Por muchos andamios, mucho trastorno y polvo que causen unas obras, en la Catedral las estaban deseando. Ya está en marcha la limpieza del exterior de la girola y la rehabilitación de la capilla de Covadonga. Esta semana arrancarán las de la sacristía, con especial atención al fresco de Francisco Martínez Bustamante que decora la bóveda del tambor, y las de la cubierta de la capilla de Santa Eulalia. Salvo estas últimas, que corren a cargo del Cabildo catedralicio por motivos de urgencia (supondrán un coste de 40.000 euros), el resto forman parte del Plan Director que arranca ahora después de cinco años paralizado.
Al acercarse a la girola las obras ya se perciben. La capilla de la virgen de Covadonga permanece tapada con una lona. Dentro, los operarios se afanan entre andamios para rehabilitar la bóveda y limpiar de pintura la piedra que quedará visible en la estancia ubicada en la parte más antigua de la Catedral, en la torre de San Miguel del siglo VIII. Aprovecharán, además, para hacer algunos cambios. El cabildo ha decidido retirar el retablo con la imagen de la virgen instalado en 1954. La figura volverá a su sitio, con la urna de las reliquias de San Melchor de Quirós a los pies y al otro lado la imagen del santo. Pero el retablo, una vez restaurado en el taller de Jesús Puras irá a la iglesia de Santa María de Llas de Cabrales. Entonces, en la Catedral habrá que decidir si se realiza uno más apropiado para esta estancia o si se deja la pared limpia. Eso dejaría al descubierto la entrada original a la Cámara Santa. Arqueólogos como César García de Castro, Sergio Ríos e historiadores como Vidal de la Madrid ya están estudiando cuál sería la mejor solución.
Mientras, el cementerio de peregrinos se ha convertido en una zona de obras, lleno de plásticos que protegen las tumbas junto a las que se apilan los andamios que han ido cubriendo la girola -limpio el exterior y preparado para cambiar las ventanas- y que, poco a poco, van llegando a otras zonas de la seo. Una vez finalizada esta importante intervención, el Cabildo pretende rehabilitar los cinco retablos del interior de la girola. «La intención es que se haga uno cada año», avanza el deán Benito Gallego. Pero eso lo tendrá que sufragar el propio cabildo o contar con algún ingreso privado, y será más adelante.
Con su llegada, las obras han vuelto a la Catedral, aunque continúa con actuaciones pendientes. La capilla de Los Vigiles espera una intervención reclamada que no llega y la Cámara Santa se prepara para una rehabilitación integral. Un cambio físico, tras la limpieza de toda la piedra, que irá acompañado de una reorganización. El Santo Sudario cobrará protagonismo en una nueva dependencia. Saldrá del armario para estar custodiado en una urna hermética con una atmósfera inerte que proteja el lino de la humedad de esta zona. Tomada la decisión de que seguirá mostrándose tres veces al año y que podrá verse también en la Cámara Santa, falta pensar en el diseño «para que no choque con el entorno», subraya el deán. Favila colabora en la reordenación de la capilla. Nuevo tiempos también en la seo asturiana.