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El museo de Gijón

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El museo de Gijón

05.02.12 - 02:44 -
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Para quien vive en Gijón, el Antiguo Instituto Jovellanos resulta un lugar «atopadizo». Es difícil no pasar un par de veces por las cercanías del edificio proyectado y comenzado en 1797 por el arquitecto Juan de Villanueva, y terminado un siglo más tarde por Marcos Bausá. Juan de Villanueva, del que el pasado año se cumplió el bicentenario de su muerte, acaecida tres meses antes que la de Jovellanos, estuvo vinculado a Asturias por familia -su padre fue el escultor poleso Juan de Villanueva Barbales- y amistades. Entre éstas, la que mantuvo con Jovellanos, quien le encarga para el Real Instituto de Náutica y Mineralogía un edificio «que no sea demasiado grande ni muy magnífico -escribe don Gaspar-, pero sí un edificio noble y bello, y además cómodo y conveniente a los objetos que debe alojar».
En algo más de dos siglos, los «objetos alojados», si se pueden llamar así, fueron de lo más variopintos. Desde los cientos de promociones de estudiantes, a los guardias y policías del Cuartel de la Guardia de Asalto. Sólo por referirse a los últimos cuarenta años, el edificio del Instituto de Jovellanos fue Escuela Municipal de Música y Artes, Biblioteca Municipal, Universidad Popular y, actualmente, sede de la Fundación Municipal de Cultura y Educación. Y pese a esa variedad de funciones para las que se utilizó el Instituto, creo que todavía el noble edificio de Villanueva sigue sin encontrar su función definitiva en Gijón, que debería ser la de museo o pinacoteca de la ciudad.
La política museística de Gijón ha sido un tanto dispersa. Un amigo que piensa mal dice que se hizo bajo la frase «divide y colocarás». El caso es que en Gijón, una ciudad que en 1971 sólo tenía dos museos municipales, el Museo de la Gaita y el de la Casa Natal de Jovellanos, proliferaron pequeños museos, que sin duda enriquecen la vida cultural de la ciudad pero que acarrean problemas de mantenimiento. Con la intención de organizar y estructurar esa dispersión museística se proyectó en el 2010 un «macro-conjunto» museístico en el edificio de la Tabacalera, antiguo convento de las Agustinas Recoletas. Desde los restos romanos a la historia industrial de la ciudad, pasando por los fondos del Museo Piñole y de la Casa Natal de Jovellanos, tendrían acogida en este proyecto de alto coste económico, aplazado sine die por la nueva Corporación, que, según informaba hace unos días EL COMERCIO, está redactando para la Tabacalera otro nuevo plan, más económico.
Tal vez el ambiciosísimo proyecto de reconvertir la Fábrica de Tabacos en Museo de Gijón, con una extensión de casi 7000 metros cuadrados organizados en varias salas sea inviable en tiempos de crisis. Sin embargo, estoy seguro que hacer otro proyecto en la Tabacalera, por mucho que se recorte y se cambie el proyecto original, seguro que sigue siendo más caro que adaptar el Antiguo Instituto como pinacoteca de Gijón. Sólo con trasladar las dependencias administrativas y adaptar las salas -se mantendría, por supuesto, el patio cubierto y el salón de actos para actividades- Gijón podría contar con un museo muy digno en el centro de la ciudad. Y además, como escribía Jovellanos, un edificio «cómodo y conveniente a los objetos que debe alojar».
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