la situación y, si es así, seguiría al menos hasta dejarlo encarrilado. Luego buscaría a una persona que lo pudiese hacer mejor que yo. No me gustaría dejarlo en una situación de inestabilidad, pero no quiero perpetuarme en la silla.
-¿Qué opina de las críticas sobre el aplazamiento de la reunión del patronato del presidente del Puerto, Raimundo Abando?
-Raimundo Abando ha tenido la desfachatez de afirmar que se le oculta información, cuando se convocaron dos reuniones informativas a las que curiosamente no podía asistir. Se le dio una semana para que pudiera ir a la reunión o enviar a alguien, e incluso se planteó que se podía ir a su domicilio y hacer una reunión solo para él. Por su parte, el consejero de Cultura, no contestó. Los patronos han quedado impresionados por la transparencia. Aquí se ha creado una polémica sin que haya denuncia oficial. Hemos pedido dos auditorías para ver si así queda claro de una vez que no hubo irregularidades contables. Lo que hubo aquí es una obsesión por desprestigiar a la fundación, a la que quieren destruir para manejar como su propio chiringuito.
-El aplazamiento de la reunión del lunes se ha visto como una maniobra política desde algunos sectores. ¿Lo comparte?
-Cuando llegaba a Madrid saltó la noticia del adelanto de las elecciones y eso generó dudas. No procedía hacerla, porque parte de los patronos, los más discordantes, no van a estar en unas semanas y además no tienen mucho que ver con el espíritu con el que se creó la Fundación. Confiamos en que, si vuelven, sea con una actitud más constructiva.
-Puerto y Principado habían confirmado su presencia en la reunión. ¿Significaba eso que aceptaban los cambios estatutarios?
-Creo que sí, que el propio Gobierno se dio cuenta de que o aceptaban el patronato, o la Fundación no existía.
-¿Cómo vive desde la distancia todas las dudas sembradas sobre los gastos de la Fundación y los sueldos de su equipo?
-Como vengo de operaciones de gran envergadura, estoy acostumbrado a que a los profesionales de gran valía haya que pagarlos para que no se vayan a otro sitio. Si comparamos los sueldos con los de los directores generales o subdirectores generales de otras entidades, veremos que son proporcionados. Están en niveles de mercado.
-Recrea, la empresa que gestiona ahora el centro, ha presentado ya su programación. ¿Qué le parece?
-El programa está bien, pero creo que los datos de financiación están equivocados. Los 100.000 euros deben referirse al coste de pagar a los artistas, no su coste total.
-El Principado la compara con la exposición 'Luz', de Carlos Saura, y concluye que toda ella cuesta sólo una quinta parte de lo que costó esta muestra. ¿Lo comparte?
-No se pueden comparar. Lo que trae Recrea son espectáculos hechos que vienen en turné. Lo que trajo el Niemeyer son espectáculos prácticamente únicos. Además, la Fundación ha participado en la producción de algunas, como esa exposición. Y eso es un activo que en el futuro y en el presente puede tener un retorno económico. 'Luz' es un espectáculo formidable, exportable y que genera ingresos.
-¿Cuál cree que será a partir de ahora el comportamiento de los patronos privados?
-El daño que se ha hecho a la Fundación es irreversible, no tendrán la misma confianza. Son empresarios y no quieren tensiones con el Gobierno. Mi primer objetivo era tratar de conseguir patronos privados internacionales y tenía entrevistas concertadas con Carlos Peralta (Grupo IUSA) o Emilio Azkárraga (Televisa). Son personas que sienten gran admiración por España y buscan poner un pie en el país. Ahora, con el escándalo, la imagen se ha deteriorado muchísimo. Va a ser bastante complicado que grandes patronos internacionales se unan a la Fundación y espero que los asturianos, por patriotismo, sigan haciéndolo.
-Con esta perspectiva y la coyuntura económica, ¿sigue siendo viable el objetivo de la autofinanciación?
-Creo que, en este momento, por el daño producido, es prácticamente imposible.
-¿Necesitarían del apoyo público?
-Para volver a arrancar serían necesarios. Pero, al cabo de cierto tiempo, serían prescindibles.