«Vi que querían llevarse el dinero y me encerré con ellos en la cafetería sin pensarlo». Así recordaba ayer por la tarde su instintiva reacción Patricia García Fresno, camarera de El Cafetín de Aroa, en la avenida de Pablo Iglesias, cuya sangre fría impidió que dos jóvenes de nacionalidad rumana le robasen la caja del día anterior: 579 euros.
Los hechos ocurrieron a las 8.15 horas, según explica la camarera, que lleva trabajando cuatro años en la cafetería, un negocio que está abierto las 24 horas. En ese momento en el local sólo estaban ella y cuatro clientes: tres personas de nacionalidad rumana que estaban tomando algo y un español de nombre Alberto que nada tenía que ver con los anteriores.
Los rumanos eran rostros conocidos para la hostelera de 35 años «pues acostumbraban a parar por aquí». En un momento dado dos de los extranjeros iniciaron una maniobra de distracción y despiste con ella que a punto estuvo de dar resultado. «Atascaron a posta el baño de caballeros y mientras yo iba a ver lo que ocurría con uno de ellos, otro entró en la cocina y se hizo con un sobre que contenían la recaudación del día anterior», relató. Patricia se dio cuenta de la situación cuando salió del baño en busca de más herramientas para reparar la supuesta avería. Al observar que los presuntos delincuentes trataban de abandonar el negocio, le pidió al rumano que había entrado en la cocina que le devolviera de inmediato el dinero.
La reacción de éste fue entregarle el sobre vacío. Sin un solo euro. Entonces fue cuando decidió que de allí «no salía nadie» y cerró con llave. Eso sí, con ella y el resto de clientes en el interior.
Patricia, que reconoce que fue «valiente e inconsciente a partes iguales», dejó atrapados en el local a quienes trataban de robarle hasta que llegó la Policía Local de Gijón. «No pasé miedo. Estaban tranquilos y en ningún momento fueron agresivos conmigo. Sólo repetían: '¡No, por favor! ¡No, por favor!' al saber que había avisado a las fuerzas de seguridad», señala. El cliente de nacionalidad española se encargó de mantener vigilados a los otros tres y de hacerle más llevadero el trance a Patricia.
De los tres rumanos los agentes se llevaron a dos detenidos, G. F. C., de 30 años, y S. C. N., de 23, ambos sin domicilio conocido.
Sobre el aspecto de los autores del frustrado intento de robo, la camarera indica que «tenían pinta de quinquis y uno de ellos llevaba un escorpión tatuado en el cuello». Muchos clientes felicitaron ayer a Patricia por su «heroica actuación» y ella, con cierta guasa, les respondía que a partir de ahora van a tener que cambiarle el nombre de la cafetería para ponerle El Encierro.
El presidente de la Asociación de Hosteleros de Gijón y Carreño, Ricardo Álvarez, calificó de «hechos puntuales» la oleada de robos que durante las últimas semanas tiene como blanco a un buen número de negocios hosteleros y comercios de la ciudad. «Gijón es una ciudad segura a todos los efectos, si bien la falta de recursos por la situación económica puede llevar a acciones aisladas de este tipo», defendió Álvarez, quien ayer intercambió opiniones sobre este asunto con responsables de las fuerzas de seguridad en la comisión de seguimiento para la elaboración de la nueva ordenanza de convivencia ciudadana.
40.000 euros en el Ébano
En cualquier caso, el presidente de los hosteleros gijoneses aconsejó a sus compañeros de gremio adoptar una actitud preventiva y nunca tener en los establecimientos grandes sumas de dinero.
El golpe más importante hasta el momento en la hostelería local fue el perpetrado
el pasado 25 de enero en la cafetería Ébano, en la calle Matemático Pedrayes. Tres encapuchados armados se llevaron un botín de 40.000 euros tras retener a los empleados. Hasta el momento se han registrado más de una docena de asaltos en bares y restaurantes en los barrios de la ciudad, incluido el de la Llorea Golf.