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Educación Cívica y Constitucional

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Educación Cívica y Constitucional

09.02.12 - 02:44 -
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El clásico latino Horacio, en su 'Epístola al joven Lalio', que estudiaba la 'Ilíada' y la 'Odisea', extrae de Homero las lecciones morales de que debe empaparse un adolescente, si quiere evitar a lo largo de toda su vida las desgracias que traen consigo las pasiones y los vicios. Tras recordarle el conocido adagio de que «quien ha comenzado, tiene ya hecha la mitad», le lanza este reto: «Atrévete a saber. Empieza». Entiende por saber, saber vivir, conocer lo que está bien y hacerlo; ser prudente, saborear la virtud.
Este documento del humanismo clásico une a la formación de la inteligencia -buenas ideas- la educación de los sentimientos y la práctica de las virtudes. Porque no basta con saber de las diversas materias que se estudian para ser útil a la sociedad y desempeñar una profesión u oficio, sino que es necesario conocer los valores, derechos y deberes cívicos y constitucionales, europeos y autonómicos, que posibilitan el desarrollo de la personalidad y la convivencia. Pero un aprendizaje memorístico y superficial de normas y leyes se queda corto; hay que conocer los fundamentos racionales y morales que las justifican; el marco universal de la dignidad humana en que se inscriben. Además, el conocimiento de las ideas correctas no es suficiente, hay que educar los sentimientos, inseparables de ellas, y fomentar las buenas prácticas, raíces de las buenas costumbres. Sin estas últimas, las leyes, normas y reglamentos poco pueden hacer. Tal es el objetivo de esta nueva, o mejor renovada, asignatura que, contando con la inteligencia y voluntad del estudiante, ha de estar tan lejos del sectarismo como del adoctrinamiento.
En esta epístola moral, el autor ataja varios pecados capitales, como la ira -«locura breve»-, la lujuria, la envidia -que esclaviza y debilita-, la avaricia -que empobrece: «el avaro siempre es pobre»-, con el dominio de sí mismo desde la adolescencia, porque «la vasija conserva largo tiempo el perfume del licor que primero ha contenido», dice.
Esperemos que esta nueva orientación de una materia tan necesaria hoy sea el núcleo de la educación en valores, porque también en este campo, y sobre todo en él, está visto y comprobado que «los delirios de los gobernantes los pagan los pueblos», como leemos en la citada carta.
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