«Esto es la guerra, Alcoa no se cierra». Fue el eslogan final de la manifestación celebrada ayer por el centro de Avilés para reclamar el futuro del sector del aluminio y, en concreto, la viabilidad en el tiempo de la planta de Alcoa.
La de ayer fue una vuelta al pasado en una ciudad, una región, que en los años ochenta y noventa tuvo que sacar a la calle sus reivindicaciones ante unos procesos de reconversión que provocaron la desaparición de miles de puestos de trabajo. Hacía mucho tiempo, bastantes años, que no se vivía en Avilés un ambiente de reivindicación sindical como el de ayer. Y no sólo por las banderas, el orden de las filas, los eslóganes y los petardos. Ni siquiera por ver entre los manifestantes a gente que peina canas en este tipo de reivindicaciones. Por señalar dos: Justo Rodríguez Braga y Laso Castaño, dos históricos de la siderurgia asturiana, uno de UGT y otro de CC OO.
Lo que ayer recordó aquellos tiempos fue el ambiente de desánimo. «Esto pinta muy mal, el paro de esta comarca es insoportable», señalaba a este periódico Nicomedes Sánchez, otro histórico de CC OO, éste de la industria auxiliar.
Lo que se reivindicaba ayer era el futuro de Alcoa, la multinacional que ha puesto en marcha a nivel mundial un Plan Global de Reestructuración que en el caso de España va a suponer la reducción de capacidad de producción de 90.000 toneladas -45.000 en Avilés y la misma cifra en A Coruña-, más un expediente de regulación de empleo por espacio de un año para 150 trabajadores. Los sindicatos temen que en el fondo se esté asistiendo a algo más, y que bajo el pretexto de una tarifa eléctrica poco competitiva, un elevado coste de las materias primas y una caída del precio del aluminio de hasta un 27%, se esconda una operación de mayor calado que pueda comprometer las plantas avilesina y coruñesa, en beneficio de otros países mucho más apetecibles por sus costes o por una permisividad medioambiental mucho mayor.
Por eso, el presidente del comité de empresa, José Manuel Gómez de la Uz, fue claro al final de la manifestación: «Si Alcoa no quiere seguir aquí, que nos lo diga», tras recordar que los trabajadores han ayudado a hacer una empresa eficiente desde hace cincuenta años.
La manifestación arrancó a las 18,40 horas de la Plaza del Vaticano, diez minutos después de la convocatoria oficial, situándose al frente una gran pancarta con el lema: «Comité de empresa. Por un futuro para el sector del aluminio. Inversiones YA en las plantas de Alcoa», con la firma de todos los sindicatos convocantes. Dos pancartas más, a algunos metros de distancia, eran portadas por sindicalistas y trabajadores de las dos plantas gallegas mencionadas.
Entre los manifestantes, mucas caras conocidas y una completa representación institucional. La alcaldesa de Avilés, Pilar Varela, fue la cabeza visible de un Ayuntamiento de Avilés que contó con la presencia de numerosos concejales de todos los grupos municipales. También asistió el alcalde de Corvera, José Luis Vega y varios concejales de ese ayuntamiento.
Por el PSOE, junto a la diputada nacional avilesina Mariví Monteserín, estuvieron el secretario general de la FSA, Javier Fernández, y el secretario de Organización, Jesús Gutiérrez.
Destacó también la participación del diputado de IU, Gaspar Llazamazares, acompañado de los diputados regionales de su misma formación política, Jesús Iglesias y Noemí Martín, acompañada ésta por su madre, Laura González.
Y junto a ellos, sindicalistas como los ya citados, además de Francisco Baragaño, secretario general de USO Asturias, y las cúpulas de los sindicatos comarcales.
A las siete y media de la tarde llegaba la cabeza de la manifestación a la Plaza de España y José Manuel Gómez de la Uz agradecía el apoyo prestado a los trabajadores de Alcoa, advirtiendo de que la de ayer puede ser «la primera movilización para luchar por la industria de esta comarca», dentro de un año que él mismo calificó de «muy duro».