La familia de Amancio Ortega puede estar tranquila. Si lo que buscan en la boda de su hija Marta con el jinete avilesino Sergio Álvarez Moya es discreción, por la parte del novio no les va a faltar.
Discreción y anonimato parecen ser la marca de la casa del propietario de Inditex, la primera empresa de venta de moda del mundo creada por el hombre más rico de este país, séptima fortuna del universo según Forbes, que el próximo sábado verá cómo su hija Marta, fruto de su segundo matrimonio, con Flora Pérez Marcote, dará el sí quiero en A Coruña a un joven de 27 años que está considerado hoy el mejor jinete español.
Muy alejada de los focos y de la atención mediática a los que está sometido todo lo que rodea al imperio 'Zara', la familia de Sergio Álvarez Moya destaca precisamente por su discreción y por no realizar ningún tipo de ostentación, pese a que su posición económica, sin llegar a las cifras estratosféricas de los Ortega, tampoco se queda atrás.
Julio Álvarez Camporro, el padre de Sergio, es un empresario poco conocido, aunque lo suficiente para saber que aprovechó el boom de las máquinas tragaperras de los años ochenta para resolver su situación económica y la de su familia. Hoy sigue metido en el mismo negocio de las máquinas, aunque las cifras de los beneficios ya no sean tan boyantes, y es propietario de varios establecimientos de hostelería en Avilés. Por el camino se quedó alguna experiencia curiosa, como la de la explotación de una mina en Moreda, en el concejo de Aller.
Julio Álvarez Camporro y su esposa, Marga Moya Zamora, viven en una imponente casa en Heros, en la zona alta de Avilés. A partir de ahí ya es difícil encontrar más datos de unas personas que hacen una vida de lo más normal, sin que ni su posición económica antes ni su relación con la familia Ortega ahora les haya hecho cambiar sus hábitos y una forma de vida de lo más sobria.
Sergio Álvarez Moya empezó a practicar la hípica en El Forcón, un club cercano a su domicilio avilesino, destacando siempre «como un gran jinete y como un excelente chaval», señala a este periódico Jenaro Artime, propietario de un club hípico al que vuelve de vez en cuando para reunirse con sus amigos de siempre, bien para montar en algún concurso o para jugar al pádel. En El Forcón ya ha competido la que dentro de una semana se convertirá en su esposa y el propio Amancio Ortega conoce las instalaciones.
La inclinación natural del joven por este deporte hizo que su padre decidiera «invertir» en su carrera como jinete, y siendo un crío decidió enviarlo a los concursos europeos más importantes, como los de Holanda o Alemania, para que se formara. Fue este un periodo en el que Sergio, al ser menor de edad, estuvo siempre acompañado por su hermano mayor Julio. Cuando regresó a casa ya lo hizo como un campeón.
La familia mantiene una pequeña ganadería en Pravia, en donde se crían potros, un negocio complementario con los importantes caballos que monta habitualmente Sergio en las pruebas oficiales.
Ahora, a unos escasos días de la boda, son pocos los detalles que han trascendido. La familia de Sergio, como el resto de invitados -algunos, muy pocos, de Avilés- ya saben dónde se van a alojar en A Coruña, en donde las mujeres tendrán a su disposición un servicio de peluquería y maquillaje para que no tengan que preocuparse de nada y puedan acudir sin problemas a la ceremonia que se celebrará el sábado en el pazo de Anceis, del siglo XVII, situado en Cambre, a pocos kilómetros de la capital gallega.
La mayoría de los invitados acudirán el viernes directamente al Hotel Finisterre, donde se alojarán. Se trata del único cinco estrellas de A Coruña, situado en el corazón de la ciudad, en donde se celebrará la fiesta de bienvenida. El hotel dispone de salones con capacidad de hasta 1.400 personas, y un restaurante, el Novo, considerado uno de los mejores de la capital. La pareja de novios ya ha avisado a los invitados de que no se aceptarán regalos, aunque se han abierto unas cuentas bancarias con el fin de donar todo el dinero que se reciba a Cáritas y a la Cocina Económica.
A Coruña se dispone a acoger lo que para algunos ya es la 'boda del año', entre dos jóvenes unidos por el deporte de la hípica, pertenecientes a dos familias en las que, más allá del dinero, de mucho dinero, les identifica una marca de la casa: la discreción.