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«Este es un país muy especial»

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«Este es un país muy especial»

Javier Jesús Coto dirige en Luxemburgo el departamento de auditoría interna de Cargolux Airlines

09.06.12 - 00:24 -
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Habla inglés, francés, español, danés, italiano y alemán. Se ha formado en Oviedo, Lieja, Montreal, Washington y Deusto. Es jefe del Departamento de Compliance (auditoria interna) en la compañía Cargolux Airlines y al mismo tiempo es miembro de la directiva de Langreanos en el Mundo, del comité organizador del Festival de Cortometrajes españoles de Luxemburgo, del Círculo Cultural Español del país ducal, coordina un programa radiofónico semanal de dos horas en castellano y, por si fuera poco, corre maratones. Javier Jesús Coto Montes, langreano criado en Gijón de 42 años, es, sin duda, un corredor de fondo en todos los ámbitos de la vida. Un corredor sin fronteras que, para rizar el rizo, está en posesión de la Orden de Isabel La Católica por la promoción de la imagen de España en el extranjero y sus actividades voluntarias.
Este abogado que será padre de una niña en septiembre vive en Luxemburgo desde 1999, pero su carrera milkilométrica e hiperactiva se inició en Dinamarca. «Creo que hasta los 17 años no había salido nunca de Asturias. Mi mundo se reducía a la distancia entre San Lorenzo y Pajares, pero supongo que me gustaba soñar con lo que había más lejos». Y un buen día una beca de AFS-Intercultura se cruzó en su camino y le trasladó a Dinamarca. Allí hizo el COU y lo aprobó en danés, aunque luego tuviera que repetir en España por falta de convalidación. Estudió Derecho en Oviedo, se fue a Lieja a hacer un postgrado, empezó a trabajar en la Unión Europa y sin darse cuenta se vio en Luxemburgo en un puesto en el que tiene a su cargo a ocho personas. «El departamento de Compliance es un poco 'la conciencia' de la empresa. Nuestra misión es hacer posible que ni la empresa ni ninguno de sus empleados violen nunca la ley en ningún aspecto en ninguno de los más de 100 países en los que tenemos operaciones», explica.
Habla con entusiasmo de su trabajo y de su vida. Y no le duele una inmensidad estar tan lejos de Asturias, porque, en realidad, se siente tremendamente cerca. «Mi generación y las que vienen detrás no ven ya la emigración como un proceso en el que te pasas la vida soñando con volver a un lugar», subraya. No le faltan argumentos: «Internet y Ryanair han hecho que te puedas levantar escuchando Radio Gijón, que leas EL COMERCIO al llegar al trabajo y que te puedas ir a pasar un fin de semana a Gijón cada dos meses sin mucho sacrificio». Quizá por eso, nunca se ha planteado trabajar en Asturias. «Ahora con la crisis me parece que es más tiempo de emigrar que de volver a Asturias. Probablemente la jubilación sea un buen momento de pasar más tiempo por allí».
Quizá esa manera de ver las cosas venga motivada por lo mucho que ha aprendido en su viaje, en todos los países en los que ha vivido. De Dinamarca envidia esa conciencia cívica colectiva que hace que un conductor recrimine al que se salta los límites de velocidad; de Bélgica, la capacidad de los suyos para reírse de si mismos. ¿Y de Luxemburgo? «Es un país muy especial. Es único en muchos aspectos. Nuestra casa está a 12 kilómetros de Bélgica, a 10 de Francia y a 20 de Alemania. Frecuentemente el sábado, día de compras, vamos a los cuatro países». Y es que la droguería se compra en Alemania, la pintura y el bricolaje, en Francia; los muebles en Bélgica y la alimentación, en Luxemburgo. «Es un país muy curioso en el que el concepto de frontera o de nacionalidad no tiene mucho sentido. En mi propio departamento somos siete y tenemos diez nacionalidades («tres la tienen doble», detalla. Conclusión: vivir es fácil. Eso sí, ni hay sidra ni ambiente de chigre. Y esa ausencia existe tanto como otras: «No hay espectáculo en el mundo como ver de golpe la extensión de la playa de San Lorenzo y el Cantábrico y el viento que te golpea. Es algo infinitamente simple para la gente que vive ahí y es un placer enorme cuando lo añoras».
Sufre con el Sporting, lamenta que solo se oiga hablar de España por razones de crisis y echa en falta que Asturias sea algo más reconocida en el planeta. Ésta es, dice, la conversación típica de un asturiano con cualquier europeo:
-Español, ¿de qué parte?
-Vengo del Norte de España.
-Ah, ¡de Cataluña!
-No, del Oeste.
-De Santiago de Compostela.
-No, más al Este.
-De Bilbao.
-Sí, vale, de por ahí.
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Javier Jesús Coto, delante de las fortificaciones construidas por los españoles en el siglo XVII. ::E. C.



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