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Ascender a 50 grados a la sombra

Asturias

Ascender a 50 grados a la sombra

Avilesina de 30 años, Elisabet López ha tenido que irse a Abu Dhabi para extrañar el orbayu

31.03.12 - 00:33 -
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Está «muy enfadada». Y la razón es comprensible: forma parte de la comunidad de asturianos en el exterior que no ha podido ser decisiva en los comicios autonómicos porque «los papeles para poder votar no llegaron a tiempo».
Elisabet López, avilesina, 30 años, no vive precisamente cerca, pero eso tampoco le sirve como excusa: tras estudiar Ingeniería Técnica Industrial y, luego, Ingeniería Superior en la especialidad de Mecánica en Gijón, se fue a Madrid en 2005 al surgirle «una buena oportunidad de formación» y, después de un año, su empresa la envió a Dubai para iniciar su carrera profesional. Tres años y medio más tarde, el destino fue Abu Dhabi, donde lleva otros dos.
En la capital y segunda ciudad más poblada de los Emiratos Árabes, Elisabet ejerce como jefa del departamento de soporte técnico de ventas en ThyssenKrupp. Un cargo que consiste, básicamente, en encargase del estudio técnico y comercial de proyectos de transporte vertical (ascensores y escaleras mecánicas) intentando no sudar la gota gorda. Porque, sin duda alguna, cuenta, lo que más le cuesta de toda su aventura emiratí es «la temperatura en verano, cuando se superan los 50 grados con elevados niveles de humedad. De mínimos del 20% hasta máximos del 70%. En una palabra: insoportable».
Durante esas épocas, «prácticamente no se puede estar en la calle», así que «la vida se hace dentro de los centros de trabajo, utilizando siempre el coche para cualquier desplazamiento», mientras que «el tiempo libre se divide entre las casas de los amigos y los centros comerciales, que tienen sus aires acondicionados a la máxima potencia y están a 17 grados».
El calor es tal que, «en el sector de la construcción, los obreros están obligados a parar de trabajar desde las doce del mediodía hasta las cuatro de la tarde y es muy normal que durante estos meses trabajen por la noche».
Aunque en Abu Dhabi también funciona la picaresca: «En teoría, y de acuerdo con las leyes, la obra se debería parar si se alcanzan los 50. Por eso no se ven termómetros en la calle, ya que, dependiendo de la zona, se puede superar esta cifra varias veces durante esos meses y por eso creo que la temperatura oficial nunca ha rebasado los 49», bromea.
Por lo demás, los días en una de las capitales más caras del mundo transcurren entre contrastes, no sólo en los mercurios. «Por ejemplo, un piso que en Asturias se podría alquilar por 300 o 400 euros al mes, allí puede costar fácilmente 1.500. O una pinta de cerveza cuesta alrededor de seis euros, mientras que algo que está mucho más barato que en España son los transportes. Ahora mismo, el litro de gasolina anda sobre los 30 céntimos de euro». De algo tenía que servir ser uno de los mayores productores mundiales de petróleo.
El 'gen asturianu'
Con todo, el país sigue siendo un gran desconocido, defiende la avilesina. «Mucha gente piensa que este es un lugar muy cerrado en el que las mujeres no pueden conducir, tienen que cubrirse la cabeza, no se puede beber alcohol. y no hay nada más lejos de la realidad. Emiratos tiene un 80% de población expatriada, y es, de hecho, uno de los países musulmanes más abiertos». Eso sí: «La población local no se suele mezclar con el resto. Son respetuosos pero mantienen un círculo bastante cerrado».
A esos mismos locales, en general, «les encanta presumir de lo que tienen y no dudan en enseñarlo». Así que «uno de cada cuatro coches es un 4x4 y ver un Ferrari por la calle es muy normal». Por no hablar de que, paseando por la ciudad, es fácil toparte «con los muros exteriores de sus palacetes y, si te acercas hasta alguno de los puertos deportivos que hay, te encuentras con barcos privados que te dejan sin respiración».
Pero no es oro todo lo que reluce. «Si nos alejamos un poquito de la ciudad, podremos observar como viven los miles de obreros que han venido desde India, Pakistán, Bangladesh. La gran mayoría, alojados en campos de trabajadores alejados de la ciudad, con unas condiciones que no se pueden desear a nadie», comenta.
En medio de esa aridez, no es extraño que Elisabet eche de menos «el verde del paisaje asturiano, que se aprecia más cuanto más lejos estás». «O caminar por el casco antiguo de Avilés, de los más bonitos que he pisado. Con un sabor a viejo y a cultura que no encuentras en los Emiratos fácilmente».
Después de eso, la sidra, las croquetas de su madre, un buen cachopo, el orbayu, el invierno asturiano, una excursión a cualquier rincón del Principado, el pueblo de sus abuelos y las fiestas de prao ocupan el lugar de las añoranzas.
Se las cura parcialmente durante sus vacaciones de verano avilesinas, que se pasa con catarros: «Estar sometida a estos calores, está afectando a mi 'gen asturianu'», ríe. Porque, de volver, de momento, nada de nada. «Las perspectivas que veo a corto plazo con la nueva reforma laboral no son nada halagüeñas, aunque quiero pensar que dentro de poco nos vamos a dar cuenta de que los gobernantes, los bancos, los sindicatos... sólo podrán hacer lo que les dejemos hacer».
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La avilesina Elisabet López, durante una visita al desierto, a medio camino entre las ciudades de Abu Dhabi y Al Ain. :: E. C.

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