Marta Renedo es una empleada pública, inocente, cesada «temporalmente» y «a tratamiento psicológico porque tiene un problema de ludopatía» desde 2007. Aquel año trabajaba en la Consejería de Cultura y encontró su perdición: dos mujeres acudieron a ella indicando que tenían «una serie de contratos en la anterior legislatura sin ejecutar y facturas sin pagar». Una se llamaba Pilar F. y «puede tener casi 50 años», «era autónoma y hacía trabajos en esa consejería, tenía contactos ahí»; su empresa es Oxiplans S. L.. Su acompañante «se identificó como Azucena V., amenazó con denunciar si no se le pagaban las facturas», regentaba la sociedad Digtec.
Renedo, jefa de servicio del Principado, accedió a solucionar el problema, gestión por la que sería recompensada: Pilar decidió abrir una cuenta corriente a nombre de su compañera Azucena y generosamente dio a la funcionaria una tarjeta de débito asociada a la libreta. «La acepté porque les había facilitado la labor», explicaría la funcionaria. Tras retirar algún dinero de los cajeros («no recuerdo la cantidad exacta»), Marta Renedo recobró el juicio y devolvió la tarjeta «porque no era mía». Pese a todo, no quedó del todo desligada de la libreta de marras porque a la hora de abrirla, Pilar indicó a Bankinter que las cartas las enviaran al piso familiar de Renedo.
El episodio fue pues azaroso, pero la jefa de servicio siguió confiando en Pilar, prestándole dinero incluso. Eso explica por qué más tarde la susodicha haría trasferencias a una de las cuentas de la funcionaria, una que tiene a medias con su marido.
Quizás contagiada por el espíritu emprendedor de Pilar, a mediados de 2008 la jefa de servicio optó por fundar su propia mercantil, Implan Mounts S. L.. La sociedad se iba a consagrar a los «servicios de telecomunicaciones, informáticos, archivos», materias en las que Renedo, funcionaria del Cuerpo Superior por la rama de Derecho, dice «tener conocimientos». Desde su puesto como funcionaria promovió la adjudicación de encargos a su empresa privada por más de 663.600 euros. Eran servicios «muy simples» y «se hicieron casi todos». Los ejecutaba la propia Marta, «por las noches, cuando podía». Los emolumentos obtenidos le permitieron dar de alta como empleados a un abogado, su mujer, la profesora de inglés de sus hijas y una administrativa. Compra al contado y por 430.000 euros un piso en el centro de Oviedo; desde Implan Mounts patrocina al club de baloncesto en el que jugaba una de sus hijas. La cosa funciona y su vieja aliada vuelve a escena: Pilar «iba a entrar» como accionista, aunque la forma elegida era «pagando mobiliario». Su marido, por cierto, ignoraba todo esto, «no sabía que tenía una empresa».
Así era la vida de Marta Renedo cuando en febrero de 2010 recibió la llamada de una gijonesa que dijo llamarse Azucena V. Dos veces la verá, extrañándose la funcionaria de que «no es la misma persona que le habían presentado anteriormente», en 2007. Ésta nueva Azucena le cuenta que tiene un problema con Hacienda, y la funcionaria se «alarma y trata de averiguar qué pasa realmente». Intuye que «se trata de un error de facturación» pero su interlocutora le señala que más allá de eso, ha descubierto que alguien abrió a su nombre una cuenta en Bankinter.
La funcionaria tuvo «poco tiempo para revisar lo que había pasado realmente», pero solicita a Azucena que no acuda a la policía «hasta que hubiese comprobado todo». El 9 de febrero intenta verse con la gijonesa, pero ésta no le coge el teléfono. Intenta entonces avisarla con mensajes al móvil: «Entiendo q no querais hablar conmigo. Lo siento mucho y quiero arreglarlo. por favor no puedo mas». Luego otro: «P favor solo quiero contaros todo lo q se. P favor tengo hijos y tb me han engañado. estoy fatal». Y otro: «2 minutos para decirte toda la verdad soy tb una victima. Por dios». El último es el más breve: «Por favor». Azucena sale azorada de su domicilio y en la puerta se topa con Renedo. La funcionaria la perseguirá «por varias calles, llegando a ser identificada por una patrulla policial», reconoce.
Una defensa a medida
Esta es la versión que del 'caso Renedo' sostiene la propia Marta Renedo. Las frases y argumentaciones hasta aquí expuestas proceden de las respuestas que ofreció a la magistrada-juez Ana López Pandiella en un interrogatorio celebrado el 26 de enero de 2011 y al que compareció tras pasar la noche en los calabozos. Las preguntas las formularon la instructora, los letrados Graciela Lagunilla, Juan Serra y el defensor, Luis Tuero. Pese a la inocencia que defiende este relato, la funcionaria lo concluyó matizando que intentó vender el piso de Oviedo y «reintegrar a la administración pública este dinero».
El pasado 18 de enero, y ante el magistrado-juez Ángel Sorando Pinilla, Marta se ratificó en los mismos argumentos. Lo hizo tras estudiar el sumario en el que se acumulan los presuntos indicios en su contra. La instrucción determinó por ejemplo que sí, Pilar F. existe y es «una mujer de nacionalidad española, nacida en Buenos Aires el 4-06-1942». Citada a través de Interpol un 4 de febrero de 2011, la señora manifestó que «nunca estuvo en España» ni abrió aquí cuenta bancaria, pero que una vez, a través de su hija, realizó unas gestiones en las que se «entregó a Marta Renedo Avilés las copias de (...) partidas de nacimiento, DNI español, cédula española y copia de partida de defunción de sus abuelos».
La mujer asegura que aquello ocurrió «en el mes de febrero de 2002». A pesar de sus 68 años y del tiempo transcurrido, el acta de la Policía Federal Argentina recoge la fecha con precisión, en lo que parece un error. ING entregó a los investigadores del 'caso Renedo' el documento de apertura de una cuenta corriente a nombre de Pilar F. con fecha de 26 de diciembre de 2001. El 15 de enero de 2002 BBVA emite un cheque de 1.202,02 euros a favor de Pilar, talón ingresado en la libreta de ING el 21 del mismo mes.
¿Quién abrió esta cuenta y con qué credenciales? El documento señala como mail de contacto el que Marta tiene en el servidor del Principado, y como dirección la suya propia. En marzo de 2002, alguien abre una segunda cuenta a nombre de Pilar F., esta vez en Bankinter, y transfiere ahí todos los fondos. A finales de 2003, el nombre de Pilar F. empezará a repetirse en expedientes de subvenciones y contratos tramitados por el Principado. Todos tienen algo en común: la firma y sello de Marta Renedo visándolos.
Con Igrafo desde 2005
La primera resolución, de octubre de 2003, concede una ayuda de 1.202 euros a Pilar F. como retornada. Vendrán otras hasta hacer un total de 24.379 euros. A partir de 2004 el Principado adjudica a Oxiplans trabajos por 157.194,34 euros, especificando en la mayoría de los abonos que se gire el dinero a la cuenta de Pilar F. En el Registro Mercantil nunca se registró la citada empresa. Al final, a la libreta de Bankinter llegan aportaciones por 172.200,85 euros, el 83% de las arcas públicas. En 2005 y 2006 aparecen ingresos de Igrafo, siempre a final de ejercicio, en los meses de noviembre y diciembre.
De la libreta se retiran fondos por 141.341,52 euros. Hay pagos de apartamentos, restaurantes, trasferencias a Marta Renedo y en 2006, dos giros a favor de su marido.
Todos estos datos los documentó el Cuerpo Nacional de Policía. Y Marta Renedo lo sabe, pero mantiene que es inocente.