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En primera línea de playa

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En primera línea de playa

Los chiringuitos llaniscos viven coartados en crecimiento y creatividad, mientras los dueños fían su futuro al nuevo PGO

01.07.12 - 02:38 -
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A la llegada del verano proliferan los chiringuitos por todos los arenales de la comarca. Estos negocios, montados a la orilla de la mar, se llamaban antiguamente merenderos y en bastantes ocasiones acabaron merendados por las olas. La palabra chiringuito es de origen cubano y hace referencia a un 'chorrito menudo': el del agua convertida en café que salía de una manga. La vocablo, muy sonoro, pronto se extendió en la isla caribeña a todos los negocios que servían café.
El primer chiringuito que se abrió en España, aunque entonces no se llamaban así, fue 'El Kiosket' y estaba instalado en la playa de Sitges. Corría el año de 1913. Varias veces lo derribó el oleaje y en la reconstrucción de 1949 pasó a llamarse 'El Chiringuito', a propuesta del periodista César González Ruano, cliente asiduo, que trajo la palabra de sus viajes por Cuba.
El diccionario de la Real Academia Española, en 1983, le adjudicó al chiringuito el significado de 'quiosco o puesto de bebidas al aire libre'. Y durante muchos años la palabra chiringuito se utilizó para definir de forma demoledora a negocios que, no obstante, mantuvieron actividades serias y honradas.
Llanes es el concejo de Asturias con mayor número de playas y uno de los más numerosos en negocios hosteleros a pie de los arenales, sobre todo si a los chiringuitos se suman otras instalaciones fijas que, algunas, llevan construidas desde hace más de medio siglo. Ya había chiringuitos hace más de 40 años, como los de Barro y San Antolín, y aunque esas instalaciones eran válidas para los años 60, en los tiempos actuales carecen de sentido. Y aún más, si se las compara con negocios de idéntica filosofía ubicados en otras regiones. De hecho, en la localidad catalana de Gavá funciona un chiringuito, el Kuai, que cuenta con una superficie de 12.000 metros cuadrados.
Frente a esos monstruos hosteleros en primera línea de playa, los siete chiringuitos que sobreviven asociados en Llanes están coartados en su crecimiento y creatividad. Y están limitados porque la instalación no puede exceder los 20 metros cuadrados; la apertura se autoriza exclusivamente entre el 1 de junio y el 30 de septiembre; tienen que renovar los permisos cada año, y operaciones de lavado de imagen, como cambiar un tablón o dar una mano de pintura, deben superar trámites interminables ante diferentes administraciones locales, autonómicas y nacionales.
Esos siete chiringuitos llaniscos, situados en las playas de San Antolín, Torimbia, Troenzo, Barro, Borizu, Ballota y Andrín, se aglutinan desde el año 2000 en la Asociación de Bares de Playa 'Costa de Llanes'. Había más socios en el momento fundacional pero «mucha gente se cansa y tira la toalla, aunque nuestra lucha es de futuro y para todos: para los que estamos asociados y para los demás», según adelanta Ángel Sánchez Peón, presidente del colectivo, quien no tiene inconveniente en reconocer que «a nivel estético ofrecemos una imagen tercermundista y es una lástima porque el mercado ofrece todo tipo de soluciones para la construcción o reforma de nuestros negocios». Pero, frente a la burocracia imperante, «lo que necesitamos es seguridad jurídica para poder realizar inversiones sin precariedad anual».
En los últimos doce años los propietarios de chiringuitos llaniscos se movieron de lo lindo y en frente no encontraron otra cosa que un muro de trámites interminables, criterios diferentes y resultados más que dudosos. Ese sucedáneo de muro de Berlín son las administraciones: Demarcación de Costas, Consejería de Medio Ambiente, Comisión de Urbanismo y Ordenación del Territorio de Asturias y el Ayuntamiento de Llanes.
En marzo de 2012, le remitieron al Consistorio llanisco una batería de sugerencias para ser tenidas en cuenta en el avance del Plan General de Ordenación. Esas recomendaciones contenían seis propuestas basadas en legalizar las instalaciones; ubicación; tipología de las construcciones; usos y actividad; objetivos, y la necesidad de contar con el apoyo municipal.
A grandes rasgos, lo que solicitan no es nada del otro mundo para cualquier actividad empresarial en los tiempos actuales: «Concesiones por un plazo de tiempo suficientemente largo que permita amortizar las inversiones; ejercer la actividad en estructuras fijas y con mayor flexibilidad en el calendario; adaptación a los parámetros estéticos e integración en el entorno paisajístico, y ofrecer todos los usos permitidos a los servicios hosteleros y turísticos tradicionales».
Quieren seguridad jurídica «para la prestación de servicios a una clientela consolidada que es merecedora de unas instalaciones óptimas y dotadas de todos los servicios». Se comprometen a «prestar servicios turísticos de calidad, teniendo en cuenta que el turismo es la principal fuente de ingresos en el concejo» Y sobre todo, desean «mejorar la imagen del municipio porque el estado actual de las instalaciones encajaría en el concepto de cutres». Del Ayuntamiento no esperan otra cosa que les atienda, escuche y «facilite autorizaciones, concesiones y permisos de las demás administraciones». Sobre el Consistorio llanisco, quiere aclarar Ángel González que «siempre nos atendió, desde el primer contacto, con un trato comprensivo para nuestra situación en busca del impulso definitivo».
Queda claro que en sus sugerencias tratan al Consistorio con exquisita, y tal vez excesiva, amabilidad. Y es así porque en el año 2004 ya le habían presentado al ente municipal un pormenorizado estudio arquitectónico y urbanístico para instalaciones hosteleras de ocho playas del concejo de Llanes, que no sirvió de ninguna utilidad.
Al final, lo que hace falta en las playas del concejo, en caso de apostar por la continuidad de los chiringuitos, no difiere mucho de ofrecer a los propietarios seguridad jurídica y administrativa, y que estos puedan aportar instalaciones dignas desde las que ofrecer higiene, limpieza y buen trato a los alimentos y clientes. En caso contrario lo primero que le vendrá a la mente a los usuarios al escuchar la palabra chiringuito no será otra cosa que estructuras desaliñadas, terrazas con mesas de plástico, mantelería de papel, cucharas y tenedores desparejados, platos desconchados, moscas y bañistas a pecho descubierto, con chanclas y gafas de sol.
La chiringuitos riosellanos gozan de mucha más salud que los llaniscos. En la majestuosa playa de Santa Marina existen cuatro de estas instalaciones, dotadas de bar y cocina, almacén, servicios higiénicos y terraza. Salen cada tres años a subasta municipal y están avalados con el distintivo Q, de calidad.
En el chiringuito número 3 del arenal riosellano lleva 23 años la llanisca, de Posada, Mercedes Obeso Nieda, quien explica que «me metí en este negocio para ofrecer una alternativa laboral a los hijos cuando todavía eran unos rapaces. Venían a echarme una mano a partir de julio, cuando acababan las clases, y de esta forma conseguí darles una doble seguridad: estudios y trabajo». En el chiringuito de Mercedes, una instalación propia levantada en suelo municipal y que abre desde el 1 de junio al 12 de octubre, ofrecen cosas sencillas: «Bocadillos, pinchos, platos precocinados, helados, refrescos y cervezas».
Y Mercedes Obeso, que cubre cinco puestos de trabajo en temporada, está «agradecida al Ayuntamiento y a Costas, y encantada con los turistas y la gente de la comarca, que pasan el verano con nosotros».
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Comida, helados, refrescos y cerveza, es la oferta común de los chiringuitos. :: N. A.

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Los usuarios del chiringuito de la playa de Barro, pueden comer y resfrescarse a escasos metros de la arena y el rompeolas. :: N. A.

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El chiringuito de la playa de Ballota ofrece comidas y bebidas al aire libre con impresionantes vistas al arenal del mismo nombre. :: N. A.

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Hasta café con hielo se sirve en los chiringuitos llaniscos. :: N. A.

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El bar de la emblemática playa de Cuevas del Mar, en Nueva, en una jornada lluviosa de junio. :: G. F. B.

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Listos para enfrentarse a una paella en la playa de Torimbia. :: N. A.



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