A mi entender, el mejor político sería aquel que consiguiera mantener a la población contenta y además no realizara cambio alguno, simplemente mantuviera lo que el anterior político le dejó y, en 1a medida de lo posible, optimizara eso que había. Y si algo cambiara, que lo haga bien, con sentido de la responsabilidad. El pueblo sentirá que tiene un buen gobernante.
Viene todo esto a cuento de que, en el número de EL COMERCIO correspondiente al 15 de enero, la concejala popular de Siero, Pilar Domínguez, nos endilga un artículo titulado 'Me voy haciendo mayor', en el que nos hace ver su malestar por la actual política que vive el municipio. Dice que no sabe lo que le pasa, que ve cosas que suceden a su lado muy distintas a lo que hace años conocía como buenas y que hace falta una llamada a los afiliados de su partido -hoy divididos- a que se instaure un clima más distendido y se intente dejar aquello que desune para así aprovechar lo que une y volver a ser ese grupo político que siempre fue, muy positivo y valorado y que no tenía otra finalidad que trabajar para hacer mejor la vida de los vecinos.
Pero no es solo eso lo que le hace ver cambiada la Pola. La señora Domínguez nos recuerda aquel precioso muro de piedra que separaba la finca de Guisasola de la iglesia, que se vino abajo en la obra de la plaza de la Libertad. Al no alcanzar acuerdo en las negociaciones, se levantó sin licencia el muro, detonante de la agria polémica que mantiene el Consistorio y la parroquia, intuyendo que, al paso que vamos, va a quedar enquistada, si no lo esta ya.
En su escrito, la edil popular se lamenta de tener una prensa que no se preocupa por enterarse de que nunca hubo un paso entre las dos plazas, se hable de hacer un nuevo muro como si nunca lo hubiera habido y de que no se protestara con la misma vehemencia como lo hace ahora el mismo equipo que consintió el derribo. No le sobra la razón, el ciudadano común corre el riesgo de no comprender del todo este conflicto que emerge de la falta de un paso que obliga a los vecinos de la plaza de la Libertad y de las calles aledañas, como son Ería del Hospital o Ildefonso Sánchez del Río, a dar un enorme rodeo. Pero, como bien decía la señora Domínguez, los vecinos que compraron en esta plaza fueron engañados por la constructora, que les dio comunicación con la calle Celleruelo. Son cosas curiosas que pasan.
La parroquia denunció en su día el derribo sin autorización del muro lateral que protegía la iglesia; la concejala de Urbanismo, Marta Pulgar, dijo que la orden del derribo no partió del Ayuntamiento de Siero; la Policía investiga lo sucedido. El muro se vino abajo con motivo de las obras. Urbanismo se reúne con la empresa para aclarar los hechos. La concejala Marta Pulgar, que no sabe lo que pasó, pero apunta la posibilidad de que haya que reconstruirlo de no llegar a un acuerdo. Un vecino denuncia la obra del muro y el concejal de Urbanismo, Julio Carretero, que hay que derribarlo porque no tiene licencia. Y volvemos a lo de siempre, lo del papelín, permiso, autorización, licencia y volante... Y poco a poco pasa el tiempo y nos olvidamos de que la constructora llevó a cabo su proyecto sin alcanzar acuerdo en la cesión del paso.