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Verónica, en otro paraíso natural

Sociedad

Verónica, en otro paraíso natural

Profesora de español en Manila, en 2000 se fue a Rumanía y más tarde a Eslovaquia

17.03.12 - 00:38 -
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Verónica, en otro paraíso natural
En 2000 hizo las maletas y ya no volvió. Verónica González Álvarez (Oviedo, 1975) ha hecho del castellano, de la literatura, de la filología, de la gestión cultural, su vida. Primero en Rumanía. Después en Eslovaquia. Ahora en Filipinas. «Me marché de Asturias básicamente por razones económicas», confiesa. Tras finalizar sus estudios de Filología y varias becas y trabajos no remunerados después, se instaló como lectora a una universidad rumana. Así empezó todo. Luego trabajó de profesora de secundaria en Eslovaquia, a continuación en gestión cultural, enseñanza y difusión del español y desde 2008 da clases de castellano para extranjeros en Manila.
Esos destinos, esas experiencias, han forjado la Verónica de hoy: «No sería como soy si no hubiera vivido donde viví o donde vivo», dice convencida de que sus alumnos y sus clases le han dado la opción de ganarse la vida y de aprender todo eso que no está en los libros. De cada país se lleva lo suyo. En Rumanía, el país del «absurdo de Ionesco», el lugar donde lo peor y lo mejor es posible, aprendió a desarrollar la paciencia y la diplomacia y también a valorar la calidad de vida española. De Eslovaquia se queda con las formidables personas con las que trabajó en Bratislava y con quienes aún hoy mantiene relación. ¿Y de Filipinas, su destino actual? «Es muy diferente y Manila es, de momento, mi destino favorito». Lo dicho, pese al ruido y la contaminación de una ciudad caótica en la que coexisten la riqueza más delirante con la pobreza extrema. «Las condiciones son bastante duras, pero una vez que te acostumbras a ella, es la ciudad que nunca duerme, perfecta para insomnes, es imposible aburrirse de la comida, si te cansas de la filipina, hay japonesa, china, tailandesa, española, italiana...», explica. Los filipinos son además sociables, les gusta la fiesta y saben disfrutar de lo que tienen. «Esa alegría hace que mi vida aquí sea mucho más agradable que en ninguno de los países de Europa en los que viví». Eso y las siete mil islas paradisiacas que conformar el archipiélago, con una naturaleza impresionante y sin la masificación de otros enclaves asiáticos. «Aunque también es verdad que se necesita tiempo para viajar de un sitio a otro. No es posible salir de Manila para pasar una tarde en la playa, no hay nada parecido a Llanes cerca».
Ella se ha hecho a esta forma de vida y no le ve contras a vivir lejos de su país. «No tiene nada de malo, además, gracias internet y las redes sociales, la distancia se relativiza», indica. Claro que también es consciente de lo dispar que resulta vivir en Rumanía o Eslovaquia e instalarse en Manila, con una diferencia horaria brutal que dificulta incluso las comunicaciones familiares. «Es difícil cuadrar horarios para hablar con tu familia o con amigos; ni siquiera por Messenger, y así es complicado mantener las amistades». Los billetes son caros, el viaje muy largo, con lo que la posibilidad de hacer una escapada a España no se contempla. Es consciente incluso de que en caso de imprevisto o emergencias es imposible llegar a tiempo a destino. «De todas formas, más que la distancia física en kilómetros a veces es más dura de llevar la distancia cultural o social, tanto en Rumanía, Eslovaquia como aquí, que dificulta la integración y que te hace darte cuenta de que España, en ciertos temas, está o estaba mucho mejor de lo que se cree». Habla Verónica de machismo, de fanatismo religioso, también de servicios públicos poco desarrollados como los sanitarios.
Hay otros aspectos más románticos y menos tangibles que se añoran en la distancia. Y es que si bien Verónica dice que ya hace tiempo que se olvidó de la morriña, no puede evitar comparar la realidad en la que vive y la que visita, no puede dejar de apreciar la belleza de Asturias, su sol y su lluvia, su silencio. «Yo echo de menos el clima, me encanta el otoño». En una ciudad calurosa al máximo y ruidosa hasta el horror, se añora poder ir caminando a los sitios, estar en una hora cerca de una playa... Y aspectos tan cotidianos como ir de compras «y que haya tu talla» y «la tortilla de mi madre».
Vive lejos pero las nuevas tecnologías la acercan. No sabe de fútbol, aunque sí ha disfrutado de las victorias de la Roja, pero sí está al tanto de algunos aspectos de actualidad en Asturias. Hasta Manila llegó la destitución de José Luis Cienfuegos y por supuesto la convocatoria de elecciones anticipadas. Sigue lo que pasa pero todo lo observa ya con una cierta distancia: «Llevo muchos años fuera, y aquí estás un poco como en una burbuja; tu mundo ni es totalmente este, ni entiendes del todo ya la realidad de España».
En su burbuja sabe que volver a la Península no es misión sencilla: «Llevo muchos años fuera y a veces apetece volver, mi familia y muchos de mis amigos están en España, pero ¿volver para qué? La situación económica en Asturias no era buena cuando me marché, no ha mejorado desde entonces, parece que la crisis va para largo... Así que habrá que disfrutar de la tierrina durante las vacaciones, y mientras los manileños me traten bien, a seguir por este otro paraíso natural».
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