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La vida en el frío

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La vida en el frío

Dos educadores de calle asisten a los sin hogar de la ciudad y hacen un seguimiento diario de ellos

12.02.12 - 02:37 -
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Que no da más quien más tiene es algo que pueden comprobar cada día Beatriz García y Pablo Delgado. Ellos son los dos educadores de calle del programa que el Ayuntamiento de Avilés mantiene con Emaús Fundación Social para la detección, el apoyo y el seguimiento de las personas sin hogar.
Cada mañana, Beatriz y Pablo hacen un recorrido por los distintos puntos de la ciudad en los que los sin hogar pasan el día, generalmente intentando conseguir comida y dinero para sus gastos, para saber cómo están y qué necesitan. Y siempre se repiten las mismas escenas: si están comiendo algo ellos son los que les ofrecen, ya sea un trozo de pan de una barra que han conseguido de alguien o del bocadillo que compran a la hora del almuerzo. También «nos compran cocacolas si van a por cervezas, porque ya saben que no vamos a beber, pero quieren que participemos con ellos», explican.
Las últimas semanas han sido especialmente difíciles debido a las bajas temperaturas, a pesar de la iniciativa de Cruz Roja de implantar el dispositivo 'Ola de Frío' para ofrecer una mejor asistencia. «Se trataba de una medida puntual, proporcionando mantas y una bebida caliente a los que se quedan en la calle», explica Beatriz García, mientras que su trabajo es más continuo, desde que comenzó el programa en 2010. LA VOZ DE AVILÉS les acompañó esta semana en su recorrido diario.
Durante la campaña por la ola de frío Cruz Roja también intentó convencer a esas nueve personas que en Avilés no disponen de ningún tipo de recurso y duermen a la intemperie para que acudiesen al centro municipal para personas sin hogar, para evitar más problemas debido al frío.
Estas últimas semanas, Beatriz y Pablo se han preocupado más de saber si tienen suficientes mantas y de si han encontrado dónde resguardarse del frío. Joaquín es el primero al que visitan, les espera frente a la casa parroquial de Santo Tomás de Cantorbery, donde habitualmente se sitúa durante el día para pedir dinero para comida y el resto de cosas que necesita. Se interesan por el frío que pasó la noche anterior, le preguntan si a consecuencia de eso se ha resfriado y hablan de todo un poco. «A mi me han ayudado mucho, me han arreglado todo tipo de papeles y yo estoy muy agradecido», confirma Joaquín, que vive en la calle desde hace dos años.
En el camino para 'supervisar' cómo están el resto de las personas que forman parte del programa, se encuentran con Victoria, a la que Pablo conoce desde hace muchos años. «Lleva mucho tiempo en la calle y tiene una historia detrás muy dura», a pesar de que siempre se la ve riendo. Ella les saluda con un «¡hola amigos!» y pasa a contarles las últimas novedades. Beatriz y Pablo le habían conseguido una cita en el médico y explica varias veces qué le ha dicho el especialista. Enseguida Beatriz le advierte que la herida estuvo demasiado tiempo sin curar.
«El médico me ha dado unas pastillas que tengo que tomar y ahora voy al albergue para llevarlas», les cuenta, para que sean ellos quienes controlen el horario al que debe hacer el tratamiento, porque, como confirma Pablo, también ayudan a las personas que necesitan un control más estricto con la medicación o que han tenido problemas de adicciones. Antes de irse, Beatriz le insiste en que tenga cuidado y no deje que se infecte, y se despiden por el momento.
La siguiente parada sería en el rincón en el que es fácil encontrar a 'Patón', bajo los soportales de El Atrio. En ese momento aparece Eli, otra sin techo, que llega para «tomar unas cervezas con mi amigo» y, de paso, presentarles a los educadores de calle a su hermana Isabel. Beatriz quiere saber si ella es la hermana que reside en Gijón y como de hecho lo es, se ponen a hablar del mes que Eli pasó en su casa hace una temporada. También le presenta a Pablo, y de hecho les define como «amigos».
«La relación con ellos es muy buena, y desde el principio su respuesta fue muy positiva». Poco después hablan de Victoria, Vicky como ellos la llaman, porque Eli también sabe que ha tenido que acudir al médico «y ya le decía yo que iban a ponerle unas gasas para curarla».
Eli les explica que la lluvia del último día ha dejado pingando todas las mantas que tenía, que ha tenido que llevar al albergue a lavar, y que el colchón en el que durmió la noche anterior también está «demasiado mojado», pero es el que tiene. Con Beatriz y Pablo recuerda que durante los festivales musicales del pasado verano «yo preferí dejar el kiosco de la música libre hasta el día que terminaron, porque sino, no me iban a dejar dormir».
Después de un rato de charla hablan con 'Patón', que tiene movilidad algo más reducida como consecuencia de los malos hábitos desde que está en la calle. De hecho, ya saben que no ha acudido a la cita médica del día anterior y que es raro que haga algo si no está del todo convencido. Aunque hablando con ellos, y cuando sus amigos están cerca, es fácil verle haciendo bromas y hablando de la música que escucha en la radio.
La siguiente visita será en la calle Los Alas. Van a ver cómo está Geta, una chica rumana que apenas habla español, pero a la que entienden a las mil maravillas. Casi cuando llegan, a ella le dan una barra de pan, que se pone a partir para ofrecerles también a ellos. Se aseguran de que está bien, tapada del frío y también se interesan por David, su compañero, al que visitan a continuación. Él es extremeño y llegó a Avilés con Geta, «que no quiere moverse de aquí», procedente de Santiago de Compostela. Hace seis años que David vive en la calle y todo ese tiempo lleva sin ver a sus dos hijos, «en los que piensa continuamente». Con la ayuda de Pablo y Beatriz «pude hacerme un DNI y arreglar todo el papeleo», que también es la ayuda más frecuente, «aunque nos preguntan lo que nos compete y lo que no», como confirma Pablo, porque en realidad son sus referentes.
Los dos son trabajadores sociales y contaban con experiencia previa. «Sabes separar y tener una distancia necesaria, porque si dejas que te afecte no vas a ayudarles». Por eso, son cordiales y muy cercanos pero sin sentimentalismos. «Nuestro objetivo era tener una relación lo más normalizada posible». Y parece que lo han conseguido.
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