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Cascos: víctima por ser verdugo

08.02.12 - 02:45 -
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Como somos personas normales, todos sentimos la necesidad de reducir los grandes debates públicos a una dimensión más nuestra, más comprensible, en definitiva, más humana. Pero esto que digo no es malo; no es malo en absoluto. Tomar decisiones correctas -en la política y en la vida- implica procesar un montón de información complicada y resumirla en una o dos preguntas esenciales. Una o dos, no hay lugar para más: así son las elecciones y así es la vida. Y en este sentido, si me lo permiten, creo que una de las grandes cuestiones que vamos a tener que resolver en estas próximas elecciones autonómicas consiste en saber si nuestro presidente es un verdugo o una víctima de toda esta situación. Es decir, si Álvarez-Cascos es un verdugo intransigente que no quiere pactar con la oposición y por eso tiene que disolver el Parlamento. O si, por el contrario, es la oposición la que quiere decapitar a Cascos no pactando con él y eso es lo que le lleva a disolver el parlamento. Queramos o no, ahí es donde se está centrando gran parte del debate: en el carácter de nuestro presidente, en su forma de ser, en su talante. Ser o no ser un elefante en la cacharrería; ésa es la cuestión. O, por lo menos, eso es lo que se está discutiendo ahora mismo en la calle. ¿Es Cascos un intransigente que no sabe pactar? ¿O es una víctima indomable de una clase política que no admite cambios? ¿Es un autoritario que nunca podrá gobernar en minoría? ¿O es el verdugo de un régimen corrupto? ¿Es un incompetente que mientras está en el Gobierno solo echa balones fuera? ¿O es la oposición la que, con sus negativas, mantiene paralizada a la administración? Esas van a ser, en mi opinión, algunas de las claves que van a inclinar la balanza.
El rumor es un arma muy poderosa y resulta fácil generar imágenes esteriotipadas de las personas públicas. Demasiado fácil. Todos sabemos que a Cascos, cuando era secretario general del PP, lo llamaban «el general secretario» por lo mucho que mandaba. Y también conocemos el famoso vídeo de campaña del PSOE en el que se le intentaba identificar con un dóberman rabioso. Esos son los lugares comunes y eso es lo que muchas veces queda. Es verdad. Pero, tópicos aparte, les invito a que reflexionen conmigo sobre los hechos. Los hechos son mucho más fáciles de comprobar y mucho más demostrables que los rumores. Y, en este sentido, les animo a que me digan si conocen una sola declaración extemporánea de Cascos en este último año y medio. Les reto a que me citen una sola interpelación suya que pueda calificase como salida de pata de banco. Les pido que me enseñen un solo insulto que haya salido de su boca. ¿Les consta alguno? A mí, la verdad, no. Dejémonos entonces de tonterías, de tópicos y de lugares comunes y ciñámonos a las evidencias. Y las evidencias demuestran que Álvarez-Cascos se está comportando de forma respetuosa y rigurosa. ¿O me lo estoy inventando?
Cascos tiene fama de intransigente y de autoritario -de acuerdo- pero no fue su presunto mal talante es que impidió que fuera el candidato del partido popular a las pasadas elecciones. Durante meses, Cascos aguantó estoicamente que lo ningunearan y no levantó la voz ni armó ningún escándalo. Se limitó a enviar cuatro cartas al órgano competente y esperó respuesta sin obtenerla. No aceptó componendas ni pactos de silencio sobre corrupciones pasadas y esa misma forma de proceder -con firmeza pero sin insultos, ni calumnias ni provocaciones- es la misma que lleva manteniendo todo este último año y medio, como candidato, como presidente y ahora otra vez como candidato. ¿Es eso ser un intransigente? ¿Es eso romper la baraja? ¿Es eso ladrar como un dóberman? No, no lo es: eso es ser un paisano. Por el contrario, en todo este año convulso, hubo una serie de declaraciones públicas hechas por la oposición de naturaleza muy diferente y les pongo solo dos casos. Primer ejemplo, declaraciones en prensa de Jesús Gutiérrez, número dos del PSOE asturiano: La victoria de Foro supone la «entrada de la extrema derecha en España». Casi nada. Y, segundo ejemplo; carta a los medios de Gabino de Lorenzo, número (bueno, no sé, pongan ustedes lo que quieran) del PP asturiano: «Los partidarios de Cascos actúan con métodos propios de la ultra-izquierda, rayan la kale borroka». En fin, como digo, son dos ejemplos nada más, pero creo que hablan por sí mismos y, en definitiva, nos permiten hacer comparaciones del tamaño de la boca de cada uno.
Por eso, insisto en que, en asuntos tan graves como estos, no podemos dejarnos llevar por las tonterías y los lugares comunes y debemos acudir a las evidencias. Tan simple como eso: frente a la oscuridad, luz; frente a los rumores, hechos. Decidan ustedes mismos.
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