Izquierda Unida afrontará dentro de pocos días una asamblea vital para su futuro político y social. En juego está definir el funcionamiento de la organización y cambiar los resortes y mecanismos sobre los que debe girar el nuevo proyecto que pretende, en palabras de algún dirigente, «colocar a IU en el siglo XXI». Hay coincidencia a la hora de señalar dónde está el final del trayecto, pero no así a la hora de decidir qué camino tomar ni la persona que debe ejercer como guía.
A día de hoy, hay dos candidaturas. Por un lado el sector que podría denominarse como oficialista, personificado en la figura de la actual diputada y ex consejera de Bienestar Social, Noemí Martín. Su propósito es cambiar la cara a la organización desde la renovación, pero sin obviar la experiencia de los que, hasta ahora, han contribuido a construir IU.
En frente tendrá a Manuel Orviz, que, curiosamente, ocupaba la Dirección General de Vivienda cuando Martín era consejera del Ejecutivo. Orviz ha sido la persona elegida como cabeza de cartel por el sector crítico surgido a partir del movimiento 'Voces para el cambio'.
Existe una tercera opción cuyo alcance todavía está por determinar de aquí a la celebración del cónclave. Uno de sus impulsores es el ex sindicalista Antonio González Hevia, muy crítico con la gestión que ha hecho la coalición a lo largo de los últimos años. Su planteamiento, más allá de las personas, insiste, es que se utilice la asamblea como un espacio de debate y para recuperar las señas de identidad de IU, «perdidas» en su opinión.
En este escenario, no lo tendrá fácil Jesús Iglesias para consensuar una única candidatura, reto que él mismo se impuso como máximo responsable de una organización de la que dejará de ser coordinador general después de más de once años en el cargo. Iglesias ha tratado en todo momento de «relativizar» las discrepancias internas, que siempre ha preferido vincular a cuestiones ideológicas antes que personales.
Sin embargo, ambos argumentos han sido esgrimidos por los críticos de forma reiterada. No han gustado determinadas decisiones, ni el hecho de que los nombres que están al frente de la organización, según sostienen, apenas hayan cambiado a lo largo de la última década. El crecimiento electoral de IU en los últimos comicios no ha logrado calmar los ánimos de esta oposición interna, que ha reprochado en más de una ocasión a la dirección «la escasa democracia interna» de la coalición.
Siempre se ha negado la mayor desde la ejecutiva, que ha atribuido estos 'pataleos' al interés de la minoría por hacerse notar en el seno de la formación. Sin embargo, algo no se estaba haciendo bien. O, al menos, esa es la interpretación que cabe hacer después de conocer el contenido del informe que, teóricamente, servirá como base para este proceso de 'refundación'. El hecho de que se establezca como prioridad la necesidad de abrir a la militancia las decisiones importantes es una forma implícita de admitir que, hasta ahora, no se hacía. Reconocen en el citado documento que las vías de participación deben «modificarse» y por eso se plantearán fórmulas para garantizar una intervención «más amplia» de las bases en lo que respecta a la toma de decisiones. Encima de la mesa, una propuesta para asumir las primarias como procedimiento habitual en el funcionamiento de la organización.
La idea es que sean los militantes los que decidan qué personas deben encabezar diferentes candidaturas o responsabilidades. Esta circunstancia no se producirá en la inminente asamblea. El relevo de Jesús Iglesias, por tanto, lo decidirán los miembros del consejo político que, previamente, serán designados por los participantes en el cónclave.
Algunos han querido ver en esta iniciativa una respuesta dirigida a los críticos, los mismos que reclamaban desde 'Voces para el cambio' tanto una mayor transparencia como que la toma de decisiones no quede restringida a un pequeño grupo de dirigentes. Los responsables de la actual dirección de IU rechazan cualquier condicionamiento externo y advierten de que la propuesta estaba planteada antes de que surgieran los citados movimientos críticos.
Contradicción
Pocas semanas después de la presentación de 'Voces para el cambio', IU tuvo que afrontar un complejo y controvertido debate interno: aceptar o no el ofrecimiento del PSOE para entrar en el Ejecutivo asturiano. La decisión podía dejar secuelas en la organización y quizás, por eso, se aprobó dar la voz a los afiliados. Los militantes decidieron en referendo, por apenas una docena de votos, rechazar la oferta y que IU se situara en la oposición. Triunfó así la tesis que defendía Martín, en contra de los criterios de otros miembros de la dirección como el propio Jesús Iglesias o el secretario de Organización, Ángel González, partidarios del acuerdo, como también los miembros de 'Voces para el cambio' entre los que se encontraba la alcaldesa de Castrillón, Ángela Vallina, cara visible de este proyecto junto a Manuel Orviz o el alcalde de Illas y secretario de Política Municipal de IU, Alberto Tirador.
Esta mezcolanza demostró, según se afanó en aclarar Iglesias, que no hubo votación por bloques, sino opiniones personales de cada dirigente sobre una cuestión particular. Sin embargo, hay un detalle que no se puede obviar. La mayor parte de las organizaciones locales más representativas se posicionaron a favor del 'no'. Fue el caso de Gijón, Avilés o las agrupaciones de las cuencas mineras, donde el rechazo a la propuesta no dejó dudas. Esas organizaciones, además de Oviedo, constituyen la columna vertebral de la organización y en teoría se decantarán por la opción que encabeza Martín en la asamblea.
Esta circunstancia confiere a la hoy diputada el cartel de favorita en la carrera para suceder a Jesús Iglesias. Noemí Martín hizo públicas sus intenciones hace diez días. Su candidatura era un secreto a voces desde que Iglesias anunciara su intención de no repetir, sin embargo, no tuvo carácter oficial hasta que se dio a conocer el contenido de una carta que envió a los militantes en la que desgrana el grueso de sus propuestas para la nueva etapa de IU. Uno de sus pensamientos ante el futuro pasa por reforzar la organización y convertir a IU de Asturias en un «instrumento útil y eficaz para más personas». El camino para acercarse a ese objetivo pasa, a juicio de Martín, por construir «espacios amables de debate y participación». Propone dar respuesta a las voces críticas y se plantea como reto «dar continuidad» a un amplio proceso de renovación que arrancó hace más de un año, coincidiendo con los últimos comicios municipales.
Renovación que se ha llevado cabo con éxito en agrupaciones como Mieres o Langreo, lugares donde IU ha logrado mejorar, y mucho, los resultados en las urnas. Los afines a la ex consejera ponen en valor el hecho de haber conquistado la alcaldía mierense, de la mano de Aníbal Vázquez, o de haber superado la crisis interna que la coalición padeció en Langreo.
'Voces para el cambio'
No comparten esta tesis los denominados críticos, que identifican a Martín con el «continuismo». Alberto Tirador, uno de los integrantes más significativos del movimiento 'Voces para el cambio' aseguró hace pocos días que la ex consejera representa el «modelo clásico» de IU con el que ellos aspiran a terminar. Su propuesta pasa por constituir una dirección «lo más amplia y colegiada posible» que apostará por una mayor «participación» de las bases. Aseguran que su intención siempre fue consensuar una sola lista. Sin embargo, el paso adelante dado por Martín al remitir una carta a la militancia en la que anunciaba su disposición a liderar la organización, dicen, les obligó a cambiar la estrategia y plantear una candidatura alternativa. El nombre de quien la encabezará se conoció el viernes. Manuel González Orviz, coordinador de IU en Castrillón, fue elegido por unanimidad para enfrentarse a Noemí Martín y al «modelo clásico». Y lo hará con el apoyo, entre otros, del secretario general de la Federación de Industria de CC OO, Maximino García.
«Desencantados»
En el aire está todavía si habrá una tercera vía. Esa era, al menos, la idea de Antonio González Hevia y otro grupo de militantes que se confiesan «desencantados» con la marcha de la organización. Piden, de algún modo, la vuelta al pasado y reivindican la figura de Gerardo Iglesias. «Es necesario un reciclaje importante y recuperar las bases del proyecto que impulsó Gerardo», explica González Hevia, que insiste en quitar importancia a los personalismos ante la nueva etapa que se abre para IU.