Un año más, la mujeres católicas de Manos Unidas, en su 53 Campaña Contra el Hambre, que se celebra el 12 de febrero, Día del Ayuno Voluntario, nos da un toque de atención para comprometernos en su lucha contra la injusticia y la explotación, especialmente, de mujeres y niños, no sólo en el llamado eufemísticamente Tercer Mundo. El lema con el que nos quieren concienciar estas mujeres, casi todas ellas anónimas, pero fuertemente comprometidas con los valores de la misericordia y caridad cristianos, que son mucha más que una solidaridad políticamente correcta y que no obliga a casa nada, es: 'La salud, derecho de todos. ¡Actúa!'. Estas mujeres tienen un gran sentido de la realidad, por eso han asumido como propio el sexto objetivo del milenio: combatir el VIH/sida, el paludismo y otras enfermedades.
Sin embargo, en la lucha contra la enfermedad, a pesar de los satisfactorios logros, aún quedan grandes retos, pues los avances en la medicina y en la farmacología no llegan a muchos lugares del planeta. Así, Manos Unidas afirma en la campaña de este año que existen otras enfermedades de las que la comunidad internacional no se acuerda o mira para otra parte y de las que ni los gobiernos ni las industrias farmacéuticas se ocupan, porque luchar en favor de los que las padecen no es rentable.
La denuncia de Manos Unidas es más dura por más que necesaria porque nos hemos acostumbrados a convivir con la fatalidad de que hay enfermedades de ricos y de pobres, una mentalidad que agrava la injusticia. Manos Unidas se proponen luchar, desde el llamado Primer Mundo, para que no haya enfermedades de pobres. Por eso sus programas se basan en conseguir para esos países algo tan elemental como el acceso al agua potable, a los alimentos elementales y a sistemas sanitarios.
Manos Unidas, con su espíritu realista y comprometido, demuestra que el objetivo del milenio en materia de salud no se puede cumplir si no se lucha contra la pobreza. Una acción solidaria contra la pobreza contribuiría a considerar la enfermedad no como algo fatal e imposible de paliar en los países más pobres y olvidados.
Manos Unidas, desde que obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, siempre ha encontrado en Asturias simpatía y solidaridad, aun cuando esta región esté atravesando una crisis de identidad sin precedentes, de la que sólo puede salir con el compromiso de los asturianos.