La localidad canguesa de Torío, a la que se llega desde Cabielles o a través de una carretera sinuosa y empinada que se toma en la recta de El Bosque, celebró ayer con gran solemnidad su fiesta patronal en honor a San Blas. Durante la mañana hubo misa, procesión, subasta de los panes del ramo y festival folclórico, mientras que a primeras horas de la noche estaba previsto ofrecer una verbena. La aldea se presentó pulcra, en perfecto estado de revista, y adornada con multitud de banderas asturianas.
Superado el mediodía los mozos y las mozas, ataviados con los trajes de porruano y llanisca, respectivamente, se ponían en marcha en dirección a la capilla y con ellos llevaban un vistoso ramo repleto de roscos de pan artesanal. Y de la comitiva también formaba parte la agrupación folclórica 'Picos de Europa', de Cangas de Onís. De trasladar el ramo se encargaban Rogelio García Rama, Carlos Puente, Eduardo Pereira y Gonzalo Tejuca. Y a su lado iban cuatro mozas: María Sánchez, Isabel Rodríguez, Lucía Longo y Conchi Pereira, que eran portadoras de las cestillas en las que viajaban las tradicionales y apetitosas rosquillas de San Blas, que las mujeres pusieron en manos del sacerdote para su bendición durante la eucaristía.
La misa comenzó a primeras horas de la tarde y fue oficiada por el párroco, Luis Álvarez Suárez, quien explicó a los lugareños que «San Blas es el abogado de las enfermedades de garganta». Un buen recordatorio porque con el frío que hacía ayer en Torío no estaba de más encomendarse a San Blas. Los feligreses, en su mayoría, siguieron la eucaristía desde la carretera dadas las reducidas dimensiones del templo. Y el sacerdote llevó a cabo la bendición de las rosquillas que, a manos llenas, fueron distribuidas entre los presentes.
Al término de la procesión tuvo lugar un selecto festival folclórico a cargo de la agrupación canguesa dirigida por Javier Torroba Pellico. Los mayores bailaron la jota de Caldueño, la muñeira de Carcarosa, la jota de las Tabiernas, el Saltón y la muñeira de Tormaleo, mientras que los pequeños se atrevieron con el Xiringüelu, la giraldilla de Avilés y el Ringorrango. El grupo folclórico se acompañaba de instrumentos tradicionales como gaita, tambor, castañuelas, pandero, pandereta y la tradicional botella de anís rascada con una cuchara.
De subastar los panes del ramo se encargó Antonio Junco 'Lebrel' y la mañana se daba por concluida con una sesión vermú en la que no faltaron espontáneos en la interpretación de canciones del folclore regional. Y a continuación, a reunirse todos en torno a bien surtidas mesas con motivo de una fiesta recuperada en 1998.