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Fernández ofrece «cooperación» a Rajoy y dice que no será «ariete ni punta de lanza»

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Fernández ofrece «cooperación» a Rajoy y dice que no será «ariete ni punta de lanza»

Ante Ana Pastor, pide que el Gobierno sea «flexible» con los plazos para elaborar un plan de ajuste «en condiciones»

27.05.12 - 03:38 -
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Pasaban unos pocos minutos de las doce y media cuando Javier Fernández, emocionado por momentos, tomaba posesión de su cargo como presidente del Principado y asumía las riendas de la región en un momento especialmente complicado, sobre todo en lo financiero. Arropado por los principales representantes de la clase política, económica y social, el líder socialista daba el salto de las responsabilidades de partido a las de gobierno con un discurso en el que intentó huir del optimismo desaforado y que optó por situar en un plano de realismo, dada la complejidad del escenario. «No pretendo anunciar un tiempo nuevo, no aspiro a una Asturias perfecta», reflexionó, «aspiro a mejorar la que existe». Sabedor del margen limitado de maniobra que en una sociedad cada vez más global tiene un presidente autonómico, lanzó un mensaje de «colaboración » al Ejecutivo central, representado ayer por la ministra de Fomento, Ana Pastor, a la que reclamó tiempo para poder elaborar y presentar el plan de ajuste que la comunidad tiene pendiente. Habló de una relación que no alcance dos polos, ni la insumisión ni la entrega, y que se mueva en el espacio del «acuerdo, la discrepancia y hasta la rebeldía razonable». Pero sin cruzar en ningún caso los límites. El Principado, quiso dejar bien claro, «no será ariete ni punta de lanza de nada, excepto del interés de Asturias».
La mañana comenzó con ruido, el de los profesores que en la calle protestaban contra los ajustes que sufre la comunidad educativa en el marco de las políticas de reducción del déficit, y terminó con aplausos, los que recibió Fernández tras tomar posesión. Flanqueado por quienes le han precedido en el cargo, por la ministra de Fomento y por el presidente de la Junta, Pedro Sanjurjo, entre otras autoridades, el nuevo jefe del Ejecutivo trazó una intervención que no entró en compromisos concretos, quizá porque no era el momento ni el lugar, y que dibujó una filosofía general de actuación. Y una línea de trabajo, basada en cuatro ejes: «Dedicación, entrega, trabajo y decencia».
Asturias, comenzó argumentando Fernández, «puede y debe estar mejor». ¿Cómo? Esa es la clave. Porque en las circunstancias actuales habrá que elegir no entre lo bueno y lo malo sino «entre opciones desagradables». Habrá que priorizar, vino a decir, dando a entender que será ahí donde se perciba el sello de identidad de su Gobierno frente a otras alternativas ideológicas. Admitiendo que la recesión «semeja una plaga enorme y devastadora», planteó como factible «pelear contra la injusticia» y articular discursos alternativos al pensamiento monolítico vigente.
«Yo no quiero llegar a algún sitio», apostilló tomando para sí la frase de Alicia en el País de las Maravillas, «bracear para salir como sea y a costa de lo que sea» del actual abismo económico. «Quiero llegar a una Asturias mejor», se explayó, «una Asturias que ascienda por la escalera del progreso, que tiene por primer peldaño la lucha contra el desempleo».
Para ello, situó la concordia en la relación con el Gobierno central, de diferente signo político, como clave. «Ofrezco y pido cooperación leal», remarcó. Rechazó una política de confrontación. «No creo en la política predatoria que busca la aniquilación del adversario», dijo. Tampoco, añadió, «en la política arremangada del desparpajo y la simpleza». A partir de ahí, defendió que el contacto entre ambas administraciones transite por la vía de la colaboración. «Mi Gobierno no sacrificará el interés de los asturianos al enfrentamiento inútil», subrayó. Y remachó: «No será ariete ni punta de lanza de nada, excepto del interés de Asturias».
El estado autonómico
Rehuyó Fernández ahondar en las cuestiones identitarias, más allá de alinearse con el pensamiento que dice que «no hay español más orgulloso de su patria que un asturiano». Dos identidades que «no se restan, se suman», opinó. Fue un argumentó que utilizó para centrar el debate en la necesidad de acabar con las insuficiencias y las duplicidades que se puedan constatar hoy en el estado autonómico, pero nunca poner en cuestión su acierto e idoneidad. «Es un indiscutible triunfo histórico que nadie debería siquiera pretender impugnar», sostuvo. Defendió avanzar en el camino federal por la vía de «más multilateralidad, más colaboración y más lealtad».
Pero más allá de la filosofía, el nuevo Gobierno, cuyos consejeros toman posesión mañana, tiene que bajar pronto al terreno de juego. El plan de ajuste que debe podar 616 millones del presupuesto tendría que estar listo de inmediato. Por tercera vez en los últimos días, Fernández reclamó más plazo a Madrid. «Pido un margen de flexibilidad necesario para elaborar en condiciones, como deben hacerse, los planes precisos para arrostrar la crisis que serán presentados responsablemente a su Gobierno», le dijo directamente a Ana Pastor, antes de llamar, mañana, al titular de Hacienda, Cristóbal Montoro.
Cree el presidente que un plan serio y solvente no puede confeccionarse en un plazo tan corto, de ahí que se mostrase convencido de que, finalmente, Montoro será flexible y dará tiempo adicional para trasladar un documento «sensato».
Antes de terminar y sumirse en un paseo interminable de abrazos, saludos y felicitaciones, el dirigente socialista prometió «claridad en las decisiones y en el manejo de los fondos y los asuntos públicos». Y más tarde, ya en los pasillos, se mostró decidido a «comenzar a trabajar y hacerlo lo mejor posible».
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Juan Luis Rodríguez-Vigil, Pedro de Silva, Pedro Sanjurjo, Ana Pastor y Francisco Álvarez-Cascos aplauden a Javier Fernández al término de su discurso de toma de posesión. A la izquierda de la imagen, Alfredo Pérez Rubalcaba. :: MARIO ROJAS / ÁLEX PIÑA



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