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«En Nueva York te puedes reinventar cuando quieras»

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«En Nueva York te puedes reinventar cuando quieras»

La gijonesa Patricia Fernández llegó para estudiar cine y acabó convirtiéndose en terapeuta psicoanalista

23.06.12 - 03:38 -
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Patricia Fernández suele decir que fue a Nueva York para hacer películas como Woody Allen y acabó viviendo una película de Woody Allen. No exagera un ápice esta gijonesa con los cuarenta recién cumplidos. Quizá porque en la Gran Manzana no hay guion que valga, llegó para estudiar cine y acabó metida de lleno en el mundo del psicoanálisis.
Ni imaginar siquiera que su peli particular iba dar semejante vuelco argumental cuando con 18 añitos, un inglés de pena y un desconocimiento absoluto de cómo funcionaba la estructura educativa y profesional en EE UU hizo la maleta y cruzó el charco. Superados los obstáculos, empezó a estudiar cine, se pasó a medios de comunicación audiovisual y acabó haciéndose con una doble licenciatura que incluía literatura española. Y dominando a la perfección su nuevo mundo entre rascacielos. Tanto, que le ha dado la vuelta a la tortilla: «No hice vida de adulta en España, así que cuando voy a casa a veces me siento un poco inútil. Voy al cajero y no me aclaro, tengo que andar traduciendo al inglés... Tengo una cierta ineptitud para el mundo adulto en España», confiesa entre risas.
El caso es que del Village a Brooklyn y camino hacia Columbia -donde ahora vive-, la vida de Patricia Fernández tocó diferentes palos desde que le dijo «bye bye» a la City University of New York. Trabajó en la MTV, realizó documentales como freelance y quiso orientar su cine hacia la narrativa experimental y el activismo político. «Como te imaginarás, eso no da ni un duro, y al cabo de unos años me desencanté. Era mucho esfuerzo tener que trabajar para ganar dinero y hacer lo mío paralelamente».
De esta forma dio carpetazo al cine y se abrieron nuevos frentes. Dejó el mundo audiovisual, trabajó en publicidad y en traducción y corrección de textos para editoriales y un buen día empezó a adentrarse en el mundo del psicoanálisis. En 2003 hizo un máster en trabajo social clínico en la New York University y empezó una carrera que la llevó a conocer situaciones familiares terroríficas en el Roberto Clemente Center, que más tarde la invitó a adentrarse en los servicios de salud mental orientados a la comunidad de gay... Y, desde 2007 tiene consulta propia y desde septiembre pasado se dedica en exclusiva a ella atendiendo tanto en inglés como en español. Continúa aprendiendo con mentoras feministas muy reconocidas, pero al mismo tiempo se ha hecho un hueco y ha empezado a escribir y dar ponencias en congresos.
Llegados a este punto: ¿existe el sueño americano? «A mí me funcionó, pero también soy consciente de que tengo privilegios, se me percibe como europea y blanca, vine con el apoyo de mi familia... Si fuera una persona de color que nació en la pobreza, la cosa cambiaría. El sueño americano existe, pero tienen que aliarse una serie de factores, esa moto no la puede comprar cualquiera». Lo que sí es una verdad incuestionable es que Nueva York da oportunidades que otros lugares niegan. «Este es un sitio en el que puedes reiventarte tantas veces como quieras, no hay caducidad». Es más, tiene una atmósfera abierta al cambio y a vivir al margen de lo convencional.
Se siente en casa en Nueva York y se siente en casa en Asturias. Quizá por eso su plan perfecto sería vivir con un pie aquí y otro allá y trabajar en ambos lados del Atlántico como terapeuta. Mientras llega ese día, seguirá comprando sidra en el East Village a doce dólares la botella, añorando una playa cerca y «esa fluidez entre la ciudad y el campo» de la que se disfruta en Gijón. Cambie o no el guion, la añoranza siempre está presente.
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«En Nueva York te puedes reinventar cuando quieras»

Patricia se fotografía en Nueva York junto a uno de los típicos taxis amarillos.



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