No cabe la menor duda de que la crisis mundial que estamos atravesando mete miedo, y creo que ni los nuevos gobernantes tienen soluciones ciertas para salir de ella. A esto hay que añadir la otra crisis, la nuestra, la nacional, que aumenta por culpa, dicen, de la 'burbuja inmobiliaria' y del cierre crediticio de los bancos. Pero la causa principal es el no saber, o no querer saber, por parte del anterior Gobierno, de su existencia y pretender, tarde y sin ideas, contener esta situación que borró del campo de nuestra economía a pequeñas, medianas y grandes empresas, ocasionando casi seis millones de parados. Además, están las corrupciones y el 'dinero negro', es decir, los robos a 'mano larga' y sin castigo la mayoría de las veces, ya que se queda en aquello de ¡aquí no pasa nada! Con todo esto, acaso la autonomía asturiana sea una de las más afectadas por la crisis, porque hace ya muchos años que está metida en ella y es posible que los árboles no nos hayan dejado ver el bosque. De Asturias fueron desapareciendo poco a poco (sumiendo a nuestra región en una autonomía sin recursos propios) la mayoría de los astilleros, la pesca de altura y de bajura (pese a los más de 200 kilómetros de costa) y el carbón. Y la ganadería, la agricultura y la industria transformadora sobreviven a duras penas. Para el recuerdo han quedado las fábricas de camisas y géneros de punto que nos dieron prestigio en todos los mercados españoles y aquella Universidad Laboral que ha sido convertida en algo que ni es universidad ni es laboral, sino una serie de 'cosas' que, más que enaltecerla, la han convertido en un mausoleo. Y qué decir de El Musel que, según los entendidos, no se sabe si es un puerto petrolero, granelero o de cruceros, o de la industria pesada que ya no es nuestra. ¡Qué pena de autonomía! Pero, ¡qué más da! Con una población envejecida, con muy pocos nacimientos, con el comercio cerrando cada día, con edificios que llevan varios años sin terminar y sin vender, súmense unos políticos antagónicos que se unen para derribar al ganador de la mayoría, aunque no fuera absoluta. Tenemos viejos políticos sin sentido que no les preocupa salvar a Asturias, sino que no les quiten la poltrona y demás bicocas, de las que muchos llevan disfrutando décadas. Sigamos así jugando a indios y vaqueros cuando ya apenas hay películas de este tipo. ¡Qué bien! Entendamos de una puñetera vez que solo con las navajas de Taramundi, las fresas de Candamo y el queso de Cabrales no podemos plantarnos en el mundo comercial fuera de nuestras fronteras. ¡Qué más da!