El ariete del Real Avilés, Miguel López-Cedrón, volvió el domingo a los terrenos de juego en el encuentro que enfrentó al Real Avilés y al Navarro en el Suárez Puerta, tras dos meses en el dique seco debido a su operación en el adductor.
Fue salir y besar el santo. Sustituyó a Milio a ocho minutos para el final y de sus botas nació la jugada que dio lugar al trascendental gol de Sietes. «No podría haber salido mejor: volver a jugar y además participar en el tanto de una remontada tan importante», reconocía el atacante en la sala de prensa al final del choque.
Regresa así una pieza clave del conjunto blanquiazul, y no sólo sobre el terreno de juego, sino también en el vestuario. Junto a Juan Díaz, Sietes y Boris, es uno de los pilares sobre los que se apoya el cuerpo técnico para llevar a buen puerto la nave realavilesina.
Ricardo Bango hablaba el domingo en rueda de prensa de presión y tensión ambiental, sensaciones conocidas por Miguel, que vivió en Oviedo una de las peores etapas de su carrera. «La verdad es que de todos los sitios en los que he estado, este es en el que menos presión he tenido. No nos podemos quejar de la gente porque nos están apoyando muchísimo y esperamos conseguir el ascenso para agradecer todo su esfuerzo», explica el delantero.
Miguel vuelve al equipo para sumar en lo que resta de temporada, y espera estar en el mejor momento de forma para la liguilla de ascenso, a la cual quiere acceder como primer clasificado. «Es cierto que el Langreo está apretando desde el tercer puesto, pero nosotros sólo tenemos en mente el liderato. Ahora mismo el Caudal está a cinco puntos, tienen pendiente un partido muy complicado contra el Tuilla en El Candín y esta situación no es nueva para nosotros. Ya los tuvimos bastante lejos en la primera vuelta y al final estuvimos a punto de superarlos, por lo que hay que seguir. Tenemos que ganar todos los partidos que quedan y si lo conseguimos seguro que somos campeones», sostiene.
De cualquier forma, Miguel también confía en su equipo de cara al ascenso aunque no consigan alzarse con el primer puesto. «Pasar tres eliminatorias siempre es complicado, no hay duda, pero si hay un equipo que lo puede lograr es el nuestro. Tenemos una plantilla amplia y con calidad y muy buen ambiente en el vestuario, circunstancias claves para conseguir lo que nos hemos propuesto», reconoce.
Según la planificación
Igualmente, el '21' blanquiazul no esconde que «ahora mismo estamos atravesando una mala racha, pero es normal. La planificación está pensada para llegar en las mejores condiciones posibles a mayo y todo está dentro de lo previsto. Sería contraproducente estár al cien por cien en este momento».
En cuanto al partido del domingo ante el Covadonga, Miguel se encuentra en buenas condiciones para ser de la partida. «No sé si estaré para todo el partido o para unos minutos, el míster será el que decida. El otro día tuve buenas sensaciones, pero tampoco estaba para muchos minutos más. La recuperación ha sido buena, cada vez me encuentro mejor y ojalá esté pronto a mi mejor nivel», expone el futbolista.
El José Antonio Rabanal, campo del conjunto ovetense, es de hierba sintética, una superficie poco propicia para las condiciones físicas de Miguel. «Es cierto que no es una superficie que me guste, pero hay que adaptarse a todo. Por suerte hay pocos campos así en Tercera. De cualquier forma, entrenamos toda la semana en sintético, por lo que no hay excusas. Hay que salir a ganar en todos los campos como hemos hecho hasta ahora y debemos seguir así hasta el final para lograr ser primeros», sentencia.
Miguel suma cuatro goles y y cuatro asistencias en lo que va de temporada. Ha disputado dieciocho partidos, diecisiete de ellos como titular. Sus últimos minutos antes de la lesión se produjeron en el partido ante el Navia, del que se tuvo que retirar antes del descanso pese a haber sido infiltrado, lo mismo que se vio obligado a hacer en la jornada anterior frente al Tuilla.
En la primera parte de la temporada fue uno de los jugadores más importantes del Avilés, no tanto por sus números como por su incansable trabajo para beneficio del equipo. El de Llanera es un auténtico quebradero de cabeza para sus marcadores, que deben recurrir a todo tipo de faltas para pararlo. Es un maestro en el juego de espaldas y, con el público a su favor desde su llegada a la ciudad, está rememorado al jugador que brilló en El Molinón.