Cordobés de nacimiento (Lucena, 1950) y jienense durante su infancia, pues Rafael Álvarez 'El Brujo' se crió en Torredonjimeno, el actor que diera vida a 'Búfalo', junto a Paco Rabal, en la serie 'Juncal', quedó hechizado por los escenarios desde muy pronto. Formado en la Real Escuela Superior de Arte Dramático, ha hecho inolvidable su presencia en las tablas con 'El lazarillo de Tormes', 'La taberna fantástica' o 'Los misterios de El Quijote'. Este sábado vuelve a Asturias con 'El testigo'. Será a las 20.30 horas en el Teatro de la Laboral de Gijón.
-¿De qué da testimonio 'El testigo'?
-De la vida de un genial cantaor flamenco, Miguel Pantalón, contada por otro cantaor en primera persona.
-¿Existió Miguel Pantalón?
-No. Según me contó Fernando Quiñones, lo compuso a partir de diferentes cantaores, como Rancapino y otros no tan conocidos.
-Usted ha dicho que el cante flamenco es puro pensamiento. ¿Una filosofía?
-Una filosofía de la vida y de una actitud ante el arte, que puede no ser culta en un sentido convencional, pero al mismo tiempo, es profunda y potente, radical e íntegra. Se advierte, por ejemplo, en Enrique Morente, quien elevó su categoría y dimensión estética.
-¿Han evolucionado por igual el cante, el baile y la guitarra flamenca?
-La guitarra vivió una evolución imponente con Paco de Lucía. Después, no ha habido rupturas semejantes. Hay excelentes guitarristas, como Tomatito, pero que no han ido más allá de Paco. El baile, sí, con Sara Baras, Rafael Amargo, Joaquín Cortés..., que han hecho una difusión más comercial.
-¿La comercialidad puede perjudicar las esencias?
-Eso depende de quien lo haga. Un cantaor que no es bueno, aunque se arranque por soleás o tarantas, sigue sin ser bueno. Un cantaor bueno puede hacer flamencos a Los Beatles.
-El teatro ha sido a lo largo de la historia un testigo crítico de su tiempo. ¿En esta época de crisis, la denuncia o la sufre?
-El teatro estaba en crisis antes de la crisis. Y me parece que ya no nos atrevemos ni a decir que estamos aquí... Hay compañías a las que los ayuntamientos les adeudan representaciones hace más de un año. Tienen que cerrar el negocio, claro. Entretanto, el Ministerio de Cultura proclama que los toros serán patrimonio cultural. Me parece vergonzoso. Que protejan los toros, vale, pero que las compañías teatrales no tengan que desaparecer. Y no hablo de subvenciones, sino de la remuneración por un trabajo.
-El pasado mes de noviembre abrió las XXXVIII Jornadas de Teatro, en Langreo, con 'Mujeres de Shakespeare', dentro de un programa de fomento de la igualdad de géneros. ¿Corremos el riesgo de retroceder en ese terreno?
-La igualdad de géneros es más sencilla entre las clases altas, por el nivel de instrucción y las posibilidades laborales de las mujeres. Quiero decir que no es lo mismo María Teresa de la Vega que su sirvienta.
-Para no quedarnos con mal sabor de boca, ¿se puede considerar que el teatro es el eterno agonizante que pese a todo conserva una salud aceptable?
-Bueno, digamos que parte de la grandeza del teatro reside en su estado agónico, que le proporciona encanto y mitología. Donde otros ponen alfombras rojas, nosotros tenemos baúles y miseria... poética.