No solo Rajoy, también su ministro Wert parece estar viviendo en el lío, al menos en el lío semántico. Me refiero al cambio de nombre de una asignatura que de 'Educación para la Ciudadanía' pasará a llamarse 'Educación Cívica y Constitucional'. A primera vista, parecen expresiones sinónimas, pero las palabras no son inocentes y las pueden cargar semánticamente el diablo o las intenciones disimuladas. Así, 'ciudadanía' era palabra malsonante cuando llegaba a las orejas de Rouco y sus muchachos. Tanto les chirriaba que hasta hubo objetores de conciencia y cruzadas de «libertad» para que los escolares no fueran educados para ser buenos ciudadanos. Sin duda, detrás de estas actitudes se movían intereses creados, apropiación de las conciencias de los chavales y la lucha por sostener un espacio y un tiempo en la vida escolar escolar para la asignatura de 'Religión', que la ley podía haber llamado, en justa correspondencia, 'Educación para la Feligresía'.
El ministro, pues, conserva la asignatura, pero implementándola con un innecesario 'constitucional', que ya estaba incluido en la palabra 'ciudadanía', si se tiene en cuenta que el ciudadano es sujeto de derechos políticos. Sin embargo, la expurga en su denominación al cambiar «para la ciudadanía» por «cívica». ¿Por qué molesta el término 'ciudadanía' si significa tanto la cualidad y derecho de ciudadano, como el comportamiento propio de un buen ciudadano? «Cívico» tiene la misma denotación, pero añade otras, como aquellas que implicaba la antigua urbanidad -cortesía, buenos modos.- de contenidos transversales, que consecuentemente han de ser aprendidos por los escolares en todas las asignaturas.
Afirma José Ignacio Wert que no quiere una asignatura que plantee cuestiones controvertidas y de adoctrinamiento ideológico. Difícilmente pueden casarse ambos conceptos: Controvertido es todo lo que es objeto de discusión y que da lugar a opiniones contrapuestas; adoctrinamiento, en cambio, implica dogma, infalibilidad, aceptación ciega, «doctores tiene la iglesia». Es evidente adónde debiera apuntar la acusación de adoctrinamiento, en lugar de condenar a los profesores que vienen impartiendo la asignatura de 'Educación para la ciudadanía'. Adoctrinados fuimos los de mi generación con la Formación del Espíritu Nacional, con la memorización de los veinte y tantos puntos de Falange, con las clases de Moral, con las semana escolar de ejercicios espirituales, con la lista de libros prohibidos, con los retratos que flanqueaban el crucifijos y hasta con las enaguas de tinta china que velaban la desnudez de la Maja en los libros de arte o borraban la primera estrofa de la 'Desesperación' de Espronceda. De aquellos polvos, ministro, vienen estos lodos suyos.