Llevaba tiempo sintiéndome raro. No era miedo, malestar o angustia; era más difuso, carecía de sensaciones fuertes. Lo justificaba por las derrotas, años y avatares de una vida corriente como la mía. Pero no; era monotonía. Vivo hace años en la misma casa, llevo treinta trabajando en lo mismo, mis amigos no me olvidan tras cuarenta años, repito hábitos, me sigue gustando la tortilla de patata y, a veces, aprovecho los restos del día anterior; he pactado con mi desorden y la rutina me sienta bien. Lo llamaba estabilidad, me sentía vivo, no por la novedad, sino por la fidelidad a un proyecto. Ahora sé que padezco un mal incurable: monotonía; el mundo pide movilidad y diversión. Mi mal se ha cronificado y merece una terapia agresiva para zanjarlo de raíz.
El nuevo político viene a salvarnos. Inútil para gestionar la res pública, disecciona la privada. Elegido por poderes anónimos, representa a todos; se llama tecnócrata -no es de izquierdas o derechas, sino todo lo contrario-. El último, Monti, tiene la clave: somos muy aburridos. Para salvar a los jóvenes les aconseja «acostumbrarse a no tener un puesto de trabajo fijo para toda la vida. ¡Qué monotonía! Es más bonito aceptar nuevos desafíos». Además, combatirá el 'apartheid' entre trabajador fijo y parado, liquidando el derecho a reclamar contra el despido improcedente para -literalmente- achicar la brecha entre ellos. Igualdad, todos merecen idéntica consideración: ninguna. Procede que sea procedente el despido improcedente.
Todo es tan surrealista que el ciudadano es tratado como realidad virtual por estos terapeutas. Blindan contratos los que consideran privilegio el derecho, tiran de la palabra 'apartheid' para dividir trabajadores mientras legalizan la discriminación al emigrante, llaman aventura a la expulsión juvenil del mercado laboral y de su casa, e identifican sanear y amputar. Empezaron jugando al Monopoly, echando números; ahora cultivan el campo literario y se divierten con el Scatergori inventando, reutilizando palabras para esa jerga que crea un nuevo mundo tras liquidar y derribar el anterior. Malestar por bienestar.
Europa es una especie de hospital de campaña en manos de curanderos con traje de médico. Las especialidades varían entre cirujanos que prefieren extirpar y quienes juega a la sanidad preventiva tipo Monti. Joven, aburre trabajar siempre, y en lo mismo, más. Quizá por fin tengamos la causa del paro. Es la alternativa revolucionaria a la monotonía laboral; la gente tiene derecho a hacer su vida más divertida, confirmando que la vida -laboral- son dos días. Tenía la sensación de que la imbecilidad cotizaba al alza. Confirmado. Gracias, Monti. Tu valentía y sinceridad abren vías de futuro.