En estos últimos días, la Consejería de Agroganadería y Recursos Autóctonos está enviando unas cartas a ganaderos que han presentado diversas reclamaciones por daños de los lobos en su cabaña ganadera, concretamente en explotaciones de equino.
Una de estas misivas a la que ha tenido acceso quien suscribe, es del siguiente tenor literal: «Por la presente se le recuerda que como titular de la explotación ganadera número..., usted es responsable del cuidado y manejo de sus animales, por lo que se le advierte de que, en caso de seguir exponiendo los potros de su explotación al ataque de los lobos con la consecuencia de la muerte de los mismos, por parte de este servicio se le imputaría falta de cuidados de sus animales, procediendo a abrir expediente sancionador por infracción muy grave (sanciones entre 6.000 y 100.000 euros) según el artículo 14. 1. b) de la Ley 32/2007 de Cuidados de los Animales: El incumplimiento de las obligaciones exigidas por las normas de protección animal en cuanto al cuidado y manejo de los animales, cuando concurra la intención de provocar la tortura o muerte de los mismos».
Ante esta dantesca situación, dos cosas están claras: la primera, que estamos ante una superpoblación de lobos en determinadas zonas que está ejerciendo (hasta el colectivo de cazadores se ha quejado hace pocos días) una gran presión sobre la cabaña ganadera, cuyo manejo es extensivo y fundamentalmente en las crías por su indefensión. La segunda, que la carta apercibe al denunciante de que puede acabar siendo él quien acabe denunciado.
Resultaría hipócrita por mi parte si no reconociese que, de un tiempo a esta parte, se escuchan rumores de que ciertos pseudoganaderos se dedican a soltar potros al monte con la seguridad de que en pocos días, cuando se acerquen a verlos, únicamente encontrarán sus restos.
Con todo esto quiero decir dos cosas: primera, que he hablado de 'rumores', no tengo pruebas, y segunda, que si los responsables de la Consejería de Agroganadería albergan sospechas de prácticas ilegales por parte de determinados desaprensivos, a los cuales me niego a llamar ganaderos, lo que deben hacer es poner en marcha, de forma inmediata, una exhaustiva investigación que aclare esta situación, porque, de lo contrario, estaremos cometiendo dos errores: no afrontar de la manera adecuada la grave problemática de la superpoblación de lobos en estos momentos y permitir que paguen justos por pecadores.
Los ataques de los lobos provocan graves daños económicos a las explotaciones ganaderas que no solo se limitan a la pérdida del animal, sino que también provocan en el ganado abortos, estrés, pérdida de producción de leche, etcétera. Mucho dinero que el ganadero deja de ingresar en unos momentos en los que ya no se puede permitir mas pérdidas económicas.