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«Cada vez tengo menos ganas de volver»

Asturias

«Cada vez tengo menos ganas de volver»

El gijonés Jorge Herrero reniega de la nostalgia de Asturias desde Lisboa

05.05.12 - 03:40 -
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Lo de la saudade, en estos momentos de su vida, no va nada con él. Y sospecha que tampoco con otros muchos asturianos abocados a la diáspora. El gijonés Jorge Herrero Blanco, 32 años, se marchó de la región hace cinco, después de estudiar un grado superior de Formación Profesional en Informática. Y, visto lo visto desde entonces, no le ha ido mal tras su decisión de «viajar y conocer otros países», azuzada por el hecho de que la situación laboral en Asturias tampoco era, ya entonces, «como para tirar cohetes».
«Me surgió la oportunidad de trabajar en Lisboa o en Madrid y preferí irme a Portugal». Ya desde ahí, dio el salto a Mozambique, donde trabajó en distintos proyectos como programador informático. Siempre para empresas portuguesas. Hasta que, después de dos años y medio, regresó a la capital del fado y dicen que también de ese «sentimiento próximo a la melancolía que se ve estimulado por la distancia temporal o espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia».
«La verdad es que las ganas de volver cada vez son menos», admite hoy este informático, ayudado por la tecnología en la que es experto y que le permite la comunicación diaria con la familia y los amigos. Y por las vacaciones (dos al año), claro, que, como gijonés de pro, aprovecha, indefectiblemente, «para ir a la Feria de Muestras y a la Semana Negra», tan cuestionada desde el interior.
«Los grandes perjudicados de todo esto somos los trabajadores, mientras que los bancos y las grandes empresas siguen aumentando los beneficios. Estos años están ayudando, sobre todo, a aumentar la diferencia entre pobres y ricos y a disminuir la clase media. Se recorta dinero donde más se necesita y se aumenta la carga impositiva a quien menos tiene. Además, la clase política, tanto local como nacional, es de muy baja calidad y siempre antepone el interés personal o del partido al general». ¿Quién dijo nostalgia?
El rescate de los vecinos
Por otra parte, cuenta Jorge, «tampoco hay tanta diferencia con España» después de que, el pasado año, el país vecino fuera el protagonista de un rescate de 78.000 millones de euros a tres años por parte de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.
«Aquí también hay grandes recortes en el gasto público. Se están bajando sueldos, quitando las pagas extras y los festivos. Aumentan los impuestos y, en general, la gente se tiene que apretar mucho el cinturón. La mayor diferencia con España es que aquí no había una gran burbuja inmobiliaria y que el desempleo, aunque aumentó en estos últimos años, está en torno al 14%». Conclusión pragmática: «Hay bastantes problemas, pero tampoco es que sea el fin del mundo».
Eso, por no hablar de los encantos de la gastronomía lusa, «mejor que la española», y de las gentes lisboetas, que pasan, fundamentalmente, «porque los portugueses son mucho más educados que los españoles, hablan mucho más bajo y también son más introvertidos». Silencio frente a bullicio en mitad de «una cierta relación de amor-odio con España, debido a la cantidad de turistas que reciben».
Así que, si algo añora este gijonés de la emigración, es Mozambique, «un lugar donde todavía hay muchas cosas por hacer, un país de grandes contrastes que ahora mismo está creciendo gracias a los descubrimientos de carbón y gas y donde puedes estar en una playa kilométrica a orillas del Índico en la que sólo hay diez personas». Y, contra lo que mucha gente piensa, «un sitio bastante seguro de gentes amables, y con una capital, Maputo, donde es fácil encontrar bares y discotecas para salir el fin de semana».
Otro tanto que Jorge se apunta en su biografía es haber aprendido de los mozambiqueños a «vivir al día, sin preocuparse por el mañana. Por cosas como ahorrar». Él se queda con «la tranquilidad con la que hacen las cosas o con el hecho de que, siempre que quedas con alguien, cuando llamas para saber si va a llegar a tiempo, te responde con 'ya estoy llegando' aunque no haya salido todavía de casa». Otro ritmo. Este sí, para extrañar.
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Jorge Herrero, en su anterior destino, Maputo.

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