«Es el peor recinto posible para la Semana Negra». Con estas nueve palabras define la organización del evento lúdico-cultural no sólo la elección por parte del Ayuntamiento de Gijón del recinto ferial Luis Adaro para la edición de este año, sino también el estado de ánimo de sus promotores apenas a cuatro meses de su hipotética inauguración. Pocas cosas parecen estar claras. Una de ellas, según pudo saber EL COMERCIO, es que la zona ferial, los populares 'caballitos' y el emblema de la Semana, la gran noria, se ubicarían en la parte trasera del recinto, al lado mismo de las oficinas generales, en una explanada de unos 45.000 metros cuadrados, que llega desde la antigua carretera del Piles-Infanzón hasta el pabellón de las Naciones. Es decir, en la parroquia de Somió y en un entorno que, como no se puede evitar, está rodeado de multitud de viviendas unifamiliares.
El diseño de la Feria no ofrece otra posibilidad y ello, además, pagando la organización un importante coste: apenas será una tercera parte de la zona ferial del año pasado, en el recinto preparado al efecto al lado mismo del recinto universitario, con lo que se perderá parte de uno de los principales atractivos de la Semana Negra, sobre todo para los niños y, también, conllevará una no menos importante merma de ingresos económicos para la organización. No se puede obviar que una parte importante de los ingresos del festival provienen del alquiler del suelo a los feriantes, lógicamente muy interesados en participar en la Semana Negra por el importante volumen de personas que se mueven alrededor de la misma.
Es uno de los conocidos inconvenientes de llevar el festival a un recinto preparado para otros fines, con decenas de construcciones fijas y con amplias zonas jalonadas de árboles. Menos 'caballitos' y menos ingresos. Esa es la conclusión, pero, ni con mucho, el único problema con el que se enfrenta la Semana Negra a la hora de 'encajarla' en el recinto Luis Adaro. Lo dicho: «Es el peor recinto posible».
El embrollo de los 500 metros
La sentencia a favor de los vecinos del edificio Gacela, ubicado en la avenida de Torcuato Fernández Miranda, y que obliga a alejar la Semana Negra al menos 500 metros a la redonda del citado inmueble, sigue siendo un rompedero de cabeza para los tres principales protagonistas de este embrollo: Semana Negra, Ayuntamiento de Gijón y Cámara de Comercio. Cumplir esa sentencia, como bien conocen todos los implicados, supone no solo dejar 'fuera de juego' medio recinto ferial sino, de forma indirecta, hacer inviable, como aseguran los organizadores, que el festival se pueda celebrar en la Feria. El motivo es evidente: no se dispondría de la superficie mínina imprescindible para desarrollarlo de forma digna. Hay que tener en cuenta que la línea imaginaria de prohibición llegaría desde la puerta principal del recinto, en la avenida del doctor Fleming, hasta el pabellón central, anulando miles de metros cuadrados y hasta parte de la galería comercial que discurre paralela al parque de los Hermanos Castro.
Pero entonces, ¿qué hacer? Con el evidente ánimo de aportar soluciones, la Asociación Cultural Semana Negra lleva semanas trabajando en un posible diseño dentro del recinto Luis Adaro, eso sí, ocupando toda su extensión: «Siempre hemos acomodado la Semana Negra al lugar donde nos dijo el Ayuntamiento de Gijón», aseguran. Sin embargo, este año todo es diferente. ¿Significa que el Ayuntamiento asumirá los riesgos de que, en aplicación estricta de la sentencia del edificio Gacela, se pueda llegar a una suspensión cautelar de la Semana Negra incluso durante su celebración? El coste de una medida judicial en este sentido sería incalculable.
La alcaldesa, Carmen Moriyón, esgrimió, en este sentido, que la normativa de ruidos ha cambiado y que, en consecuencia, la controvertida sentencia ya no tendría valor alguno. Para ello, la primera autoridad municipal se basa en un informe solicitado a los servicios jurídicos del Ayuntamie nto de Gijón que, según asegura Carmen Moriyón, daría carta blanca para la celebración del festival en todo el recinto. Sin embargo, lor organizadores de la Semana Negra tienen una visión totalmente diferente (eso sí, sin conocer el informe jurídico encargado a este respecto por el Ayuntamiento y que no les ha sido facilitado). «Parece que no han leído la sentencia», dicen, a la vez que reiteran que, en la misma, nada se habla de alejar los ruidos, sino de alejar la Semana Negra, es decir, cualquier actividad vinculada con el festival.
Un certamen diferente
Es evidente que todo está muy confuso, aunque parece prevalecer la buena voluntad de todas las partes. Será, caso de celebrarse, una Semana Negra diferente, más encorsetada y sin que se permitan licencias que puedan calentar más los ánimos de los vecinos. El recinto de las atracciones feriales estará ubicado en Somió, al lado de decenas de viviendas unifamiliares que, parece probable, no recibirán con agrado a los inevitablemente ruidosos visitantes. Como suele suceder, la Semana Negra es aceptadapor una amplia mayoría de la población, pero siempre que esté lo bastante alejada de sus domicilios particulares.
Ya es casi un 'clásico' que las comunidades de vecinos afectadas por la Semana Negra acudan a los tribunales y, además, que obtengan sentencias a su favor. Así se llegó al actual 'arrinconamiento' del festival. Los conciertos en directo, eso sí, parece que se celebrarán dentro del pabellón central, que tiene 5.500 metros cuadrados y que ya en alguna otra ocasión albergó este tipo de espectáculos.
Otra cosa es qué se hará con los bares de copas que siempre se ubicaban alrededor del escenario y que eran el lugar de encuentro de los seguidores del artista de turno. Dentro del propio pabellón central, caso de confirmarse como sede de los conciertos, parece poco probable que tengan cabida, tanto para no limitar en exceso la capacidad para los espectadores, como por el efecto sobre la acústica de los espectáculos. También en esto cambiará la Semana Negra en este nuevo examen que tiene por delante. Junto con zonas de ambiente, de copas, de chiringuitos, de mercadillo, convivirán pabellones grandes, de importantes empresas, que son fijos en el recinto Luis Adaro y que estarán cerrados a cal y canto.
Luego, habrá muchas zonas a cubierto, bajo el techo de los pabellones y galerías, pero esto que, a priori, podría interpretarse como una ventaja, se vuelve en otro inconveniente. «Los inquilinos de la Semana Negra quieren estar al aire libre, porque para ellos es comercialmente mucho más atractivo». De momento, queda por definir hasta dónde llegará, si existe, la 'línea roja' marcada por los tribunales. El Ayuntamiento parece tener la última palabra.