Casi quinientos años después de que Martín Lutero clavara sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg, y de que a los pocos meses este fraile rebelde quemara públicamente la bula 'Exurge Domine', mediante la cual el papa León X le advertía del riesgo de excomunión, llega a Candás -a la por siempre devota, mariana y tradicional villa del Cristo- una Comunidad Evangélica Protestante. Casi quinientos años de desencuentros y terribles guerras entre católicos y protestantes fueron dejando miles de muertos en todas las naciones de Europa y también en muchos otros continentes. España, tan amiga de la hoguera, con clérigos absolviendo a los reos con mano en forma de hacha para el tajo y con enlutados monarcas que producían pavor presidiendo los autos de fe, fue adalid en la persecución y caza de los llamados herejes.
Salvador Ros Paschoal, pastor de la proto Comunidad Evangélica candasina, y yo comemos sopa y garbanzos en el chigre del Nano. Salvador (nombre tal vez providencial para unos tiempos de cansancio espiritual y aborrecimiento de lo religioso) es un hombre joven, tiene 42 años, casado y con dos hijos, es brasileño, de padre español, y vive en España desde hace 13 años. Antes fue misionero en zonas deprimidas del Brasil. El pastor, que reside en Gijón, escucha las preguntas que le hago con atención, y responde a ellas tranquila y pausadamente. «A Candás no venimos a vender nada, ni a poner ningún letrero en el lugar donde nos reunimos, porque nos parece que sería violento, ni tampoco a decir que poseemos la verdad absoluta. Sólo pretendemos que las personas vuelvan a tener fe, si es que no la tienen o la han perdido. Primero, fe en sí mismos, luego fe en los demás y también en las cosas que no se ven, como, por ejemplo, Dios, al que podemos conocer a través de las enseñanzas de su Hijo Jesucristo. Esa es la razón por la que estamos en Candás. Además, nuestro local no es un lugar sólo para el culto, sino para actividades diversas: reuniones de gente mayor, jóvenes, actividades lúdicas. Y no tenemos ningún miedo a los tiempos, aunque sabemos que han cambiado mucho. La Biblia es como un manual para nosotros, porque, a pesar de que pueda tener aspectos difíciles de entender, y hasta aparentemente contradictorios, descubrimos en ella que Dios y su Hijo Jesucristo es fuente de vida y de verdad».
Nano llega con una sopera llena de caldo y una fuentona de garbanzos, que deja a nuestra merced. Y en amor y compaña nos ponemos a comer un puchero soberano, con compango de la 'Martona'. Quinientos años han tenido que pasar. Pero nunca es tarde, si la dicha es buena.