Como el poeta de 'Marinero en tierra', Hierro también pintaba. La diferencia es que si Alberti alumbró con luces públicas sus pinceles, el madrileño que abre la lista de los Príncipes de las Letras en el catálogo de la Fundación asturiana, mantuvo casi siempre su paleta en privado. En pocas ocasiones se le veía lanzarse al ruedo de lo ilustrado. Lo hacía para dedicar con especial énfasis algún libro o para dejar, como hizo en Oviedo, tras una comida memorable, una ofrenda que pudiera ser enmarcada con recuerdo de la catedral incluido (Restaurante El Chato, 1981, a Esther, Pepita y Mercedes). Nunca, sin embargo, expuso ante la mirada pública lo que era, sin duda, mucho más que uno de sus principales recreos. Hoy todo ese legado, guardado celosamente en la Fundación que lleva su nombre, ve la luz. Nórdica ediciones ha publicado un libro que, bajo el título 'Hierro ilustrado. Antología gráfica y poética', reúne no sólo esos dibujos, pinturas y caricaturas, sino también sus principales versos.
Aunque no nacieron para conversar juntos, pues no se trata de obras que quieran ilustrar lírica alguna, como recuerda el editor Diego Moreno, ahora se unen en un conjunto que adquiere vida propia y asociada. Una vida que trata de celebrar los 90 años que ahora hubiera cumplido el poeta (Madrid 1922-2002). De un lado los versos de 'Tierra sin rostro', 'Alegría', 'Con las piedras, con el viento', 'Quinto del 42', 'Libro de las alucinaciones'... y hasta un epílogo con Sonetos, 'Retrato de mi nieta Paula', 'La impasible María con erres, eles y eses' y 'Di fe'. Y de otro las acuarelas íntimas y delicadas, las tintas chinas, los lapiceros de colores y el carboncillo con el que rendía tributo a la naturaleza y al hombre con sus gestos y sus rostros. Rostros como el suyo, porque sus autorretratos son una constante en este libro. Pinturas de su singular y poderosa cabeza, reconocible a distancia. Con frente ancha, que, a veces tiene en sus papeles trazos cubistas, a veces surrealistas.
Y no solo acude a las páginas del libro su cabeza rasurada. También el retrato de su cuerpo, de sus manos enormes. Comparte Hierro lugar con mujeres melancólicas, abstractas y también con paisajes marinos de cielos lluviosos. Niños con cometas en playas desiertas, ocasos, paisajes invernales, árboles en primavera. Flores, toreros, carreteras infinitas y mares. Y con pinturas y poemas dos textos de dos amigos del poeta, Francisca Aguirre y Luis Alberto de Cuenca. Ella firma 'José Hierro : una presencia permanente', y él cierra el conjunto, que fue presentado el día 23 de abril en la sede de la Fundación Centro de Poesía José Hierro en Madrid, componiendo el epílogo.