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El poder que emana de la tierra

Asturias

El poder que emana de la tierra

El piloñés Fernando Fernández es asesor del gobierno guatemalteco

21.04.12 - 00:17 -
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Poco podía imaginar Fernando Fernández mientras trabajaba con su padre en la construcción por la zona de Infiestu que, cuarenta años más tarde, sería un importante asesor político de un gobierno latinoamericano. Cuando en el año 72 su vecino ya emigrado a Guatemala, Román Alonso, le propuso ir a trabajar como administrador general a una finca de caña y café, Fernando lo dudó lo justo para hacer el viaje desde Valles de San Román a la costa sur de Guatemala. Y cuando lo decidió no fue movido por el hambre -como hicieron tantos otros emigrantes en épocas anteriores- sino por algo mucho más prosaico como fue evitar el Servicio Militar y aceptar ese tirón agridulce que siempre proporciona la aventura. Tenía 19 años y toda una vida por delante.
Esto es lo que me cuenta Fernando en su casa a las afueras de Antigua mientras hace que el mejor ron del mundo, un Zacapa solera 23, corra generosamente. Me ha invitado a comer. Ya han pasado casi cuarenta años desde aquel mes de octubre del 72, pero su casa sigue conservando esos detalles que impiden que te olvides de tu propia memoria: la bandera de Asturias en su despacho, el escudo de Piloña o el prendedor de corbata con la insignia de la tierra siempre que acude a trabajar al Congreso de Guatemala. Lo que ha desaparecido por completo es su acento asturiano: Fernando parece un puro 'chapín' -como se conoce a los guatemaltecos- cada vez que habla. «Cuarenta años aquí son mucho años, amigo», se disculpa cuando se lo digo.
Y la pregunta resulta inevitable: «¿Cómo un rapaz de Infiestu, sin apenas preparación, llega a Guatemala y acaba de asesor de la 'jefatura de bancada' (portavoz del gobierno, diríamos aquí ) del actual gobierno de Guatemala?». Fernando se encoge de hombros y se queda pensativo: «No sé. La vida da muchas vueltas y uno va aprendiendo. Llegué con 19 años ganando al mes una verdadera fortuna. Me pasaba el día a caballo, con una pistola al cinto, recorriendo el ingenio y saboreando los placeres que me daba aquella vida; era joven, me casé, tuve cuatro hijos, me independicé y arrendé una finca. Y un día todo se fue al carajo, empezando por mi matrimonio». Fernando me va enseñando fotos. Es cierto que cuarenta años son muchos aquí y en La Curiscada. Resulta difícil comparar al hombre que tengo delante con el joven de patilla ancha y media melena, la inequívoca mirada arrogante y confiada del veinteañero, que posa a caballo o bebe junto a sus peones al final de la zafra. «La pasé bien», resume con un brillo en los ojos que no pide más explicación.
«¿Y la política?», vuelvo al tema que me intriga, cómo se puede llegar... «Mi amigo Oscar Berger se presentaba como candidato para las elecciones en 2004, y yo fui a verlo porque estaba pasando un mal momento; él, sencillamente, me dijo: te quiero a mi lado. Y así empezó todo». A mí no me parece tan sencillo y se lo comento. «Siempre valoró que le dijera las verdades y no me anduviera con medias tintas. La gente es muy aduladora con el que manda». Tampoco me parece tan sencillo que Fernando se encuentre ahora de asesor de otro partido político, el del actual presidente Otto Pérez Molina. Le pregunto por la ideología. Se ríe. «Aquí no es como en Europa, los partidos no tienen tradición, no hay una ideología detrás, se fabrican de un día para otro, igual que un vehículo, para alcanzar con ello el poder».
Quizás por eso pasa lo que pasa, pienso. Por ejemplo la violencia. Cada día mueren 'balaceadas' alrededor de 20 personas en la capital. Algunas de las víctimas no tiene más de diez años, igual que los que disparan. Le pregunto a Fernando cuál puede ser la solución. «No es tan sencillo como puede parecer cuando se viene de fuera. Lo mismo que la corrupción, que tiene a Guatemala de rodillas. Con la plata de la droga se compran muchas voluntades». «Pero algo habrá que hacer», le digo. Fernando se recuesta en la silla y me mira fijamente antes de hablar. Es un hombre pausado. «Este gobierno está tratando de poner en marcha una ley de 'Reforma Fiscal o de Enriquecimiento Ilícito', veremos si se puede llevar a término. Y luego está la pobreza. Y la pobreza se genera en parte por los altos índices de natalidad: seis, ocho, diez hijos por familia. Al final, todo esto conduce a la violencia: un niño mal alimentado, sin educación, que ha sufrido palizas en su propia casa. cuando tiene diez años lo captan las maras (pandillas) le dan una pistola y mata a quien sea por diez dólares.».
Su mujer actual, Cintia, con la que tiene una hija de diecisiete años, asiente con la cabeza. Hace poco nos cuenta que la asaltaron en el autobús urbano...
Y ya en la arrancadera, entre ron y ron, la pregunta obligada a Fernando si piensa regresar algún día a vivir a Asturias. No duda: «Aquí lo tengo todo. Sólo hay una cosa que echo en falta: las sardinas a la plancha con una botellina de sidra». Quedamos en ello, para cuando venga, por ejemplo, «pol Cristu de Candás».
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