El recuerdo no es una mera conservación del pasado, sino una revalorización y un reconocimiento selectivo del mismo. En el recuerdo global de la Temporada de Ópera de Oviedo que anoche terminó entre aplausos, influye, sin duda, que las representaciones operísticas más señeras, tanto por el impacto como por la calidad, fueron las dos últimas, 'Norma' y 'Peter Grimes', lo que deja en el espectador un inequívoco buen sabor. Las cimas, al final, parecen más elevadas, pero un paisaje, al igual que una temporada de ópera, no sólo son las cumbres.
Opereta con dos momentos
El primer título de la temporada fue la opereta 'El Murciélago', de Johann Strauss II. Aquella representación nos ha quedado como semienterrada en el olvido, pero hubo dos momentos brillantes ajenos a la ópera, la 'Recondita Armonía' cantada por Roy y la 'Gavota de Manon', interpretada con gusto por Ana Nebot. Salvo eso, un Murciélago que la memoria recuerda con un ritmo cada vez más lento. Un primer acto correcto y divertido; un segundo acto alargado de una manera absurda y un tercer acto pesado, pese a una versión correcta de Mariola Cantarero como protagonista principal y de la OSPA en el foso. Error de ritmo escénico, imperdonable en una opereta.
Mejor el segundo cast
Stendhal, gran admirador y uno de los primeros biógrafos de Rossini, definió a 'La Italiana en Argel' como «una locura organzada». El Rossini bufo, despreocupado, y que provoca por medio de situaciones absurdas la risa, nace, prácticamente, con esta ópera disparatada. No deja de ser llamativo que esa sana despreocupación, antesala del humor, estuvo en mi opinión, más lograda con la función fuera de abono que con las funciones principales. Dirección escénica de Emilio Sagi, inspirada en el mundo del cómic y en el cine italiano de los años cincuenta, y una memorable actuación de Pietro Spagnoli, como Mustafá.
Oviedo Filarmonía, fría
La universalidad de 'La Flauta mágica', de Mozart, admite diversas concepciones interpretativas. Desde envolverlas en un fondo simbólico filosófico a narrarla con la ingenuidad de una fábula infantil. La versión de Olivia Fush, ligera, minimalista e ingenua se acercaría a este segundo tipo. Sin embargo, esta 'Flauta' tuvo bastantes sombras, como la Orquesta Oviedo Filarmonía, algo descarnada en la cuerda y guiada por Goodwin con voluntad de estilo pero frialdad expresiva, en una versión que se recuerda como anodina.
La sorpresa de la temporada
La gran sorpresa de la Temporada fue 'Norma', de Bellini. Inicialmente iba a ser, por razones de presupuesto, en versión de concierto, es decir sin representarse. Luego se decidió quitar la orquesta del escenario, aprovechar un vestuario de otras producciones y crear un espacio escénico, que acabó siendo, bajo la dirección de Susana Gómez una escenografía escueta pero de gran fuerza simbólica y expresiva. A ello se le unió una versión orquestal correcta y sólida de la OSPA bajo la dirección de Roberto Tolomelli. La base estaba hecha, y sobre ella se erigió la altura de una gran calidad musical en las voces de Aquiles Machado, Carlo Colombara y Dolora Zajick. Y sobre todo ello, Sondra Radvanovsky como Norma llevó el belcantismo romántico a cotas sublimes. Sin duda, uno de los grandes momentos líricos de la historia del Campoamor.
El coro hace historia
La otra ópera para el recuerdo fue, como escribimos arriba, 'Peter Grimes'. El éxito de esta ópera de Britten se fundamenta en tres puntos. Acertada dirección escénica y musical de David Alden y Corrado Rovaris, con una OSPA de gran solidez y color. La excelente interpretación de los solistas, y en especial del tenor australiano Stuart Skelton, en el papel de Peter Grimes y la completa interpretación, tanto en los planos vocales como coreográficos, del Coro de la Ópera de Oviedo, que hizo la mejor intervención de su historia en el tercer acto.