Técnicamente se denomina «cruce de facturas», «triangulación de facturas» o «autocontratación fraudulenta». Es un mecanismo simple muy conocido por los agentes antifraude y que consiste en que se vacían las arcas de una empresa con una lluvia de facturas por trabajos hinchados o simplemente ficticios que emiten otra u otras sociedades que, en realidad, son propiedad del mismo dueño que dirige la empresa matriz. Esa maniobra habitualmente persigue un doble objetivo: defraudar a Hacienda llevando a una empresa a números rojos forzados y transferir el dinero a alguien que, en principio, quiere ocultar su enriquecimiento.
Ese es el resumen del 'caso Nóos', según los últimos informes entregados al Juzgado de Instrucción número 3 de Palma. La investigación considera acreditado que Iñaki Urdangarin y su socio en el instituto bajo sospecha, Diego Torres, se metieron en sus bolsillos, gracias a la «triangulación», 5.011.568 euros procedentes de una entidad que oficialmente no tenía ánimo de lucro, el Instituto Nóos. Esa cantidad, procedente en gran parte de los concursos adjudicados a dedo por los gobiernos de Jaume Matas y Francisco Camps, es la suma del dinero que las tres empresas de los dos socios -Aizoon, propiedad de los duques de Palma; Nóos Consultoría, a nombre de Urdangarin y Torres, y Virtual Estrategies, de este último- facturaron a Nóos por trabajos que, en la mayoría de los casos, ni siquiera se llegaron a realizar.
Según las estimaciones de la Policía Judicial y Hacienda, entre el 30 y 40% de los 16 millones que el Instituto Nóos cobró entre 2002 y 2010 de 103 entidades públicas y privadas terminó en las cuentas de las empresas personales de los dos socios a base de 'autocontratarse' continuamente.
Años de esplendor
De acuerdo con la investigación, en los años de esplendor del Instituto Nóos, los de los fórum deportivos de Baleares y Valencia organizados entre 2004 y 2006, antes de que la Zarzuela ordenara a Urdangarin abandonar la ONG, el desvío alcanzó porcentajes mucho mayores. Como botón de muestra baste Aizoon: en su primer año de vida la empresa de los duques de Palma facturó 332.220 euros, de los cuales 313.137 procedieron de Nóos.
O lo que es lo mismo, la firma vivía en un 94% del dinero que se desviaba desde la ONG gracias a facturas que nada o poco tenían que ver con el negocio inmobiliario, objeto social de la compañía de Urdangarin y la infanta Cristina. Al año siguiente, la empresa de los duques facturó 568.645 euros, de los que 489.035 venían, cómo no, de Nóos, y que supusieron el 86% de su negocio. Las estimaciones policiales apuntan a que en esos primeros años, setenta de cada cien euros que entraban en el instituto sin ánimo de lucro terminaron en las arcas de los socios.