Uno de cada cuatro votantes en los 'caucus' de Nevada que se celebraron el sábado era mormón y el 95% de estos votó por Mitt Romney. Con semejante muro de contención no era sorprendente que el exgobernador de Massachusetts ganara la primera batalla del Oeste, pero lo que realmente ha impresionado es el apoyo que ha recibo de las bases más conservadoras.
Romney tiene grandes dificultades para superar la imagen de moderado que han pintado de él sus rivales tras hacer carrera en el Estado de Nueva Inglaterra donde compitió con Ted Kennedy. En la mente de toda la Unión, Massachussetts es un estado liberal, imposible de ganar para un verdadero conservador. Por eso incluso en Florida, donde venció con comodidad, fue Newt Gingrich quien se llevó el mayor porcentaje de votos de los que se declaran «muy conservadores» o del Tea Party.
No fue así ayer. Por primera vez, Romney ganó la mayoría de todos los sectores, incluyendo el 49% de los «muy conservadores» y el 48% de los simpatizantes del Tea Party. Y es que lo que realmente importa a los votantes republicanos es quién es el candidato más capacitado para derrotar a Barack Obama en noviembre, cuando se celebren las elecciones generales. Esa fue la prioridad para el 44% de los votantes entrevistados a pie de urna, que favorecieron en su mayoría a Romney. El exgobernador de Massachusetts tenía también a su favor la credibilidad de haber sacado del agujero financiero las Olimpiadas de Invierno del vecino estado de Utah, lo que le hizo muy popular.
Tan clara era su ventaja en Nevada que ningún otro candidato invirtió en anuncios de televisión, lo que ha decepcionado a quienes esperaban que el primer estado del Oeste sacara a debate ciertos temas de importancia local. Igual que Gingrich prometió una colonia en la Luna en el Estado de Cabo Cañaveral, en Nevada se esperaba que abordase la escasez de agua y la crisis inmobiliaria. Con el 12,6%, Nevada es el Estado con más paro de todo el país y encabeza la lista de casas embargadas.
Pero en lugar de dejarse la piel en cada condado, Gingrich se acomodó en la pomposa reproducción de los canales de Venecia que construyese en Las Vegas su principal donante, el padrino de los casinos Sheldon Adelson. Allí ha reevaluado su estrategia de cara a un mes que no le favorecerá pero que tampoco le hará desistir.